Lun 13 de agosto de 2018 Mundo

Argentina jaqueada por las políticas neoliberales de Cambiemos.

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El neoliberalismo es un proyecto político, económico, social y cultural que tiene pretensiones hegemónicas. La sociedad de mercado se reduce a la sumatoria de los comportamientos individuales guiados por la maximización de utilidad y la minimización de costos. El gobierno de la Segunda Alianza Cambiemos implementó en estos dos años y medio diversas políticas neoliberales.
 

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Argentina jaqueada por las políticas neoliberales de Cambiemos.

Si uno le preguntase a un funcionario del actual gobierno si es neoliberal puede obtener dos repuestas. La primera, enojo mediante, será decir que no existe tal neoliberalismo, que es un invento nostálgico de quienes piensan que en pleno siglo XXI todavía perduran las ideologías y no se dan cuenta que ese mundo ya no existe. La segunda, “coucheo” y sonrisa de por medio, será destacar que lo importante es hacer cosas por la gente sin encasillarse en ninguna clasificación, “sólo somos personas comunes con una gran responsabilidad y queremos lo que todos quieren, que a la Argentina le vaya bien”, suelen decir sin ruborizarse.

A pesar de ello, el gobierno de la Segunda Alianza Cambiemos implementó en estos dos años y medio de gestión diversas políticas públicas (o intentos de ella) que, sin ánimo de exhaustividad, se mencionan a continuación: 

Quita de retenciones a la exportación.
Reducción del Impuesto a los Bienes Personales.
Intentos de flexibilización laboral.
Eliminación de los controles a la circulación de capitales.
Despidos de empleados públicos.
Recorte de gasto.
Quita de los controles al mercado cambiario.
Ataque discursivo a los sindicatos.
Desregulación de precios.

¿Son estas medidas producto aislado de funcionarios que vinieron a “gestionar” la cosa pública sin ideologías? ¿Son la expresión material de un proyecto político que tiene muy en claro lo que quiere? ¿O serán, como escribió Rodolfo Walsh en su recordada carta a la Junta, el raro fruto de la fría deliberación y de la cruda inepcia?

Con la finalidad de aclarar un poco la cuestión repasemos en qué se basa ese proyecto político al que ningún funcionario dice pertenecer.

Claves

1. El neoliberalismo es un proyecto político, económico, social y cultural que tiene pretensiones hegemónicas, es decir, de abarcarlo todo, generando consensos y sentidos comunes que muestren como natural e inevitable lo que tiene carácter político e histórico. Intenta instaurar en los países una sociedad de mercado, entendida esta como una sociedad en la que la coordinación y la articulación de los comportamientos humanos está regida por un sistema de precios de mercado que premia y castiga a cada integrante en función a la contribución que haga a la sociedad. 

2. El criterio de eficiencia (entendido como el uso más productivo de los escasos recursos) es más importante que el de justicia. Asimismo, el criterio de justicia se reduce a que cada individuo debe llevarse de la sociedad en función a su contribución. 

3. La contribución que cada uno haga al conjunto social está determinada por la productividad de cada acción humana. Dicha productividad queda reducida, a su vez, a lo que determinen los precios de mercado que son producto estricto de las fuerzas que operan en el mismo. 

4. Es el mercado, a través de del sistema de precios, quien determina qué comportamientos valen, cuáles no, y cuánto valen. La sociedad de mercado se reduce a la sumatoria de los comportamientos individuales guiados por la maximización de utilidad y la minimización de los costos. Por lo tanto, el único capaz de procesar óptimamente todo el volumen de información que producen las sociedades modernas es el mercado, al cual, todos deben someterse. 

5. Los proyectos que promueven, sean estos populistas o comunistas, la injerencia del Estado en el sistema de precios o en el reconocimiento de derechos, levantando la bandera de la justicia social o el bien común, son falsos. Levantan banderas ficticias, coartan libertades individuales sin ningún argumento válido y, a la larga, por una vía o por la otra, se transforman en totalitarismos. 

6. El Estado, además de las funciones clásicas liberales de defender la propiedad privada, administrar justicia y defender los derechos individuales, debe encarar el objetivo central de demoler lo construido en etapas históricas anteriores a través de un proceso creciente y progresivo de mercantilización de todos los espacios (por ejemplo, privatizaciones, liberalización de los mercados de capitales y cambiarios, flexibilización laboral).

7. El proceso de destrucción de los colectivos encarado por el Estado neoliberal más allá de incluir la destrucción de parte del aparato estatal, debe socavar sistemáticamente la acción de los sindicatos y de los sindicalistas dado que también intentan interferir en el sistema de precios (el salario lo es) de mercado y en el sostenimiento o reconocimiento de derechos.

8. La desigualdad lejos de ser un problema es, por una lado, el resultado esperable de los distintos niveles de productividad, esfuerzo, laboriosidad e ingenio de los distintos integrantes de una sociedad y, por el otro, el motor e incentivo para que los menos productivos mejoren imitando el comportamiento de los que tuvieron éxito. Por ello las políticas sociales deben ser muy acotadas y focalizadas a determinados grupos poblacionales, dado que si se universalizan, como pretenden los proyectos populistas, se desincentiva el esfuerzo, el talento y la iniciativa y, “premiando al ocio”, se destruye la “cultura del trabajo”.

9. En el mismo sentido, los impuestos progresivos (aquellos en los que pagan más quienes más tienen o ganan) son un castigo al esfuerzo, el trabajo y el ingenio y por lo tanto deben reducirse o eliminarse. El Estado debe recaudar a través de impuestos de base amplia que no afecten ni debiliten los ingresos de los emprendedores y los que tienen mayor productividad. 

10. Al mercantilizar todos los espacios posibles, el individualismo, la competencia, la eficiencia, la productividad y la meritocracia se presentan como valores indiscutibles que lejos de quedarse en la esfera empresarial inundan todos los campos. De este modo, dichos valores se transforman en criterios y parámetros que organizan la vida misma, desde qué política de salud o educación debe implementar un Estado, cómo debe entenderse el mundo de las artes, el deporte y la cultura hasta los modos en se organizan y vivencian las prácticas y los vínculos cotidianos de una familia. 

Crisis y orden

Escribía Milton Friedman en 1962 en plena vigencia de los Estados de Bienestar y del paradigma keynesiano: “Sólo una crisis –real o percibida– da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que ésa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable”. 

Escribía Eduardo Galeano en su célebre obra Las venas Abiertas de América Latina, en 1971: “La derecha tiene razón cuando se identifica a sí misma con la tranquilidad y el orden: es el orden, en efecto, de la cotidiana humillación de las mayorías, pero orden al fin; y la tranquilidad, de que la injusticia siga siendo injusta y el hambre hambriento.

Ambos decían la verdad.

* Docente UNLZ FCS. ISFD Nº 41 CEMU

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