Fri 22 de February de 2019 Medio Oriente

Por Yara Hawari

El amor en tiempos del apartheid israelí

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Las restricciones de Israel a la entrada, movimiento y asentamiento palestinos constituyen una deliberada ingeniería social.  

 
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El amor en tiempos del apartheid israelí

El 14 de febrero, día de San Valentín, la maquinaria del capitalismo corporativo distraerá a la población en general con otro "día de fiesta" consumista en el que nos sentimos solos, desubicados y/o obligados a gastar dinero para demostrar afecto por los seres queridos.

Además de imponer la idea de las relaciones hetero normativas y monógamas, el Día de San Valentín también representa la gran mercantilización del amor y las relaciones. Para algunos el día pasará gastando dinero, para otros deseando que los demás gasten dinero y para otros más deseando estar con la persona amada.

De hecho el día de San Valentín, habrá muchas parejas y amantes que sufrirán estando separados por las políticas racistas y las fronteras coloniales. Para los palestinos este es solo otro hecho de la vida que Israel les impone. Muchos palestinos no pueden construir sus vidas con sus seres queridos porque simplemente tienen prohibido estar en el mismo lugar.

Una de las principales formas en que Israel impide que los palestinos estén juntos es a través de su sistema de identificación colonial y racista. Las entidades coloniales y colonialistas han empleado durante mucho tiempo diferentes niveles de identificación para dividir y conquistar a los pueblos nativos e indígenas.

Israel impone a los palestinos diferentes formas de identificación que regulan su movilidad, dónde pueden vivir y, esencialmente, a qué derechos tienen acceso. Además una serie de legislaciones y el control total de Israel sobre todas las fronteras palestinas hacen que su poder sobre varios aspectos de la vida palestina sea absoluto.

Aunque el régimen israelí ha impuesto restricciones a la vida de los palestinos, lo que inevitablemente ha afectado a las relaciones íntimas durante décadas, la situación empeoró mucho después de la Segunda Intifada. En 2003, el Knesset israelí aprobó la Ley de ciudadanía e ingreso que efectivamente negó el estatus legal en Israel a los cónyuges de ciudadanos israelíes que vienen de Cisjordania y Gaza. Además las solicitudes de reunificación familiar de los palestinos con pasaportes israelíes con parejas titulares de documentos palestinos se rechazan rutinariamente.

Esto ha afectado a miles de familias de palestinos que han tenido que tomar decisiones difíciles sobre si mudarse al extranjero o vivir con el temor constante de que su cónyuge sea expulsado. Esta ley en particular afecta desproporcionadamente a los habitantes de Jerusalén oriental, quienes ya viven en un estado constante de miedo a perder su residencia. De hecho su estatus de residencia permanente requiere que tengan que probar regularmente que viven en la ciudad; si no lo hacen se arriesgan a que se les revoque su residencia permanente.

Para ellos, la ley de "Ciudadanía e ingreso" significa que si se casan con alguien de Cisjordania, solo pueden vivir en unos pocos vecindarios de Jerusalén, como por ejemplo Kufr Aqab. Estos barrios, aunque técnicamente son parte de Jerusalén, han sido aislados de la ciudad por el muro del apartheid y están ubicados en el lado de Cisjordania. Están superpoblados y carecen de infraestructura y servicios básicos, pero muchas parejas con identificaciones mixtas han encontrado refugio allí.

En Gaza los palestinos han estado bloqueados desde 2006 bajo un asedio agobiante con importantes restricciones de entrada y salida. A casi ningún palestino se le permite salir de la Franja, y mucho menos a vivir en otro lugar de la Palestina histórica.

De hecho los palestinos que tienen otras formas de identificación, incluida una israelí, y que se fueron a vivir a Gaza con sus esposas antes del asedio, están esencialmente atrapados allí porque si se van las autoridades israelíes no los dejarán volver. La decisión de permanecer con sus seres queridos significa que tienen que soportar una vida horrible en una virtual prisión al aire libre.

Del mismo modo hay palestinos de Gaza que viven en Cisjordania con sus cónyuges sin el "permiso" de las autoridades israelíes. También viven con el temor constante de ser detenidos y enviados por el ejército israelí de regreso a Gaza.

Los casados ​​con extranjeros también se ven afectados por las políticas restrictivas israelíes. Debido a que Israel controla la entrada y salida de Cisjordania y Gaza, puede elegir a quién deja entrar y a quién niega la entrada. A los extranjeros casados ​​con palestinos se les ha negado habitualmente la entrada y en años más recientes se les ha pedido que paguen "depósitos de fianza" de miles de dólares para obtener visas de corto plazo.

Los que tienen seres queridos encarcelados tienen aún más restricciones. A los prisioneros palestinos se les niegan con frecuencia las visitas familiares y nunca se les permiten visitas conyugales. Los detenidos administrativos, los que permanecen recluidos durante largos períodos sin juicio, sus parejas viven en constante incertidumbre sin saber cuándo volverán a reunirse. Las relaciones son presionadas al extremo, muchas a través de cartas o por conversaciones en teléfonos de contrabando. Incluso hay una próspera operación de contrabando de esperma que permite a las mujeres dar a luz incluso durante encarcelamientos prolongados.

Las políticas israelíes que niegan a los palestinos el derecho a la vida familiar a través de una variedad de restricciones y regulaciones constituye otra característica perniciosa de la ocupación israelí de Cisjordania y Gaza y la anexión de Jerusalén Este, que está en clara violación del derecho internacional.

Como señala un informe de la ONG palestina de derechos humanos Al Haq, esta fragmentación deliberada de la sociedad palestina constituye una "ingeniería social". Su objetivo es perturbar la vida individual y comunitaria de los palestinos para eliminarlos de la Palestina histórica.

Sin embargo, al igual que otras personas en todo el mundo que enfrentan barreras físicas al amor impuestas por los regímenes criminales, los palestinos se enfrentan a sus opresores. La autora y feminista estadounidense Bell Hooks una vez escribió: "necesitas tener valor para amar" y los palestinos ciertamente tienen mucho de eso.

Fuente: Rebelión

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