Mar 07 de agosto de 2018 Conocer Más

La Revolución Islámica de Irán; ¿Una revolución más?

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“(…) Dios elige para Sí a quién Él quiere y dirige a Él a quien se arrepiente”

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La Revolución Islámica de Irán; ¿Una revolución más?

“Si somos victoriosos en recuperar nuestra verdadera identidad, sin permitir que la desesperación nos agobie y confiamos en nosotros mismos sin esperar nada de nadie, seremos al fin y al cabo, capaces de hacer todo. Esto será posible si confiáis en Dios Todopoderoso y en vosotros mismos, y si os encontráis dispuestos a soportar el peso de las dificultades para lograr una vida digna y liberarse de la influencia y dominación de los extranjeros.” Imam Jomeini

Introducción

Hablar de Revolución es cambiar esquemas no sólo materiales, sino por sobre todo espirituales, en 1979 se erigió un nuevo estado soslayándose de manera legítima los anquilosados sistemas políticos de occidente que habían sido instaurados por los gobiernos cómplices que ayudaron a explotar y enriquecerse a grupo de personas entorne a un monarca que era un dictador; el Sha Reza Pahlavi.

La historia narra como este “Monarca” gobernó de forma absolutista, espetando una economía que trataba de socializar el dinero entre los más necesitados, gastándose el dinero del pueblo Iraní en casinos y casas de juego Europeos, frente a ello se erigió un hombre de bien, que fue (y es) guía y líder de aquella sociedad que fue acallada y silenciada; El Imán Jomeini.

Éste fue un acontecimiento inédito y sorprendente en la Historia del siglo XX, verdaderamente fue una revolución, en el sentido de que un movimiento social y espiritual popular  fue capaz de derribar un régimen establecido, a diferencia de tantos golpes militares que en naciones subdesarrolladas o semidesarrolladas, tuvieron un resultado semejante pero sin la participación de las masas ni consecuencias tan profundas.

Por otro lado, fue la primera ocasión en que el uso político del Islam Shía desempeñó un papel absolutamente primordial y aun exclusivo superando con mucho al que pudo tener en otro tiempo el pseudonacionalismo de los países que habían superado el colonialismo.

Así la Revolución Islámica de Irán, desde los cimientos ideológicos hasta los criterios teóricos, fue única y profunda. Desde una cosmovisión revolucionaria los objetivos no solo se limitaron a las fronteras geográficas de Irán y aun a la del Oriente Medio, sino que fue más de sus fronteras.

Estos fueron un arquetipo en los diferentes aspectos de la vida personal y social de la humanidad.

La diferencia de la Revolución de Irán, fue su naturaleza islámica: su espiritualidad; su identidad religiosa, distinguiéndose de otras revoluciones y movimientos del mundo.

Las características y anhelos como la espiritualidad, la moral entre otros revivieron el pensamiento islámico, la democracia y la unidad tenían raíces en las doctrinas islámicas así como luchar contra el imperialismo, por eso el criterio islámico de la Revolución de Irán originó que  se estructure un nuevo sistema que tuvo dos ejes fundamentales: República e Islam, conceptos construidos con una nueva identidad.

El Imán Jomeini  decía, la Revolución de Irán, tuvo aspectos totalmente islámicos desde su contenido interno hasta lo externo, diferenciándose de las otras revoluciones llevadas a cabo en el mundo para lograr intereses materiales, todo lo contrario la Revolución de Irán tuvo objetivos más elevados: CONSOLIDAR EL ESTADO ISLÁMICO, con valores y principios morales emanados del Sagrado Corán, las enseñanzas del Profeta Muhammad (B.P) y su descendencia inmaculada.

Hoy a más de tres décadas los musulmanes shiitas recuerdan y admiran este proceso de cambios profundos a partir de que el Imán Jomeini  enfatizó la realidad del Islam como una religión completa y absoluta dejando de lado el concepto escueto de “religión” consolidando un sistema de gobierno, un sistema político, una administración judicial, un poder legislativo a partir de axiomas prescritos en el Sagrado Corán, este fue para él un elemento vital de esta revolución.

El Ayatolah Jamenei, sucesor loable del Imán y líder de la Revolución Islámica, sobre los criterios del Islam en relación al estado dijo: “El Islam noble es el Islam de la justicia, dignidad, del apoyo a los oprimidos y de la defensa a los desvalidos, el Islam de la Yihad o lucha con el enemigo, se opone tajantemente a un acercamiento con los opresores e hipócritas, además del Islam de la moralidad, virtud y espiritualidad.

Por ello, el Islam que originó en su camino la Revolución Islámica, y que ha llegado a ser una potencia actual, es una corriente mundial absoluta y amplia que tiene la capacidad de salvar a los seres humanos de hoy. (…)”

La revolución islámica en el corazón

En pleno siglo XXI hemos podido notar que la sociedad internacional no sólo se rige por políticas, por normas, por aspectos económicos; sino también por la conciencia, la razón y fundamentalmente la espiritualidad, esta última carente en demasía  en occidente.

Todo ello me trae a la mente mi estadía en la República Islámica de Irán, otrora visitando varias ciudades importantes –entre ellas Qom-  donde pude corroborar in situ el fervor espiritual y revolucionario, por primera vez  había sentido paz y seguridad en todos los aspectos; pues me daba cuenta de que este país tiene valores espirituales extraordinarios, en especial la Santa ciudad de Qom donde se encuentra el centro ideológico del mundo shiita, en esta sociedad solidaria, tolerante, amplia en ideas me cobije por un tiempo.

A medida que pasaban los días encontraba respuestas a las malas interpretaciones de occidente, muy en el fondo anhelaba que parte de estos valores practicados aquí  fueran parte de aquellos países proclives a los antivalores y la espiritualidad. Una respuesta a priori que tuve fue que toda esta dimensión espiritual se debe al amor que tienen a Dios y a sus líderes religiosos. El hecho de confiar en un poder superior,  desembocaba en la construcción de un sistema político y gubernamental.

Uno se pregunta y dice por qué tanto respeto?, tanto fervor?, tanto amor?, tanto fanatismo? la respuesta estaba allí, todos esos actos de devoción tienen una raigambre divina de fe, es como obedecer a un padre cuando se es niño, lo hacen por amor y respeto a la autoridad de la suprema sabiduría.

Estando en Teherán, ya en pleno aniversario de la revolución Islámica, pude ver millones de personas, marchas interminables, la gente quedaba afónica por los esfuerzos máximos que hacían gritando las consignas y la libertades espirituales por la cuales se había luchado y que en ese momento se disfrutaba –en donde yo gritaba también alentado por ello- se hacían alusiones y protestas en contra de los imperios que aún estaban abusando del poder  en el mundo, y que so pretexto de ello oprimían al mundo y a las naciones.

Todas estas apreciaciones que pude evidenciar me llevaron a cuestionar y analizar la Revolución Islámica de Irán, haciendo analogías con las revoluciones de occidente, tales como: la francesa, la norteamericana, la boliviana de 1952; entre otras y decía ¿Por qué no se puede exportar esta revolución a los países de occidente?

No obstante de ello, podemos responder a esta cuestión diciendo que primero en una sociedad debe haber conciencia y convicción de que existen guías espirituales en la humanidad y de que siempre han existido.

Antes de la Revolución Islámica  muchos de los opresores entre los fundamentales, el régimen del Sha Pahlavi, usurparon el poder, como aves de rapiña, disfrutaron opíparamente y malgastaron los recursos del el Pueblo Iraní enarbolando revoluciones falsas y demagógicas haciendo un retroceso a los mandatos del Sagrado Corán como lo ocurrido en 1963, donde el Sha Muhammad Reza Pahlavi puso en práctica una serie de reformas sociales, económicas y políticas conocidas precisamente como la “Revolución Blanca”, entre los cambios introducidos, destacaba la concesión de más libertades a las mujeres y la preeminencia de la educación laica sobre la religiosa, lo cual espetaba  el Corán y las tradiciones del Profeta Muhammad (P.B.) y los Imames, en suma contra todo aquello que el pueblo Iraní no quería.

En aras de ello los estudiantes e intelectuales rechazaban el sistema de gobierno autocrático, tirano dictatorial, monárquico y la corrupción de la familia real que se había enriquecido a lo largo de  cinco décadas en el poder, de todas las riquezas que eran para el pueblo. Sin embargo, esto no quedaba ahí sino que gran parte de los ingresos iba a manos de grandes compañías, especialmente aquéllas que mantenían vínculos internacionales o alguna conexión con la familia del Sha.

En medio de todas estas injusticias y opresiones surge el levantamiento del Imán Ruhollah Jomeini (R.A.), quien valientemente  luchó contra los opresores, él había sido el único religioso que se atrevió a criticar abiertamente la pseudo “Revolución Blanca” de 1963.

Fruto de los reclamos y protestas del Imán Jomeini  que era portavoz del todo el pueblo, el Sha expulsó al Imán de Irán en 1963. Éste se estableció finalmente en la sagrada ciudad Iraquí de Najaf, desde donde difundió su mensaje a sus seguidores.

No obstante de ello el gobierno Iraquí expulsó al Ayatolah Jomeini en 1978, ante el temor de que su doctrina provocara revueltas en Irak, tal y como había ocurrido en Irán.

Se trasladó entonces a Francia, desde donde envió a su pueblo cintas grabadas con sus consignas revolucionarias, la cuales tuvieron eco y apoyo de un pueblo destrozado y oprimido por una dictadura monárquica que iba colapsando y anquilosándose en el lodo de lo mundano y tirano, yendo en contra de los designios del Sagrado Corán.

Ya en 1978, los opositores al régimen del sha habían tenido varios enfrentamientos cruentos con sus tropas de seguridad.

El más importante de estos conflictos tuvo lugar el 8 de septiembre, cuando los soldados abrieron fuego contra 20.000 manifestantes en Teherán. Murieron cientos de personas y miles fueron heridos. Dos meses después, multitudes de jóvenes tomaron las calles de Teherán, tiendas de bebidas alcohólicas y otros símbolos de la corrupción occidental autorizada otrora por el Sha fueron destruidos.

La tensión aumentó en el mes de diciembre con la llegada del Muharram, el mes sagrado en el que se conmemora el martirio del Imán Husayn (P.B.), el nieto del profeta. Alentado por la fuerza de la oposición, el Imán Jomeini (R.A.) convocó a los iraníes para “comenzar el mes del heroísmo mítico, el mes en el que el líder de los musulmanes nos enseñó a luchar contra todos los tiranos”.

El 10 y el 11 de diciembre, las dos festividades religiosas más importantes del calendario islámico, un grupo de heroicos y valerosos soldados se rebelaron y atacaron el comedor de oficiales de la Guardia Imperial del Sha. Tras dicho incidente, el régimen monárquico quedó aniquilado, el Sha huyó del país en enero de 1979 y falleció en El Cairo (Egipto) al año siguiente. El Imán Jomeini (R.A.) regresó a Irán el 1 de febrero de 1979 e impuso el control sobre el gobierno. En el mes de diciembre de 1979 el Imán (R.A.) convocó a referéndum, en el que más del 99% de los votantes respaldaron una nueva Constitución por la que se creaba la República Islámica de Irán.

El Imán pasó a ser el “Wali faqih”, o líder definitivo (guía de la Revolución), y empleó el poder de Allah prescrito en el Corán para el verdadero gobierno. Dios dice en el Sagrado Corán “Sois la mejor comunidad humana que jamás se haya suscitado: ordenáis lo que está bien, prohibís lo que está mal y creéis en Allah (…) bajo esos principios axiológico espirituales es que este heroico país finalmente impuso el gobierno que Dios mandaba en el Santo Corán.

Por todo ello, una vez más podemos afirmar que esta revolución fue, es y será la luz para los musulmanes del pueblo Iraní; así como de los musulmanes que están en otros países donde aún siguen aletargados. Occidente carece en gran medida de valores, no sólo basta la tecnología, la ciencia; sino por sobre todo debe primar la espiritualidad, la justicia y el estado sobre las bases que Dios establece. La sociedad necesita de guías no sólo políticas sino fundamentalmente guías espirituales, líderes que luchen contra la opresión, la injustica, la colonización y dominación. 

www.islamoriente.com

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