En contra de las sugerencias del consulado de Nueva York, el gobierno de Javier Milei y el banco JP Morgan lanzaron el Argentina Week (9 al 11 de marzo), justo cuando Donald Trump se lanzó ferozmente contra el JP Morgan y su CEO, Jamie Dimon. El cónsul en la Gran Manzana, Gerry Díaz Bartolomé, advirtió que, para el entorno de Trump, Dimon es el enemigo, al punto que el presidente norteamericano demandó a Dimon y al JP Morgan, hace 10 días, el 22 de enero, por haberle cerrado todas las cuentas después del asalto al Capitolio. Trump pide un resarcimiento de 5.000 millones de dólares. “Es una contradicción absurda y una provocación que el presidente Milei y Dimon sean los principales oradores en la apertura de la Argentina Week”, informó oralmente el cónsul. En la Cancillería no aceptaron su consejo y menos lo aceptaron en el ministerio de Economía donde gran parte del elenco, incluyendo al ministro, son exfuncionarios de ese banco. “Las ideas de Trump son un desastre económico”, había sentenciado Dimon, quien esta semana, además, embistió contra la Casa Blanca por la violenta ofensiva contra el titular de la Reserva Federal (el Banco Central de Estados Unidos), Jerome Powell, a quién llamó “imbécil” y le inició una causa criminal por defraudación.
“Inmolarse por la JP (Morgan)”
En Wall Street la demanda de Trump contra el JP Morgan y Dimon fue la noticia bomba del mes. El editorialista de Página/12, Luis Bruschtein, la consignó la semana pasada y, como es obvio, el consulado de Nueva York tomó nota de todo lo que se dice de Dimon, a quien muchos llaman El Rey de Wall Street.
“Se van a meter en un lío grande”; “¿cómo van a premiar a Dimon en este momento, siendo el enemigo total de Trump? ¿Están locos o no leen el Wall Street Journal?”; “si lo exponen al presidente junto a Dimon, la Casa Blanca va a tomar nota. Se inmolan por JP Morgan, nosotros le dijimos”, fueron parte de los mensajes de la línea de diplomáticos de carrera dirigidos al canciller Pablo Quirno y también al embajador en Washington, Alex Oxenford, impulsor del evento.
Pese a la recomendación de los profesionales, el equipo de Milei decidió seguir adelante y hará la inauguración con Dimon el 9 de marzo, en la nueva sede central del JP Morgan. Bruschtein recordaba que todo el equipo económico y el propio canciller revistaron en ese banco: Luis Toto Caputo, el titular del Central, Santiago Bausili, el canciller Quirno, José Luis Daza, Vladimir Werning y Demian Reidel fueron todos empleados del gigante financiero.
La demanda de Trump contra el JP Morgan y Dimon es por “haber maliciosamente armado una lista negra” y por haber incurrido en debanking, algo parecido a expulsar a un cliente de los servicios bancarios. La denuncia se presentó en un juzgado de Miami y Trump reclama 5.000 millones de dólares. La lógica es que el JP Morgan conteste diciendo que la resolución fue del Departamento de Compliance (Cumplimiento), que se ocupa de verificar que el banco cumpla con las normas. En este caso, se ve que Trump estaba imputado por todo tipo de delitos por haber incentivado el asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021 y eso llevó a Compliance a dictaminar que debían cerrársele las cuentas.
Cuando se pregunta a los especialistas si detrás de la pelea Trump-Dimon hay una disputa ideológica o de modelos distintos, la mayoría afirma que lo fundamental es la irracionalidad del Presidente y un deseo de venganza respecto de todos los que lo acusaron en el pasado por los distintos cargos, el asalto al Capitolio, abuso sexual, fraude y otros delitos. Dimon dijo en Davos que con Trump la fiabilidad de Estados Unidos es menor. Un diagnóstico lapidario, lejos de la exigencia de Trump de que se lo idolatre. Una semana después vino la denuncia.
Como se sabe, Milei va poco a las provincias argentinas. Incluso no estuvo en Chubut con los incendios. Pero todo indica que viajará dos veces más a Estados Unidos -viajes 15 y 16 según los que llevan las cuentas- en febrero y marzo.
La semana que viene, estará en Mar-a-lago (el condominio de Trump en Miami) para la Gala de Prosperidad Hispánica. Pese a que allí está la residencia oficial de Trump, no es un evento organizado por la presidencia norteamericana ni por la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), la organización de derecha a la que se suma siempre Milei. En este caso, se trata de personas ligadas a la CPAC que alquilaron el lugar: el portorriqueño Tony Delgado y su esposa Gabriela Berrospi. Según dataclave.com, Delgado tiene antecedentes por tráfico de drogas y su padre estuvo 33 años en prisión por el mismo delito. La conducción va a estar a cargo del dueño de La Derecha Diario, Javier Negre. Por supuesto, se trataría de un viaje ideológico, privado, pero siempre con los gastos a cargo del Estado.
Un mes después vuelve al país del norte, esta vez al Argentina Week, que el embajador Oxenford evaluó como “el mayor road show de inversiones de la historia”. Según los diplomáticos de carrera es un paso más que riesgoso porque fueron Trump y Scott Bessent los que jugaron de forma personal para que Milei no pierda las elecciones de octubre. Desde entonces, la Casa Rosada hasta sobreactuó su relación con Trump. Milei respaldó la operación ilegal en Venezuela, fue el primero que aceptó integrar el Board of Peace, acompaña a Estados Unidos en votos irracionales en Naciones Unidas -propuesta por la violencia contra las mujeres, en contra de la tortura y otras similares- y este viernes el gobierno de Milei no desmintió que está negociando un acuerdo para que lleguen a la Argentina personas de otros países deportadas de Estados Unidos. Según consignó el New York Times, la propuesta para recibir deportados fue gestionada por el subsecretario de Política Exterior, Juan Navarro, con el visto bueno de Quirno. El punto neurálgico es congraciarse con Trump. No hay otra evaluación. Pero eso contradice lo que se hará en Wall Stree entre el 9 y el 11 de marzo.
La política exterior argentina básicamente consiste en copiar en espejo lo que hace y dice la Casa Blanca. Y, de un modo más personal, seguir todo lo que dispone Donald Trump. Lo habitual de una Cancillería, como Itamaraty en Brasil, por ejemplo, es evaluar, proponer, realizar un asesoramiento técnico al presidente, verificar y coordinar con los países vecinos. En la administración Milei eso está mal visto e incluso quien discrepa o plantea ideas alternativas es marginado.
Las cosas derivan en contradicciones difíciles de explicar. El canciller Quirno prepara una resolución para salir de organismos internacionales, entre ellos organismos de las Naciones Unidas, y, en paralelo, se promueve a un argentino, Rafael Grossi, como nuevo secretario general de Naciones Unidas. En el mismo sentido, se respalda la creación del Board of Peace, una especie de organización competidora de Naciones Unidas puesta en marcha por Trump, lo que también contradice la postulación de Grossi, que ganó su lugar a partir de ser el titular de la Organización Internacional de Energía Atómica. Para colmo, apenas 27 países -casi todos con bajos niveles de democracia- se sumaron al Board, dejando a la Argentina en un papel poco serio. El insólito discurso de Milei en Davos, decretando la muerte de Machiavello, en una sala casi vacía, completó el cuadro de descrédito.
La cuestión de la Argentina Week entra en el mismo estilo contradictorio e inexplicable. La política general es replicar lo que hace Trump, pero se organiza un gran evento, con la presencia del presidente argentino, justito con quien se ubicó como enemigo de Trump. Lo peor es que la Cancillería argentina, que tenía una tradición de respeto en el mundo de las relaciones diplomáticas, tiende ahora a provocar ironías y comentarios jocosos. Son idas y vueltas derivadas de la ideología de ultraderecha y sobre todo los caprichos e irracionalidades de Trump y Milei.
Fuente: Página 12