Vie 06 de abril de 2018 Conocer Más

Columna de opinión

"El aborto: un tema complejo, un camino equivocado"

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Por el teólogo y Sheij Abdulkarim Paz.

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"El aborto: un tema complejo, un camino equivocado"

En el nombre de Dios, el Misericordiosísimo, el Clementísimo.

El aborto, un tema complejo y un camino equivocado

“Y cuando la niña enterrada viva pregunte, por qué pecado he sido asesinada” (Sagrado Corán, 81:8,9)

En la época en que vino el profeta Muhammad entre los árabes de Meca, en la península arábiga, el pueblo de entonces había alcanzado un grado de deshumanización alarmante. Como la hija mujer no representaba un beneficio económico y militar, sino la posibilidad de una carga (más pobreza) y una deshonra (la posibilidad de ser arrebatada como botín de guerra), muchas veces, los árabes de la llamada Época de la Ignorancia – la era pre islámica- enterraban vivas a sus hijas.

En nuestra época la sociedad está alcanzando un grado de deshumanización igualmente alarmante. Podrán decirnos que hoy no se entierra a niñas vivas. Pero hoy, se propone matar a niñas y niños por igual. La pobreza vuelve a ser una de las razones, la vergüenza de un embarazo no deseado puede ser otra.

Entre los embarazos no deseados está el de violación, pero no es el único. No se habla del otro, cuyo número seguramente ha de ser mayor, el de los embarazos pre matrimoniales no deseados, producto de una aventura más sexual que amorosa.

Muchos que están en contra de la legalización del aborto, exponen distintas razones, y con respecto a los embarazos por violación proponen mayores contenciones estatales a la madre que sufre el drama para que no termine cargando sobre ella el otro drama de matar a quien de todas maneras, no deja de ser su hijo/a también. Nadie puede negar que el aborto para esas madres en esas situaciones no deja de ser otro drama sobre su conciencia. Me llama la atención que no se suele hablar de la prevención como sí se hace en otros problemas que afectan la salud psíquica y corporal. ¿Por qué será?

Despenalizar delitos parece ser una constante, cada vez más extendida. La cultura actual tiene muchos aspectos decadentes, uno de ellos, sin duda, es el de pretender solucionar algunos dramas creando otros nuevos. Despenalizar la droga, el consumo de alcohol a edad cada vez más tempranas, la promiscuidad, el aborto, la pornografía. Hace poco se votaba una ley para debilitar más la situación de los jubilados, ahora es el turno de otros seres más indefensos aún, los niños en los vientres maternos.

Para nosotros, los musulmanes, el principio de una gran reforma social y cultural es necesaria y comienza con la conciencia de ser criaturas de Dios, Omnipotente y Misericordiosísimo. Esta conciencia nos confiere una responsabilidad y es la de acatar sus órdenes descendidas sobre los mejores seres humanos que son los profetas. Moisés, Jesús y Muhammad, la paz sea con ellos y sus sucesores, en un sistema de leyes y creencias que armonizan a los seres humanos con su Creador y con sus semejantes, agradeciendo a Dios, dejando los asuntos del gobierno social en manos de los más sabios y aptos, y recomponiendo las relaciones sociales, con los demás seres y el medio ambiente dentro de la armonía y bondad de la creación. Los males actuales como la usura, la opresión y saqueo de las potencias más fuertes militarmente sobre las demás naciones más débiles, los abusos hacia los más débiles, sean éstos ancianos, niños, fetos, mujeres, pobres, de piel oscura, o culturas ajenas a la europea, han de plantear una reacción más de fondo que la mera discusión en torno a la legalización de lo que por siglos se consideró, en términos éticos y sociales -con buenos criterios- como un mal y un daño para la sociedad.

Muchas estadísticas dadas a conocer por estos días para el común de la gente no especialista, muestran que, con la despenalización del aborto, los niños muertos serían decenas de veces más que las muertes de mujeres por abortos clandestinos. Que la mayoría de las mujeres que abortan se arrepienten. Que el Estado habría de hacerse cargo en algunos casos, como, por ejemplo, en los casos de violación. Que muchos violadores salen pronto de la cárcel y reinciden.

Desde el punto de vista del islam y su educación en el pudor y sin puritanismos o tabúes, la sexualidad es muy natural y no está artificialmente y desmesuradamente promovida. Por lo tanto, la vida matrimonial es más fuerte y con ello se benefician las familias y la sociedad. Los anticonceptivos no están prohibidos pero la sexualidad no es algo público sino estrictamente privado.

Los sabios islámicos difieren en concebir al nuevo ser humano desde la fecundación o desde el momento en que el óvulo fecundado se implanta en las paredes del útero materno. El gran sabio Ayatulah Jamenei sostiene la implantación como el principio de la vida humana. Las opiniones están divididas como les ocurre a los científicos en este tema. Los anticonceptivos hasta evitar el implante (para quienes sostienen que no hay vida humana hasta el implante) o hasta evitar la fecundación para quienes consideran el momento de la fecundación como el comienzo de la vida humana, están permitidos.

Los embriones guardados para ser empleados en fertilización asistida pueden ser desechados de acuerdo a la visión del líder islámico, Ayatullah Jamenei y los sabios que, como él, crean en el comienzo de la vida humana a partir de la implementación. El alquiler de vientres está permitido y los padres son los dueños del esperma y el óvulo fecundado respectivamente.

El Sagrado Corán habla explícitamente de la sexualidad y la tradición profética está llena de alusiones a la sexualidad como un signo de la misericordia divina, sin la más mínima connotación negativa, pero enmarcada en una relación responsable, sea en el marco de un matrimonio temporario o definitivo, que se aconseja se concrete lo antes posible. Un famoso dicho profético reza: “Cuando una pareja hace el amor, los pecados se caen como las hojas de los árboles en otoño.” “No os apresuréis en las relaciones sexuales, aumentad el juego amoroso”. Pero la cultura occidental ha elegido en los últimos años, el camino del culto al cuerpo y sus placeres, sin límites y ha hecho del pudor algo anticuado y una conducta reprimida insana. No es de extrañar entonces, que tengamos un problema social que no se agota con la discusión del aborto, una de sus consecuencias, sino que la inestabilidad de la familia, que es otra de sus consecuencias, acarrean un sin número de dificultades a los individuos y a la sociedad.

El aborto se acepta en caso de que la vida de la madre corra peligro antes del cuarto mes, o del feto no haya desarrollado masa encefálica, lo que hace estéril y doloroso el embarazo de una criatura que no tendrá probabilidades de vivir al nacer. En los casos de violación (casos muy reducidos en una sociedad islámica real, no meramente nominal como las hay desgraciadamente), si la mujer no está en condiciones psicológicas de encargarse de criar a esa criatura, ha de ser el Estado quien se ocupe hasta que la madre esté en condiciones o, de lo contrario, hasta su madurez.

Todo sea en nombre de la no imposición, dicen los abortistas, de concepciones religiosas o de cualquier otra índole en detrimento de la mujer que es la dueña de su cuerpo. Pero en nombre de la “no imposición” se le impone la muerte a un ser que no puede defenderse y que es totalmente inocente, de lo que deciden en su contra.

Muchas veces hemos sostenido que la discusión que se plantea en estos niveles de desorden en materia de sexualidad, se niega a ver el tema de fondo. Es como encender una llama que hace hervir una olla de agua y mientras se aumenta la llama, se discuten los efectos no deseados. Para nosotros, este es el ejemplo de lo que sucede con temas como la despenalización del aborto, la legalización de la droga, el aumento de las penas contra los delincuentes comunes (jamás los de guante blanco), el pago de los intereses de las deudas usureras, los decretos para permitir el ingreso de tropas extranjeras (que nunca se discuten en el parlamento por lo evidentemente anti soberanas que son). Poco se habla de las causas y cómo combatirlas o evitarlas. Vemos estas tendencias como la muestra de un grado muy avanzado de descomposición de una sociedad consumista, hedonista, que ha perdido el rumbo y los valores humanos más trascendentes.

Sheij Abdulkarim Paz (Teólogo)

 

 

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