Mon 15 de April de 2019 Medio Ambiente

Contra viento y marea, indígenas generan su energía en Guatemala

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 En medio de un calor infernal, el guatemalteco Diego Matom saca del horno las bandejas de pan y las coloca con cuidado en repisas de madera, contento de que su negocio haya prosperado desde que su comunidad pasó a generar su propia electricidad.

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Contra viento y marea, indígenas generan su energía en Guatemala

Y lo logó contra viento y marea, enfrentándose incluso a los poderes empresariales y municipales.

“Antes la panadería funcionaba con un horno a gas, pero era muy alto el costo porque el horneado llevaba mucho tiempo, ahora todo es más rápido y más barato”, explicó Matom a IPS, una vez acabada la faena, rodeado de sus panes de harina de trigo recién horneados.

Matom, un indígena ixil de 29 años, reside en la aldea 31 de Mayo, localizada en la ecorregión de Zona Reina, dentro del municipio de Uspantán , en el noroccidental departamento de Quiché, en Guatemala.

El asentamiento, a unos 300 kilómetros al norte de la capital, fue el primero de los cuatro de la zona que construyó su propia central hidroeléctrica, empujado por la necesidad, dado que el Estado no lleva hasta esta remota región servicios públicos básicos.

En ella no hay suministro de agua potable por tubería y los servicios médicos y educativos son muy escasos, como sucede en muchas áreas rurales de esta nación centroamericana de 17,3 millones de habitantes.

En las comunidades de Zona Reina, el agua para el consumo humano proviene de los manantiales encaramados en las montañas que circundan las aldeas, que se almacena en tanques y desde ellos se traslada por tuberías.

La central de 31 de Mayo, llamada Luz de los Héroes y Mártires de la Resistencia, consta de una turbina que genera una potencia de 75 kilovatios (kW), movida por las aguas del río Putul, dirigidas por un canal de concreto de dos kilómetros a un tanque de carga de 40 metros cúbicos.

Desde ahí, el agua baja con la suficiente presión hasta mover la turbina en la sala de máquinas.

El nombre de la aldea rememora la fecha en que unas 400 familias ixiles y quichés fueron reasentadas en el lugar por el gobierno en 1998, tras finalizar la guerra civil (1960-1996).

Esas familias formaban parte de las llamadas Comunidades de Población en Resistencia, que durante el conflicto interno tuvieron que huir a las montañas debido a la represión del ejército, que las consideraba bases de la guerrilla.

Una vez reasentadas, cada familia recibió una pequeña parcela de tierra, que han venido cultivando con maíz y, sobre todo, cardamomo (Elettaria cardamomum), del que Guatemala es el mayor productor mundial y uno de los grandes exportadores.

Siguiendo el ejemplo de 31 de Mayo, otras tres comunidades de Zona Reina se esforzaron para autoabastecerse de electricidad, en momentos diferentes: El Lirio (mayo de 2015), La Taña (La Taña (septiembre de 2016) y La Gloria (noviembre de 2017).

La casa de máquinas de la minicentral hidroeléctrica de la comunidad 31 de Mayo, que provee de energía a unas 500 familias y ha servido de modelo para que la autogeneración mediante represas comunitarias se extienda por la ecorregión de Zona Reina, en el municipio de Uspantán, en el noroeste de Guatemala. Crédito: Edgardo Ayala/IPS

A diferencia de las represas de gran escala, que suelen utilizar 100 por ciento del caudal de los ríos, las comunitarias solo usan 10 por ciento, con lo cual se mantiene el flujo normal y se evita que las comunidades se queden sin agua río abajo.

Las cuatro miniplantas hidroeléctricas abastecen a las cuatro aldeas donde están ubicadas y a otras cinco vecinas con las que comparten su autogeneración, con lo que benefician a un total 1.000 familias. Pero aún falta mucho por hacer para favorecer el acceso a la energía en toda la Zona Reina, donde están establecidas 86 comunidades.

Pero el ejemplo cunde y ya hay otro proyecto aprobado para otras ocho aldeas, en la vecina ecorregión de Los Copones, que compartirán la energía generada con otros 11 asentamientos vecinos. Este plan cuenta con 1,25 millones de dólares aportados por la cooperación alemana.

La población en Zona Reina es mayoritariamente indígena, compuesta principalmente por los q’eqch’is, aunque conviven otros pueblos, como el ixil, todos pertenecientes a la cultura maya.

“Con esta luz ya podemos hacer lo que queramos, los niños solo llegan de la escuela a conectar sus computadoras y hacen sus trabajos”, comentó Zaida Gamarro, de 31años, residente de La Taña.

Antes la vida era más difícil porque en la noche se iluminaban con velas o candiles para los que había que comprar regularmente querosén, contó Gamarro a IPS durante su recorrido por las aldeas con represas comunitarias, enclavadas en una zona montañosa por la que se transita solo con vehículos rústicos.

También han surgido varios emprendimientos como la panadería de Matom, pero además hay talleres de mecánica, de carpintería y varias tiendas que ahora pueden tener aparatos de refrigeración.

“El negocio va bien, pues estamos ubicados en la calle pr incipal, y siempre buscan nuestros productos refrigerados”, comentó José Ical, de 38 años, o riundo de La Gloria y propietario de una pequeña tienda de productos básicos.

Esos esfuerzos pudieron materializarse gracias al financiamiento de cooperantes europeos y al trabajo que localmente desarrolló el colectivo ecologista MadreSelva, encargado de diseñar y ejecutar los proyectos de micro hidroelectricidad.

Las familias pagan un promedio de 30 quetzales mensuales por el consumo de energía (unos cuatro dólares), un costo menor al que pagan las familias de los municipios cuya electricidad es suministrada por las empresas concesionarias.

Autogeneración contracorriente

La idea de que los propios habitantes de la zona produzcan su energía chocó con fuertes intereses de consorcios internacionales y con la apatía y el rechazo de alcaldes aliados con esos grupos, dijeron los entrevistados en las comunidades.