Mar 28 de agosto de 2018 Mundo

Caída libre...

La debacle económica en Argentina y el rol cómplice de los medios dominantes.

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Por el Lic. Alejandro Marcó del Pont

La prensa económica argentina, afín al gobierno de turno, pierde la vertical intentando ocultar los fatídicos indicadores económicos, pero además aspira decididamente, por cierto, a sacar del escenario el fantasma del default.

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La debacle económica en Argentina y el rol cómplice de los medios dominantes.

La tranquilidad ha regresado a Europa. La Comisión Europea elogia la salida de Grecia de una era de rescates interminables; el fin de un ciclo. Atrás quedaron los salvatajes de Grecia, Portugal, Irlanda, España, entre otros. Sobre la espalda de los helenos permanecerán, como una deshonra, los denigrantes consejos de políticos alemanes alentándolos a vender algunas islas para afrontar sus problemas financieros.

También quedó atrás el farmacéutico jubilado Dimitris Christoulas, incapaz de sobrevivir dignamente con su pensión, quien se pegó un tiro en la sien a escasos metros del Parlamento. Pero, ¿quedó atrás el traumático pasado reciente, cargado de furia y humillaciones? Ocho años y € 290.000 millones después la respuesta es, según algunos organismos internacionales, quizás.

Y ahora nos encontramos con el momento de América Latina, y qué mejor comienzo que hacerlo con un viejo conocido, Argentina. La prensa económica argentina, afín al gobierno de turno, pierde la vertical intentando ocultar los fatídicos indicadores económicos, pero además aspira decididamente, por cierto, a sacar del escenario el fantasma del default.

La prestidigitación es ingeniosa y tan plagada de vaguedades que podría funcionar como un oxímoron de sus propios propósitos. Las imprecisiones llegan a situaciones tan extremas como desconocer si se necesitan U$S 15.000 millones o U$S 35.000 millones para cerrar el año entrante. Las cuentas dependen, entre otros sucesos, de la metamorfosis de idénticas bombas (Lebac, Letes) con diferente detonador y, como consecuencia, de la necesidad de recurrir a un adelanto del FMI, al Tesoro Americano o simplemente pasar la gorra en un semáforo.

Los encantadores esfuerzos comienzan a tener algunos problemas con el mundo real, sobre todo por la siniestra muestra de intranquilidad de los mercados, expresados en indicadores bien definidos y poco agradables. Se trata de los seguros “anti- default”, comprados por inversores para cubrirse en el caso de que un país que emite deuda deje de pagar sus compromisos.

Técnicamente se los conoce como CDS (Credit Default Swaps), y pagan más cuanto más riesgosa es la nación que cubre el seguro. Es decir, tal como ocurre con otro tipo de coberturas, guarda relación directa con la probabilidad de que se produzca “el siniestro”. Argentina, en la era de Cambiemos, estaba peleando el podio con Grecia, no con Turquía, Nigeria o Ecuador. Estos países tienen la atención y el pánico del mercado, pero gracias a todos nuestros esfuerzos los hemos superado.

Por si no lo notaron, Argentina se encuentra por encima de Turquía, la gran peste de los emergentes; es mucho menos creíble que la maltratada Grecia, y no incluimos a Venezuela, dueña la mayor pandemia económica conocida por la humanidad. Hemos superado escollos insuperables para ingresar al mundo y estar en este podio.

Debe quedar claro que quienes venden, difunden y negocian los CDS, son los mismos que cobran comisión por colocar deuda. Es como estar de los dos lados del mostrador. Si alguien toma deuda de manera desenfrenada, como el el caso de Argentina, lo primero que sobreviene es el incremento de la tasa de interés, muestra de alguna inconsistencia; luego comienza el juego: deuda, tasa, CDS.

Si la tasa es mayor, tomo un CDS por la incertidumbre. Si el país comienza a dar peores señales que unas tasas desorbitantes y carretadas de deuda a corto plazo, se activa el CDS, engordando su valor. ¿No es una belleza? Si pagan gano y, si no, también.

 


Según los fríos datos expresados en las pizarras, que pocas conjeturas en contrario aceptan, el humor de los mercados se mide por el incremento de los costos del seguro, y para los inversores globales de la aplicación, el manejo y el éxito de los programas económicos del macrismo resultan, simple y numéricamente, inverosímiles.

 


Entre octubre y diciembre del 2017 algún rasgo de credibilidad parecía quedar en el tintero, pero cuando el gobierno, después de aprobar un presupuesto con metas de inflación, las modificó, pareció que todo lo que estaba mal, se exteriorizó. Los CDS pasaron de 200 puntos a 400 puntos en un abrir y cerrar de ojos.

¿Alguien puede creer este cuento de hadas del mercado? Al parecer, no. Tendría que haber algo más que acompañe la cuadruplicación de los CDS en tres meses, porque ni Brasil ni Turquía tuvieron semejante salto. Y ese algo se multiplica por las siguientes razones:

Argentina tiene la cuarta mayor tasa de inflación mundial, después de Venezuela, Sudán del Sur y Congo, y va rumbo a superarla en 2018.

Tiene la mayor depreciación de la moneda de enero a agosto de este año, como lo muestra el cuadro.

Posee la tasa de interés real más alta del mundo.

Presenta el segundo mayor riego país.

La fuga de capitales alcanzó los U$S 14662 en 2016; los U$S 22.148 en 2017 y durante los seis primeros meses del 2018 llegó a U$S 16.676. El total en dos años y medio de mandato es de U$S 53.486 millones.

Tiene la mayor cantidad de deuda emitida de los emergentes.

 


Las razones esgrimidas pueden parecer suficientes para confirmar la desconfianza del mercado financiero en cuanto a la capacidad del país en afrontar los compromisos contraídos. Pero si quisiéramos asegurarnos de la capacidad futura de recepción de inversiones por parte del país, o lo cercano a un default, podríamos asociar un mix entre las visiones de riego expuestas y las planteadas por los especialistas de riego soberano para atraer capitales o fugarlos de un país.

 


 

Los inversionistas entienden que, al menos, hay tres formas de medir o proyectar el incumplimiento de un país. Riesgo País, Spread de CDS y Calificación de la deuda.

Dos de los cuadros anteriores sirven para describir la situación. El primero se refiere al uso de bonos del gobierno, denominados en dólares estadounidenses o euros, emitidos por soberanos, y comparar sus tasas con una tasa del Tesoro de los EE. UU. Argentina ha pagado entre un 7 y 8% de tasa de interés debido al incremento del riesgo país, pero ahora el salto llega a más del 10%, lo cual anula casi por completo el financiamiento o refinanciamiento externo.

El segundo es la prima de riesgo de los CDS. Ya vimos el salto experimentado y los niveles de desconfianza mundial que esto provoca, ya que son el reverso de la deuda. Los niveles, si bien son altos y perturbadores, no son preocupantes; no obstante, vinculados a los demás indicadores se vuelven alarmantes.

Por último, la frutilla del postre está en la calificación de los bonos soberanos de los países que dan las calificadoras de riesgo. Ellas son las mismas que ingresan el negocio de los seguros, ya que determinan el riego a través de la calificación.

En el último cuadro se toma la calificación de Moody’s y se filtraron solamente los países que tienen una calificación de B2, de alto riesgo crediticio, según la escala de la calificadora (https://goo.gl/oxuJaL). El cuadro no necesita mayor explicación si solo se observa quienes acompañan al país en la calificación de B2.

Según todos los indicadores de riesgo, nuestro país está en dificultades serias, pero, como dice el título de este artículo, esto recién empieza. El acertijo es saber cuándo termina.

Fuente: En Orsai

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