Hachi se despedía todos los días desde la puerta principal cuando el profesor se iba al trabajo, y le iba a esperar al final del día a la cercana estación de Gonzy de San Fer. Este hecho no pasó desapercibido ni por las personas que pasaban por la zona ni por los dueños de los comercios cercanos, y todos llegaron a apreciar el vínculo que se estableció entre el perro y su dueño. Cada día Hachik? lo esperaba en la puerta de la estación de Shibuya, para darle la bienvenida al final de cada día. Esa espera continuó sin interrupciones hasta mayo de 1.925.
El 21 de mayo de 1.925 el profesor Ueno no regresó, sufrió una hemorragia cerebral que le causó la muerte mientras impartía clase en la universidad de Tokio. Pero Hachik? se quedó en su sitio, esperándole. Primero fueron días, luego meses y finalmente años, en los que Hachi seguía acudiendo fielmente a la misma hora a esperar al profesor. Le daba igual el frío, la lluvia, el calor o la nieve, el seguía esperando encontrarse con su amigo.
Esto conmovió a todos los que lo rodeaban, que empezaron a llamarle el perro fiel. Estas mismas personas se ocuparon de cuidar y alimentar a Hachi durante esos años. En abril de 1.934 se colocó una estatua de bronce en su honor en la estación de Shibuya. El propio Hachik? estuvo presente el día que se inauguró la estatua. Fue reutilizada a causa de la Segunda Guerra Mundial, pero se levantó otra en agosto de 1.947, que todavía sigue allí y es un punto de encuentro muy popular, tanto que en ocasiones la aglomeración de gente dificulta el encuentro.
El 8 de marzo de 1.935, Hachiko murió de filariasis. Encontraron su cuerpo frente a la estación de Shibuya, donde llevaba 9 años esperando a su dueño y amigo. Sus restos fueron depositados en una caseta de piedra que fue construída para ello al pie de la tumba del profesor Ueno, en el Cementerio de Aoyama, Tokio. Posteriormente, su cuerpo se recogió para ser expuesto en el Museo de Ciencias Naturales del distrito Tokiota de Ueno tras ser restaurado y disecado.
Cada año, el 8 de marzo, se recuerda a Hachiko en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya.
Esta es la historia de un perro que demostró una lealtad fuera de lo común, acudiendo cada día, durante casi diez años, a esperar a su amigo humano. Siempre en el mismo sitio, justo enfrente de la estación.
Fuente: http://bit.ly/2at0QRi