Jue 30 de agosto de 2018 Mundo

Una situación que puede seguir replicándose en la región.

Brasil: ¿Estamos ante una amenaza ultraliberal?

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Desde el año 2014 el país se encuentra ante el avance de las ideas propias de eso que se dio en llamar neoliberalismo salvaje o ultraliberalismo. 

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Brasil: ¿Estamos ante una amenaza ultraliberal?

Motivos no faltarían para hacer una lista de personas físicas y jurídicas que a lo largo de los años contribuyeron a contaminar el debate político con parámetros estadounidenses o paradigmas absurdos como los de la “escuela austríaca”. La sociopatía de esta gente excede cualquier posibilidad  de diálogo y, precisamente por eso, para evitar problemas legales y mantener  el tono de la crítica, no  voy a referirme a ningún instituto con persona jurídica en Brasil, sino a sus ideas generales, así como a una de sus matrices en el corazón del Imperio, tal vez la fábrica de charlatanes más citada. Se sobreentiende de qué y de quién se trata, vístanse entonces con los debidos disfraces.

Lo que se difunde por el país no es más que el nefasto individualismo –hasta en términos  filosóficos –, con la noción de que el papel del Estado como  garante del servicio público y de la ampliación de los derechos políticos, sociales, económicos y civiles, no es más que una  herejía o un acto  autoritario. Ese tipo de afirmaciones estúpidas y absurdas no pasarían de simple tontería si no lo reprodujesen los medios de comunicación a gran escala. Una mentira repetida mil veces se hace una media verdad en la mente de las mayorías desentrenadas en la faena política y en especial en lo que concierne a las medidas e instrumentos de política económica para disputar el control de los gigantescos recursos de Brasil.

Todos los días la  cantinela de turno: “toda ama de casa sabe que ella no puede ir a un supermercado y gastar más de lo que recibe de salario ni tampoco puede endeudarse hasta el punto de comprometer sus ingresos y su patrimonio”. Lo que parece ser una frase razonable, no es más que una peligrosa mentira. Una familia mandada por alguien, hombre o mujer, no se parece en nada a un gobierno, pues no puede emitir moneda, no tiene poder de generar su propia deuda, no encarcela y no cobra impuestos, y menos aún posee el monopolio de la fuerza y administra un sistema de justicia. Es decir, una familia no es un gobierno y menos aún un Estado. Pero, al comparar una “un plátano con un tornillo”, la propaganda neoliberal avanza en la mente del ciudadano común. Además, al usar esta mentira para aplicarla a conceptos aún más nefastos, como en la confusión entre derecho y servicio “eficiente”, la población queda sin el grado de conocimiento necesario para rechazar el embuste.

Del mismo modo que las grandes corporaciones mediáticas y sus “columnistas” de guardia repiten la tan correcta analogía entre una fruta con un tornillo (el ama de casa con el Estado), la letanía de los portavoces de los institutos, los llamados “emprendedores  comunicacionales”, entrenados por la Red Atlas o por sus reproductores, financiados por la Charles Koch Foundation, buena parte de ellos haciendo cursos de “liderazgo” en  cursillos de verano en la Georgetown University, entre otras formas de influenciar la soberanía de América Latina, es otra. El ‘palabro’ preferido por ellos es el llamado “índice de libertad económica”, un indicador que muestra el grado en que están regulados los mercados internos de algunos países, obviamente sin entrar en la cuestión de los derechos políticos. El origen de esta célula muerta que se reproduce en metástasis es la Heritage Foundation, un  think  tank conservador creado en 1972, justo en el periodo de mayor auge de la Cruzada Conservadora de Richard  Nixon (sí, él mismo, también conocido en ese momento como “Dick Dastardly” o “Pierre Nodoyuna”, igual que el personaje de los dibujos). El índice se encuentra en el sitio www.heritage.org y es un indicador repetido como si de un mantra se tratase por el conjunto de ultraliberales, liberales y liberales conservadores. La misma estupidez se repite en el Fraser Institute, cuya misión en la Tierra es extinguir las políticas sociales en Canadá, país cuyos índices de bienestar son equiparables a los de Europa, al  revés que los de los EE UU. La difusión es de tal dimensión que en el ranking de la Forbes de 2018, la  Heritage es el medio de comunicación más citado entre las redes sociales que circulan en los Estados Unidos, ganando a la también conservadora, aunque más  respetable, Brookings Institution.

Recientemente tuve la poco gratificante experiencia de participar en un debate televisivo con dos fieles adeptos a este peculiar sistema de creencia: el nivel de absurdo sociológico y económico es surrealista. El “consultor y experto empresarial” me dijo que: “Keynes era socialista, pero también era  fascista”; “casi no existe capitalismo en el mundo, Brasil es parcialmente socialista y los EE UU tienen una economía  mixta”; “tú –yo– confundes ‘socialismo’ con ‘comunismo’, siendo tras la caída de este último que lo denominamos ‘totalitarismo’”. A partir de ahí todo es posible, sin pudor alguno y supongo que sin ninguna reputación intelectual. De hecho, cuanto más absurdas sean las afirmaciones, más adeptos sin conocimientos se sentirán confortablemente al repetir la estupidez. Es decir, cualquier semejanza con la Alt-Right y otras aberraciones que garantizaron la victoria electoral de  Donald Trump en EE UU no es casual, todo lo contrario. Es intencionado, ya sea por ilusión colectiva o por razón cínica expresada por mentecatos convencidos.

Repito, ya no “sólo” se trata del juego de los medios de comunicación “económicos”,  que tiene como fuentes privilegiadas consultores interesados en el juego de la especulación o defensores de la privatización. El peligro es cada vez mayor en tanto que entre las mentiras mediáticas  vociferadas por los defensores de la especulación financiera y del “tal mercado de capitales”, la noción del  individualismo como fin último del ser humano es difundida por las versiones brasileñas de los institutos financiados por grandes empresas. Para empeorar, cuando unas ideas tan reaccionarias y conservadoras adquieren nuevos ropajes, se propagan por internet como metástasis avanzada y terminan por ocupar el imaginario de autorrealización de jóvenes hasta hace poco encantados con el debate político de dos patas: un lenguaje de la cultura nerd y los más nefastos prejuicios para quebrar la supuesta  hegemonía de las izquierdas en las áreas de humanidades en los centros de educación.

La amenaza tomó forma política, entró en los discursos de varias candidaturas y llegó a tener un “héroe social” en el  pleito de 2018: “el especulador esclarecido”, conformado por candidatos o supuestos  gurús económicos, todos enriquecidos con fondos de renta de fija y literalmente  mamando del Tesoro a través de las aplicaciones financieras. Son la versión del siglo XXI de los Chicago Boys brasileños, zorros queriendo ser gestores del gallinero, literalmente. Ante eso, todo cuidado es poco, en especial con la línea chilena.

Bruno Lima Rocha es postdoctorando en Economía, doctor en Ciencia Política y profesor de Relaciones Internacionales y Periodismo. 

Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez

Fuente: Resumen Latinoamericano

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