Sat 20 de July de 2019 Mundo

Crimen, poder y dinero: el caso Epstein salpica a Donald Trump.

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Jeffrey Epstein y Donald Trump en una fiesta en Mar-a-Lago en 1997 (Foto: Davidoff Studios / Getty Images)

Antes de que todos habláramos de Harvey Weinstein y los escándalos en Hollywood, Jeffrey Epstein había sido condenado por cargos relacionados a abusos sexuales contra menores de edad. Como se trata de un mil millonario, administrador de fondos de cobertura en Wall Street, la resonancia mediática no fue tan vivaz ni tampoco hubo mayor repercusión judicial en 2008, cuando fue imputado por dos cargos de prostitución en un tribunal de Florida.

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Crimen, poder y dinero: el caso Epstein salpica a Donald Trump.

Por Misión Verdad

La trama es mucho más compleja e involucra varios puntos geográficos de los Estados Unidos. Epstein estaba siendo acusado de crear una red de jovencitas para obligarlas a tener relaciones sexuales en su opulenta mansión frente al mar, a veces tres veces al día, a cambio de dinero, según la investigación de la Policía de Palm Beach.

También era sospechoso de tráfico de niñas, incluso de otros países, para fiestas sexuales en sus residencias en Manhattan, Nuevo México y el Caribe, según registros del FBI y de tribunales.

En una serie de reportajes sobre el caso, la periodista del Miami Herald Julie K. Brown escribe: "Enfrentado a un encausamiento federal de 53 páginas, Epstein pudiera haber terminado en prisión el resto de su vida".

Su dinero y conexiones poderosas en el engranaje judicial estadounidense lograron que la causa pasara del nivel federal al estatal y cumpliera apenas 13 meses en el ala privada de la cárcel condal de Palm Beach, con el derecho de salir a "trabajar" a una "cómoda oficina" ubicada en West Palm Beach, "lo que le permitía estar fuera de la instalación seis días a la semana durante 12 horas", cuenta Brown, y añade: "Esto se hizo a pesar de las reglas explícitas de la Policía de Palm Beach que indican que los condenados por delitos sexuales no cumplen los requisitos para salir a trabajar".

Epstein, además, fue registrado como agresor sexual en listas judiciales, todo producto de un acuerdo secreto al que llegaron sus abogados y el fiscal estatal de aquel momento, hoy en la Administración Trump, expuesto en las investigaciones hechas por el Miami Herald.

CON EL FAVOR DE ALEXANDER ACOSTA

Las mansiones del magnate en Florida, Nueva York, Nuevo México y en la isla privada Little St. James (en las Islas Vírgenes), e incluso el avión privado rebautizado "Lolita Express", son las principales escenas investigadas de los crímenes sexuales cometidos por el financiero.

Entre 2001 y 2005, cuando la policía descubrió la trama, se calcula que abusó sexualmente de jovencitas entre los 13 y los 16 años por docenas. Las actuales estimaciones calculan que las víctimas llegaron a la centena. La policía local refirió el caso al FBI en 2006, "cuando comenzaron a sospechar que la Fiscalía Estatal de Palm Beach estaba socavando su pesquisa", dice Brown.

El fiscal de ese momento es el hoy secretario del Trabajo de la Administración Trump, Alexander Acosta, un abogado republicano que escaló a su actual puesto desde el Distrito Sur de la Florida bajo la Administración Bush hijo.

 

Alexander Acosta era fiscal federal del Distrito Sur de la Florida cuando negoció desactivar una pesquisa federal a Jeffrey Epstein (Foto: Universidad Internacional de la Florida)

Acosta en su labor como fiscal de antaño prometió a las denunciantes, muchachas que crecieron con traumas y patologías diversas, el cumplimiento de la justicia contra el acusado multimillonario. El poder financiero pudo más con el acuerdo que llegó con los abogados de Epstein, en específico Jay Lefkowitz de Washington DC.

El acuerdo secreto de Epstein es uno que retiró las acusaciones ("non-prosecution agreement") y garantizó inmunidad "a cualquier potencial cómplice" para que ninguno de los amigos y allegados del financiero sufrieran consecuencias. El trato contempló que ni las víctimas ni el público en general pudieran tener acceso a los documentos judiciales del caso.

Así, se olvidó cualquier reparo a las víctimas relacionadas. Por ahora.

Acosta, quien ahora tiene 49 años, en el gabinete Trump supervisa una enorme agencia federal a cargo del cumplimiento de las leyes federales del trabajo, incluidas las relacionadas con el tráfico de personas. Una paradoja muy usual en las estructuras de la Casa Blanca, en las que ponen lobos a cuidar ovejas.

También ha estado en una lista de posibles candidatos a reemplazar a Jeff Sessions como secretario de Justicia, recuerda Miami Herald.

El presidente estadounidense no tuvo que echarlo por algún tipo de compromiso moral, el mismo Acosta renunció debido a las presiones mediáticas que comenzaron a elevarse en los últimos días.

LOS AMIGOS DE UN CRIMINAL SEXUAL EN WALL STREET

Las víctimas fueron jóvenes muchachas provenientes de familias pobres, que por 100 ó 200 dólares entregaron sus cuerpos para el disfrute sexual de Epstein. A veces, para silenciar violaciones, el multimillonario pagaba 1 mil dólares, y estimulaba con más dinero a que ellas mismas reclutaran otras niñas, siempre menores de edad.

Un blanco fácil para un pudiente criminal sexual. Pero no es todo. También traficaba los favores sexuales con sus amigos y allegados, como denunció recientemente Sarah Ransome, entre ellos abogados, banqueros, estrellas de cine, políticos y hasta miembros de la realeza británica.

La mayoría de medios apuntan a una vasta "red de amigos" que pudieran estar involucrados en las tramas criminales de Jeffrey Epstein, entre ellos los más visibles Bill Clinton, ex presidente estadounidense y conocido por el escándalo sexual que lo hizo renunciar de la Casa Blanca.

De hecho, la corrupta Fundación Clinton tiene a Epstein como uno de sus financistas y co-fundadores.

Según el testimonio de Virginia Roberts Giuffre, una de las demandantes, el avión privado del magnate también sirvió para el tráfico sexual de menores, y fue allí, en "Lolita Express", donde fue abusada por el príncipe Andrew de York y el octogenario abogado y profesor de Harvard Alan Dershowitz, este último también acusado por Ransome. ¿Es casualidad que ambos nombres aparezcan en las bitácoras de vuelo?

Por otro lado, existe el llamado "pequeño libro negro" de Jeffrey Epstein, al cuidado de su casero Alfredo Rodríguez, quien declaró al FBI que se trataba de un compendio minucioso de la red sexual de menores del multimillonario. Los nombres anotados allí involucran a personas con rostro público como clientes y cómplices de la trama:

Ralph Fiennes (actor)
Alec Baldwin (actor)
David Blaine (prestidigitador)
Jimmy Buffett (músico)
Courtney Love (música)
Charlie Rose (periodista de PBS)
Mike Wallace (periodista de CBS)
Barbara Walters (periodista de ABC)
Ehud Barak (ex primer ministro de Israel)
Tony Blair (ex primer ministro de Gran Bretaña)
David Koch (de Industrias Koch)
Leslie Wexner (mil millonaria)
Bruce King (ex gobernador de Nuevo México)
Bill Richardson (ex gobernador de Nuevo México)
Peter Soros (sobrino de George Soros)
John Gutfreund (financiero, llamado el "Rey de Wall Street")
Príncipe Andrew de York (monarquía británica)
Bill Clinton (ex presidente)
Donald Trump (actual presidente de los Estados Unidos)

Sí, Donald Trump aparece en esta lista. ¿Llamará la fiscalía federal al presidente estadounidense, luego de que se reabriera el caso Epstein en Nueva York?

El FBI apresó al magnate el sábado 6 de julio y el lunes 8 se declaró no culpable de los cargos en esta nota mencionados. La fiscalía, por su lado, calificaron de "extremadamente preocupante" las fotos halladas en las residencias del acusado, que sirven como pruebas de sus crímenes sexuales de hace una década.

 

Jeffrey Epstein se declaró recientemente no culpable de los cargos presentados en una corte neoyorquina (Foto: AP)

EN EL MEOLLO POLÍTICO

En vista de toda la gama de nombres reconocidos inmiscuidos, aunque sea indirectamente, en el caso, existe una alta expectativa de que caigan judicialmente más personas que con la causa contra Harvey Weinstein.

Y, de hecho, las relaciones que tiene la investigación con el hoy secretario Acosta y los abogados de Epstein, incluido el mencionado Dershowitz, podrían crear una reacción por parte del Congreso y comenzar una audiencia investigativa desde Washington. La renuncia de Acosta no deja responder este escenario, pero tal vez lo haga con otro personaje a destapar.

De hecho, ¿caerá alguien más aparte de Epstein y Acosta? ¿Acaso tiene alguna carta bajo la manga, luego del escándalo en 2008?

Trump alguna vez dijo de Epstein que es un "tipo estupendo. Es bastante divertido andar con él. Incluso se dice que le gustan las mujeres hermosas tanto como a mí, y muchas de ellas jovencitas". Luego diría que apenas lo conocía.

Pero lo que llama tanto la atención como los hechos es que el escándalo surge en un contexto electoral, con la reelección de Trump en la mira y el Partido Demócrata, que pide por lo menos la renuncia de Acosta, con ganas de volver a la Casa Blanca como sea.

Aunque el movimiento #MeToo logró llamar la atención sobre los abusos sexuales en las capas altas de la socialité estadounidense, de seguro el tráfico de menores que propician en las sombras otros personeros del poder profundo no será juzgado ni mucho menos conocido, a menos que brinde alguna renta política en una sociedad altamente vigilada e instrumentalizada por los canales corporativos de información y propaganda como lo es la estadounidense.

De hecho, a principios de año, el mismo Acosta propuso al Departamento del Trabajo recortar para el año fiscal 2020 un 80% del presupuesto a un programa dedicado a combatir el tráfico humano, el trabajo forzado y el trabajo infantil. Habrá menos posibilidades de que las víctimas de los estratos pobres de la sociedad puedan ver alguna luz judicial a su favor. Sólo existe lo que insistimos en llamar justicia para la ciudadanía pudiente, como actrices de Hollywood.

Una vez más, las repercusiones de casos sexuales con relación a millonarios y milmillonarios en Estados Unidos vuelve a conectarse con el momento político. El caso Epstein puede jugarse como una de las principales cartas demócratas contra el magnate presidente por las conexiones que emana, tomando en cuenta que la judicialización de los políticos es usual.

Imperio adentro quedan muchos crímenes por aventar, y cualquiera puede ser usado en contra de los huéspedes momentáneos de la Casa Blanca.

Por MisionVerdad

 

 

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