Thu 29 de November de 2018 Curiosidades

"El fútbol en Palestina es una forma de evadir la realidad"

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Los directores del ¡Yallah! ¡Yallah! (¡Dale! ¡Dale!) dialogaron con Publicable acerca de las repercusiones que tuvo su documental en el BAFICI, las dificultades que tuvieron que enfrentar a la hora de filmar en Palestina y el deporte como canalizador de un mensaje de igualdad.

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"El fútbol en Palestina es una forma de evadir la realidad"

En el marco de la edición número 19 del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), se presentó por primera vez el documental ¡Yallah! ¡Yallah! (¡Dale! ¡Dale!), dirigido por Fernando Romanazzo y Cristian Pirovano. El largometraje busca reflejar la influencia del fútbol en un pueblo vapuleado como el palestino.

 

En el film convergen diferentes historias de ciudadanos palestinos que, de alguna manera, están vinculados al deporte. Y, por ese motivo, algunos llegan a ser perseguidos y hasta encarcelados. Con una exitosa presentación en el festival, ambos directores anhelan que la influencia del fútbol en el documental sirva como puntapié para que amantes de este deporte se interioricen más en la problemática que se vive día a día en Palestina.

 

Antes de comenzar la última función, los directores le dedicaron el film y su proyección a Mohammad Al Qatri, quien fue su coproductor en Palestina y una pieza muy importante en el día a día del rodaje. Hace poco tiempo, fue asesinado en un campo de refugiados en Franja de Gaza a manos de un soldado israelí, que le pegó un tiro en el pecho por defender a unos chicos palestinos.

 

-Siendo esta la última proyección de la película en el festival, ¿cómo fue el feedback con el público y que repercusiones tuvo?

-P: Las repercusiones han sido muy positivas. El publico real del festival, en su mayoria, nos ha brindado palabras de apoyo. Por mi parte, estoy muy contento, ya que es mi primera experiencia en el cine, y poder presentar una película en el marco de este festival es un orgullo.

-R: Para agregar algo más, estoy muy feliz con el resultado de la película por lo que nos costó hacerla y los inconvenientes a la hora del rodaje. Pero cabe aclarar que tiene fallas estructurales. Los problemas fueron por producción e idioma, porque había momentos que estaban hablando y uno no entendía. Estuvimos así hasta un año y medio después de la filmación, que conseguimos la traducción. Con la gente fue fantástico, porque se pudo lograr un ida y vuelta vía mensajes de Facebook. No nos felicitaron solo nuestros familiares, si no que hubo espectadores que se molestaron en brindarnos palabras de apoyo.

 

-Además de esos contratiempos, ¿tuvieron otros problemas, por ejemplo, a la hora de filmar alguna manifestación?

-R: Sí. El peligro es el que corre cualquiera en una manifestación, como te pasa acá. El asunto es que estás en un lugar que es más complicado. Los riesgos existen y los corrés igual que cualquier palestino, quizás un poco menos porque, al ver una cámara, suelen tener ciertas precauciones. Sin embargo, te convertís un blanco posible: en cuanto enfocás para otro lado, te disparan. Mientras estaba filmando, me dispararon unos tanques y coches policiales. Un policía fronterizo o militar (allá son todos lo mismo), mientras yo filmaba, disparó un balazo de goma y el único que estaba ahí era yo. Es decir, me disparó a mí, y me pegó en las piernas claramente para que me vaya y no filme.

 

-En la película puede observarse que no hay imágenes tan crudas. ¿En qué radica esta decisión?

-P: Creíamos que la historia ya estaba narrada sin necesidad de eso. Se nota claramente qué es lo que sucede en el país, y que mostremos el funeral de un mártir o a un hombre chorreando sangre no le agregaba ni le aportaba nada a la película.

-R: Además, uno cuando está ahí ve todo, y para mí lo más terrorífico es el acoso en la cotidianeidad, en las pequeñas cosas. A veces me preguntaba cómo podían soportarlo, porque si escuchás la bomba, al menos, te preparás. Pero el acoso es constante y con pequeñas cosas, como que les pidan constantemente los papeles. Lo que nosotros queríamos mostrar era eso, la vida cotidiana del pueblo.

 

-¿Cómo fue la relación con el INCAA a la hora de producir y estrenar el film?

-R: Eso fue otra complicación. Presentar una película en el INCAA es muy difícil, pero no por el acceso, sino porque requiere de muchísimo trabajo. Nosotros tuvimos que hacer todo muy rápido, porque una de nuestras historias estaba vinculada al Mundial de fútbol. Ahí empezaron las idas y vueltas con el INCAA, y fuimos a filmar a pesar de que no tenían un gran interés. Pero cuando comenzaron a interesarse, la segunda vez ya teníamos el visto bueno. En cuanto a lo económico, tuvimos que pedir un adelanto de subsidio. Y no sólo al INCAA, a nuestras familias, nuestros trabajos y cuentas bancarias también. Hasta el día de hoy tenemos deudas. 

 

-¿Por qué decidieron mostrar la realidad a través del fútbol? ¿Qué significa este deporte para ustedes?

-P: El fútbol es algo que me atrae mucho, aunque no es mi tronco en la vida. Pero creo que en Palestina el fútbol es un canal de evasión. En una sociedad tan complicada y vapuleada, a veces el éxito deportivo es una de las pocas cosas que genera algo positivo en la vida de un ser humano que vive en ese entorno. Tuve esa sensación cuando conocimos a la persona que fue el disparador de la historia original. Cuando convivimos con él, me di cuenta de que tenía la necesidad de evadir, al menos por 90 minutos, su cotidianidad: hijos detenidos, desempleo, discriminación.

 

-¿Qué reflexión pueden hacer de todo lo sucedido luego de estrenar la película en este festival?

-P: Yo siento una doble sensación. Es un placer similar al de cuando salí de Palestina, porque me fui lleno de un montón de cosas, pero a su vez me quedó un vacío importantísimo. Por ejemplo, yo participé de escudo humano para que unos chicos palestinos puedan ir a clase, porque los israelíes los apedreaban. Eso es algo muy fuerte, y te genera una impotencia tremenda. Pero creo que estamos haciendo algo muy positivo a la hora de mostrarlo.

-R: La sensación que te da, desde lo profesional, es fantástica, porque significa un peldaño más en nuestra carrera. Pero en lo emocional siento que lo que hicimos es muy poco, porque siempre está esa necesidad de hacer algo más. Ya lo dijo el Che Guevara: “Cada vez que se vea una injusticia en el mundo, somos todos compañeros”. También está esa sensación de “extrañeza”, por llamarlo de alguna manera: nosotros estamos acá, cómodos, viendo una película en un cine, y allá se sigue muriendo gente en este preciso momento.

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