Lun 28 de mayo de 2018 Conocer Más

Ramadán: Así se vive el mes sagrado de los musulmanes en Cartagena

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“Allāhu akbar, Allāhu  akbar, Allāhu  akbar, Allāhu  akbar”. “Dios es grande”, repite cuatro veces. “Ašhhadu an lā ilāha ilā-llāh / ašhhadu ānna Muḥammad rasūllu-llāh…” Testifico que no hay más dios que Dios / Y testifico que Muhammad es el mensajero de Dios…”. El llamado a la oración retumba en el recinto mientras la congregación se prepara.

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Ramadán: Así se vive el mes sagrado de los musulmanes en Cartagena

Al lado del gran salón van llegando adultos, jóvenes y niños que se preparan para la oración. Han dejado sus zapatos en la entrada. Se trata de un baño amplio y en buen estado, en el que los asistentes a la Mezquita de La Boquilla realizan su ablución, es decir, el lavado de cara, manos, cabeza y pies. El mes sagrado del islam se siente entre los asistentes.

Todos inician el rito de pie y paulatinamente se van postrando sobre una alfombra de oración. Los fieles se arrodillan con la frente tocando el suelo, para estar más cerca de dios que en cualquier otro momento. Es entonces la oportunidad de suplicar, de pedirle ayuda y misericordia. Se elevan las manos en señal de petición y agradecimiento a dios. Luego pasan las manos por sus rostros y cuerpo para recibir la gracia divina.

El mes de Ramadán, que se inició el 17 de mayo, hace referencia al noveno mes lunar y empieza con la aparición de la luna a finales del Sha’ban (octavo mes en el calendario lunar islámico). Es una época especial para los musulmanes pues durante este tiempo se dice que las puertas del cielo están abiertas, y sus oraciones son escuchadas de manera más fiel y directa. Del mismo modo el infierno se encuentra cerrado y es el momento más indicado para sentir el dolor de los demás, ayudarlos y purificar el alma.

Una de las prácticas más reconocidas durante este mes es el ayuno que ofrecen los musulmanes durante el día. No pueden ni consumir alimentos, ni beber agua, ni fumar, ni tener relaciones sexuales desde la salida del sol hasta que este se oculta. Consumen algo ligero o “suhur” antes del ayuno, y lo rompen con el “iftar”, que simboliza el rompimiento de este.

Sin embargo, más allá de abstenerse de comer o beber, la finalidad del ayuno no es un castigo, sino sentir en carne propia hambre y sed, como una forma de solidarizarse verdaderamente con las personas menos afortunadas. Y es que, aunque la visión occidental que la mayoría tiene del mundo islámico hace que el enfoque principal que se le da al ayuno de Ramadán sea el ayuno, pero no es la abstinencia física lo que más debe resaltarse de esta época especial del calendario musulmán, sino el mensaje de paz y de armonía que se debe sentir y compartir en el noveno mes del islam. El objetivo es enseñar a los musulmanes la paciencia y la humildad, así como recordarles lo afortunados que son.

El sheik de la Mezquita Othman Ben Affan de Barranquilla, Muhammad Isa García, explica que durante este periodo, cargado de espiritualidad y contemplación, los musulmanes deben tener pensamientos limpios y puros, alejados del odio y del resentimiento. Hablar mal de los demás o desearles mala fortuna está prohibido.


Es un mes con muchas actividades en las mezquitas. Se reúnen para compartir alimentos con amigos y familiares, pero especialmente se unen para ayudar a los menos favorecidos. La comunidad musulmana de Barranquilla, por ejemplo, aprovecha el Ramadán para ayudar, no necesariamente a los de su misma religión, sino al que verdaderamente lo necesite. Son frecuentes las visitas al Terminal de Transportes de Barranquilla, donde entregan alimentos a los inmigrantes venezolanos que se han visto obligados a instalarse allí.

El servicio social que este grupo islámico presta también se refleja en la Mezquita de nativos convertidos, en La Boquilla, la cual depende directamente de ellos. Una de sus labores más importantes es ayudar a niños que no tienen comida, al tiempo que buscan alejar a los jóvenes de la drogadicción y las pandillas.

A la Mezquita de La Boquilla acuden 15 familias. Fue construida hace aproximadamente 13 años y sus integrantes han ido cambiando, algunos porque emigraron o porque dejaron de volver. Se pudo construir gracias al apoyo que llegó de Maicao (donde está la segunda Mezquita más grande de Latinoamérica), especialmente de origen iraní, quienes financiaron su construcción. Es una casa simple, sin lujos, lejos de las hermosas construcciones que se ven en Maicao o Barranquilla, pero que cumple una función que va más allá de ser un centro de congregación para los musulmanes. Representa un espacio en el que se ayuda a la comunidad y se la apoya, no sólo con espiritualidad, sino con ayudas físicas y palpables como los desayunos para niños.

A diferencia de la comunidad de Barranquilla, no son muy abiertos a compartir sus momentos de oración. El imam Ibrahim viene todos los viernes de Barranquilla para coordinar la congregación y liderar los rezos. Él lleva más de tres años al frente con la misión de ayudar a la comunidad marginal en la que se encuentra, sin importar que sean de otra religión. “Aquí todos son bienvenidos y respetados”, nos dijo con convicción.

Muna Hamdan Rodríguez, miembro activo de AsoÁrabe en Cartagena, de origen libanés, lleva poco tiempo viviendo en la ciudad y no conoce muchos miembros de su comunidad. Sin embargo, ella es una digna y fiel representante de su religión, en la que, a diferencia de lo que muchos creemos, se valora y se le da un lugar con mucho respeto a la mujer. A pesar de cambios culturales que el hombre ha impuesto para los ritos religiosos en distintos países, la esencia del Corán no busca ni esclavizar ni someter a las mujeres. Son consideradas miembros vitales de la comunidad y luchan a la par de los hombres. “A diferencia de lo que pensamos, el islam no es una religión paternalista ni patriarcal. Es una religión donde se exalta a la mujer, se protege y menciona”, aclara Muna.

Muna comparte el “iftar” e invita a la fiesta que se lleva a cabo en la Mezquita de Barranquilla para terminar el mes del Ramadán, a mediados de junio. Dice con emoción que es una celebración sublime en la que los niños son protagonistas y donde comparten en abundancia comidas típicas. Tanto Muna como los nativos que visitan la Mezquita de La Boquilla, viven de forma personal esta fecha en Cartagena. Sin embargo, cumplen sus ritos con devoción y buscan mediante ellos hacer del mundo un mejor lugar, pidiendo a Alá por el bienestar de todos.

Aunque ella vive con un reducido grupo, explica que usualmente en estos días se junta con la familia y los amigos. En su caso es difícil porque no conocen muchos musulmanes cerca de donde viven, y no siempre pueden ir a la Mezquita. Igual siguen los ritos y ya antes de que llegue la hora del “iftar” todo está listo y preparado. Regularmente se hace con un dátil y un vaso de agua, como lo hacía el profeta. Luego sigue una oración llamada “Al Salat Magrib”, se toma la cena y luego se hace otra oración especial, un poco más larga, que se predica todas las noches del mes de Ramadán. En grandes comunidades musulmanas estas oraciones y congregaciones se llevan a cabo en la Mezquita. Hay “iftares” comunitarios y grandes banquetes para que familiares y amigos se reúnan. El musulmán se destaca por su abundancia y magnanimidad al compartir. Esto caracteriza a un buen anfitrión en la cultura musulmana. Muchos platos y comida.

Se calcula que en Colombia hay unos 14 mil musulmanes practicantes del Islam. En el Caribe la comunidad más grande está en Barranquilla, con 6.000 integrantes, y 1.000 en sus alrededores, entre Santa Marta y Cartagena. Estos registros pertenecen al Pew Research Center (2009), aunque muchos difieren de estas cifras porque creen que son más étnicas que religiosas. Es decir, se conocen personas de origen árabe pero no se sabe su religión. Y cuando se convierten, no informan oficialmente en las oficinas de registro.

Más allá de los estigmas y la desinformación sobre los musulmanes y el islam, este mes sagrado se presenta como una oportunidad para que los no musulmanes se puedan acercar a otra visión del mundo, con respeto y reconocimiento.

La violencia en Medio Oriente no existe por culpa del islam o los musulmanes. Factores externos llevan muchos años generando violencia y división en los pueblos, intereses económicos que se valen de la fe para crear disputas y engendrar odios.

El horror de la violencia es un síntoma no de la religión, sino de la cultura de algunos territorios que disfrazan intereses políticos o económicos con el manto falso de un fanatismo religioso, el cual choca con lo que en realidad el Corán y sus enseñanzas promulgan: paz y amor.

“Al salamu alaikum wa rahmatu Allah”, se despiden tanto los conversos de La Boquilla, como los otros practicantes del islam en el Caribe y el mundo. “Ma'a Salama”, en paz.

 

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