Por Pablo Jofré Leal
Los Estados Unidos, bajo cualquier administración de gobierno, sean estos demócratas o republicanos, burros o elefantes, ambiciona la hegemonía en todas las esferas. Incluyendo el monopolio mundial de la venta de armas. Esto, por el evidente control y la influencia, en amplias esferas de las relaciones internacionales, que ello conlleva.
Lo mencionado tiene una pequeña ventana de apertura al permitir que el socio más fiel y con quien suele llevar sus ambiciones imperiales del régimen estadounidense, haga uso del mercado de las armas, sin freno alguno. Me refiero al hijo putativo estadounidense, el régimen sionista israelí.
Si son aliados europeos, estos también tienen acceso a ciertas migajas del mercado, pero con una serie de limitaciones y entre los más importantes es la cumplir las prohibiciones establecidas por Washington respecto a la venta y traspaso de armas con componentes tecnológicos del complejo militar industrial (1) de Estados Unidos.
El tema del control de la venta de armas, por parte de Washington, es la prueba evidente que el tema de la Guerra en Ucrania que enfrenta a Rusia contra Estados Unidos, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) usando como testaferro al régimen ucraniano, no es la razón para intervenir en los asuntos internos de los estados que han decidido establecer relaciones vinculadas a sistemas de defensa, vínculos militares u otras áreas afines a la industria militar con la Federación de Rusia. La excusa es Ucrania.
Lo fundamental es el hecho que, en forma crónica, Estados Unidos amenaza a todo aquel que no se comporta en forma genuflexa frente a las determinaciones de la Casa Blanca y el inquilino de turno en materias económicas, militares, políticas. Sean estos amigos, adversarios o evidentemente enemigos. Una realidad que, a partir de la segunda administración de Donald Trump se expresa en todo su carácter violatorio de todo lo que significa la legislación internacional. Tema que a estas alturas ya parece una perogrullada decir que no se respeta por Washington.
Estados Unidos, habitualmente ataca a Rusia y a los países que compran armas a Rusia amenazando, sin pudor, alguno, con utilizar las sanciones de la sección 231 que se recogen en la llamada “"Countering America's Adversaries Through Sanctions Act" Ley estadounidense para contrarrestar adversarios a través de una fuerte política de sanciones” (2) CAATSA por sus siglas en inglés. Si ello es insuficiente entonces se procede entonces a generar políticas desestabilizadoras o sencillamente agredir.
En años anteriores, salió a la luz pública, la estrategia de Washington para impedir que la Federación de Rusia venda armas en mercados que Estados Unidos considera privativos o que afectan lo que suele llamar su “seguridad nacional” eufemismo que encubre su ideología de dominio bajo el marco megalómano de un supuesto Destino manifiesto (3)
Bajo la primera administración de Donald Trump su ex subsecretario de seguridad internacional y no proliferación de Estados Unidos, Christopher Ford anunció sanciones contra un aliado de Washington, miembro de la OTAN, como es Turquía por la decisión el gobierno de Recep Tayip Erdogan de comprar armas a Rusia y así diversificar sus fuerzas armadas. En específico el sistema de antimisiles S400 donde se presionó al gobierno turco con denegar acceso a préstamos y licencias de exportación.
“Durante los últimos años hemos utilizado la amenaza de tales sanciones (CAATSA) para privar a la industria armamentística rusa de posibles clientes en el extranjero. El comercio exterior de armas del Kremlin proporciona a Rusia fondos que luego utiliza para pagar las armas con las que se posiciona en contra de Estados Unidos y sus aliados. Este comercio de armas también ayuda a Rusia a crear relaciones con clientes extranjeros para obtener ventajas estratégicas” (4)
La búsqueda de maneras de atacar a Rusia han sido diversas. El año 2023 Estados Unidos patrocinó una gira del ex canciller alemán Olaf Scholz para tratar de reducir la dependencia de Rusia, buscar alianzas geopolíticas frente a China y asegurar suministros de litio, pero…en la agenda venía también la misión de generar la cesión de armas, de la época soviética, en poder de ejércitos latinoamericanos, al régimen ucraniano.
Los gobiernos de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, México y Perú recibieron, previo a la visita de Scholz la “recomendación” de la jefa del comando sur de Estados Unidos Laura Richarson que donaran a Ucrania, su equipamiento militar comprado a Rusia. La gira fue un fracaso, pero mostró la utilización de cervatillos, por parte de Washington, de dirigentes políticos como el genuflexo Olaf Scholz que representa esa Europa sin dignidad ni soberanía (5)
Desde Washington se comenzó a presionar también a los gobiernos de Cuba, Nicaragua y Venezuela para ceder sus equipos militares rusos a Ucrania, ofreciendo reemplazos de equipos estadounidenses, para sí reducir la dependencia de la industria de armamentos ruso. Washington no quiere a nadie en la región más que su presencia e influencia hegemónica. Tampoco resultó
La Federación de Rusia frente a estas continuas provocaciones de los gobiernos estadounidenses ha tenido una conducta de condena, pero sin dejar de buscar la ampliación de sus mercados a pesar de las presiones y las crónicas amenazas, que son parte del ADN político del régimen estadounidense. Demócratas y Republicanos tienen la misma conducta arrogante, hegemónica con la cual hay que contender como es el caso de estas leyes sancionatorias que afectan a Rusia, pero también a Irán y Corea del Norte.
Estados Unidos usa continuamente la mencionada CAATSA para disuadir a los países que compren material militar ruso: Aviones, Sistema Antimisiles, sistemas de vigilancia electrónica e incluso tratar de desestabilizar los contactos y contratos para el uso de la desarrollada tecnología aeroespacial que Rusia entrega para el lanzamiento de satélites.
Esta ley fue firmada en agosto de 2017 por el presidente Donald Trump tras ser aprobada por el Congreso de un país que suele desgarrar vestiduras respecto a la libertad de comercio, el derecho de los pueblos siempre y cuando no afecte sus intereses globales. Productos del uso de esta ley violatoria d ela soberanía d ellos pueblos, la compra de armas rusas por parte de los países se redujo de 31 en 2019 a sólo doce el 2023.
Pero, incluso antes de febrero del año 2022 – cuando se inicia la operación especial rusa de desnazificación y desmilitarización de Ucrania, Estados Unidos ya había logrado que cesara la compra de armas rusas, de la propia Ucrania, Georgia y Siria. Las políticas de imposiciones contra los gobiernos generan esa realidad que Rusia trata de frenar y contender.
Traigo a colación las declaraciones del canciller ruso Serguéi Lavrov quien relató, hace un tiempo, un ejemplo evidente de la conducta plena de ilegalidades de Washington. Haciendo referencia al hecho que el gobierno mexicano presidido por el ex presidente de Andrés Manuel López Obrador había iniciado tratativas para México evaluara la posibilidad de comprar helicópteros a su país. La idea era suministrar hasta 50 helicópteros de fabricación rusa, principalmente modelos Mi-17 y Mi-8, gestionados por la empresa Rosoboronexport (6)
Ipso facto, un funcionario del gobierno del ex presidente Joe Biden. Me refiero al entonces asesor principal de la Oficina de Asuntos del hemisferio occidental, el economista Hugo Rodríguez, quien amenazó en el congreso estadounidense que México podía recibir sanciones por CAATSA. Las palabras textuales fueron “A nivel de Washington, hemos planteado este camino de sanciones a nuestros homólogos en Ciudad de México por el tema helicópteros rusos”.
Misma política llevada, incluso con sus aliados de la OTAN y la Unión Europea, a quienes Washington suele amenazar con alzas arancelarias, el retiro de las bases estadounidenses de territorio europeo – y con ello el escudo nuclear con que ese continente se ha vestido además de las armas de destrucción masiva que posee Francia y Gran Bretaña - si no se aumentaba el aporte en presupuestos de guerra del 2 al 5% del PIB. A pesar de los esfuerzos de Europa por ganar autonomía en materia de defensa, las transferencias entre países europeos sólo representan una quinta parte del total dentro del continente.
Esto, en un escenario donde esa compra masiva de armas de Europa a Washington se explica por la imposición de Washington a sus socios europeos para comprar armas con destino al régimen al régimen neonazi ucraniano, así como por el fortalecimiento de sus capacidades militares frente a la continua campaña política y mediática de señalar como un mantra la amenaza que significa Rusia.
Bajo esa doctrina de demonizar a la Federación de Rusia, quitar mercados mediante presiones indebidas, ilegales, violatoria de la soberanía de las naciones, procesos de desestabilización – como los vividos en Siria, por ejemplo – la ampliación de la injerencia en los asuntos internos de nuestros países, lo que ha originado es que el complejo militar industrial estadounidense se esté llenando los bolsillos con ventas multimillonarias. No sólo a esa Europa sin soberanía, sino también a las monarquías del Golfo Pérsico, naciones latinoamericanas y asiáticas.
Es ahí donde la aprobación de esa ley CAATSA y las presiones de Washington y su tropa de cervatillos europeos, ha cercenado la posibilidad de seguir con contratos establecidos por Rusia o avanzar en acuerdos con potenciales clientes de Moscú, como fue el caso de los 50 helicópteros modelo MI 18 y MI 7 a México.
Los datos que se poseen del 2025 señalan que los principales compradores de armas de la Federación de Rusia rusas siguen concentrándose en Asia, liderados por la India, que acumula tres cuartas partes de las ventas, seguida de China y Bielorrusia. Aunque la Federación de Rusia ha perdido terreno globalmente (hoy posee el 7% del mercado) por las razones mencionadas con anterioridad, mantiene estos socios clave, mientras se reduce su presencia en otras regiones donde Washington y los suyos han intensificado las presiones propias de un jefe de una asociación delictiva.
Las exportaciones rusas de armas cayeron un 26% entre 2021 y 2025 respecto al quinquenio previo, indicó el último estudio del Instituto de Investigaciones para la paz de Estocolmo (SIPRI por sus siglas en inglés) Bajo esa política agresiva, de presiones, amenazas y chantajes, en el mismo período mencionado, las ventas globales de armas estadounidenses crecieron hasta ser más del doble que las de Rusia, el segundo mayor exportador. (7) pero con un Estados Unidos absolutamente en primer lugar en presupuesto para la guerra concretando el 40% del total de gastos militares del mundo según el presupuesto del año 2025
Se incluye en esta política de presiones contra Rusia las llamadas sanciones sectoriales y controles de exportación. Dadas a conocer por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos que según declaraciones de Janet L. Yellen ex secretaria de esta institución, aparecidas en las páginas oficiales señaló “El Departamento del Tesoro ha advertido reiteradamente que las empresas que proporcionen apoyo material a la guerra de Rusia enfrentarán consecuencias significativas, y Estados Unidos las está imponiendo hoy a casi 300 objetivos” (7)
Esto significa que Washington restringe el acceso a componentes claves en la industria de armas de la Federación de Rusia: materiales explosivos, microelectrónica, las denominadas tecnologías de uso dual lo que genera mayores costos y demora en la producción.
Ante esta realidad, el gobierno ruso, presidido por su presidente Valdimir Putin entendió la necesidad de utilizar estas presiones como un motor que fermente mayores grados de mayor innovación local, para así suplir estas necesidades con producción nacional pero también, con la ampliación de relaciones con aquellos países que son hoy los principales clientes de Rusia: China, Irán, Argelia, Egipto Vietnam, India, países africanos, entre otros.
Estados Unidos, consciente de la capacidad innovativa rusa, implementa entonces otra batería de sanciones. En esta ocasión, destinada a atacar la base militar‑industrial de la Federación de Rusia. Esto implica generar ataques restrictivos a decenas de entidades ligadas al sector de defensa en Rusia y empresas vinculadas en terceros países. Todas ellas parten del engranaje de la industria militar lo que afecta contratos establecidos y aquellos proyectados. Como también financiamiento, seguros y necesidades de transporte.
Resulta evidente que la restricción de la venta global de armas a la Federación de Rusia es uno más de los intentos hipócritas de dominar absolutamente el mercado armamentístico mundial por parte de Estados Unidos. Moscú defiende su derecho soberano a exportar armas como parte de su economía y alianzas estratégicas, propias de los acuerdos entre países, sin prohibición más allá de aquellas que los propios tratados internacionales impiden.
Washington aplica un doble rasero, un doble estándar al imponer sanciones selectivas mientras mantiene su propia industria armamentística como la más grande del planeta y con intentos monopólicos propios de un régimen que busca mantener una hegemonía que está siendo cuestionada por las violaciones cada día más crecientes del derecho internacional, que no es reconocido por Trump a pesar de que suele apelar a este si se trata de atacar a Rusia y en general a los países del Sur Global.
Pablo Jofré Leal
Periodista. Analista Internacional.
Articulo para Hispantv