Fri 27 de September de 2019 Curiosidades

¿Un mal negocio para Bayer?: Más condenas para Monsanto

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Bayer enfrenta una serie de demandas “heredadas” de la compra de Monsanto por los daños provocados por el herbicida glifosato. Podrá sobrevir la compañía a tantas acusaciones?

 

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¿Un mal negocio para Bayer?: Más condenas para Monsanto

Bayer enfrenta una serie de demandas “heredadas” de la compra de Monsanto por los daños provocados por el herbicida glifosato. ¿Podrá sobrevir la compañía a tantas acusaciones?

El cliente de Wisner, un enfermo de cáncer de 46 años, ex jardinero del distrito escolar de California, afirmó que su enfermedad había sidoprovocada por rociar cientos de litros de Roundup, el herbicida de Monsanto Co.

El equipo de Wisner había compilado centenas de documentos que respaldaban las afirmaciones y demostraban que Monsanto pudo haber actuado de mala fe, contactando a funcionarios de la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. y desprestigiando a los científicos que plantearon preguntas sobre la seguridad del preciado herbicida de la compañía.

Cuando Wisner se encontró solo en una sala del tribunal con dos de los abogados de Bayer, les preguntó: “¿Qué están haciendo? ¿Por qué están llevando este caso a un juicio? “Para aclarar la pregunta, agregó: “Vamos a ganar, y les será mucho más difícil resolver los casos en el futuro”.

Los inversores de Bayer probablemente hubieran deseado que la compañía nunca hubiera permitido que ese caso llegara a juicio. O mejor aún, que Bayer nunca hubiera comprado Monsanto, con sede en St. Louis, en primer lugar.

Después de un juicio de cuatro semanas, un jurado de San Francisco sentenció que el Roundup había causado el linfoma no Hodgkin del cliente de Wisner y le otorgó $ 289 millones. (La cifra se redujo más tarde a $ 79 millones). La noticia de la sentencia borró en un solo día $ 10 mil millones del valor de mercado de las acciones de Bayer y abrió la puerta a innumerables demandas contra el Roundup.

Durante los siguientes nueve meses, Bayer perdió dos juicios más en el Área de la Bahía.

Ahora se presentan miles de demandas más cada mes contra Bayer, y el número de demandantes ha superado los 18.400. Mientras tanto, las acciones de la compañía han caído un 33% desde que se cerró el acuerdo, dejando su valor de mercado en $ 68 mil millones, apenas un poco más de lo que se pagó para comprar Monsanto.

¿Qué estaba pensando la empresa?

Los analistas estiman que resolver todas las demandas en los Estados Unidos podría costar entre $ 2.5 mil millones y $ 20 mil millones. Mientras tanto, Wall Street, inversores minoristas, agricultores, empleados de Bayer y casi todos los demás se preguntan: ¿Qué estaba pensando la empresa? ¿No anticiparon los líderes de Bayer problemas cuando decidieron adquirir Monsanto, clasificada durante mucho tiempo por Harris Poll como una de las compañías más odiadas de Estados Unidos? ¿Realmente creían que el litigio Roundup no sería un problema? ¿Y puede Bayer sobrevivir a esta herida autoinfligida?

“Todo esto podría haberse escondido de forma ordenada, en silencio, hace tres años, con un acuerdo por menos de mil millones de dólares, incluso por la mitad de eso”, se sorprende Wisner. “Lo que he visto desde el principio en todo este litigio es un nivel de arrogancia que no deja de asombrarme”.

Por qué compró a Monsanto?

Para 2016, Bayer se enfrentaba a un dilema. Las exitosas drogas cardiovasculares y para el cuidado ocular que lo habían llevado a posicionar sus acciones en el mercado, tenían menos de una década de derechos de patente, y la “usina” de medicamentos innovadores se estaba agotando. Mientras tanto, su división de agricultura se enfrentaba a una cada vez mayor creciente competencia debido a la consolidación dentro de la propia industria. Dow Chemical Co. se había asociado recientemente con DuPont Co., y China National Chemical Corp. se había unido a Syngenta AG de Suiza.


 

Dentro de Bayer, a algunos les preocupaba que una entidad extranjera pudiera organizar una adquisición hostil y dividir el imperio. Para fortalecer la cartera de la compañía, Baumann comenzó a pensar en comprar Monsanto, una posibilidad que había estado investigando desde al menos 2011.

Bayer se había especializado durante mucho tiempo en los productos químicos utilizados por los agricultores para combatir hongos, malezas e insectos, pero carecía de un negocio de semillas de primer nivel. Monsanto había dominado el sector de las semillas desde que revolucionó la industria en la década de 1990 al introducir semillas de maíz, soja y algodón genéticamente modificadas para resistir el glifosato, el ingrediente activo del Roundup.

Para cuando Bayer llegó a un acuerdo de adquisición en septiembre de 2016, se habían presentado 120 demandas por linfoma no Hodgkin contra Monsanto. Eso no le preocupaba demasiado a Baumann. Estaba menos interesado en el Roundup que en los OGM y las operaciones agrícolas digitales de la compañía estadounidense, que implementan satélites, drones, imágenes infrarrojas y tractores controlados por GPS para ayudar a los agricultores a tomar mejores decisiones de siembra. Dicho esto, el negocio de eliminación de malezas de Monsanto, que ganó $ 3.7 mil millones en 2017, fue una fuente de ingresos lo suficientemente atractiva como para que Bayer cumpliera con los reguladores antimonopolio al vender su propio herbicida insignia, llamado Liberty, y la mayor parte de su negocio de semillas al rival alemán BASF SE por $ 7 mil millones.

El Glifisato y el cáncer

Patentado por Monsanto a principios de la década de 1970, el glifosato ha sido llamado el Santo Grial de los herbicidas por su eficiencia en la eliminación de malezas y la expansión de las cosechas. Después de que Monsanto introdujo sus semillas Roundup Ready resistentes al glifosato en 1996, el uso de glifosato se disparó quince veces. Para 2014, los agricultores estaban rociando casi 1 litro por cada hectárea de tierra cultivable en los EE. UU. Y casi medio litro por cada hectárea en todo el mundo.

Antes de la adquisición, Monsanto afirmó en un sitio web que el glifosato es “aproximadamente la mitad de tóxico que la sal de mesa y más de 10 veces menos tóxico que la cafeína”. El compuesto ha obtenido la aprobación reiterada de las agencias reguladoras de todo el mundo, incluso en Australia, Canadá, la Unión Europea, Japón y los EE. UU. Muchos agricultores ven el glifosato como crucial para alimentar de manera asequible a una población en crecimiento en un planeta que se calienta rápidamente.

Aún así, había muchas banderas de alerta. En marzo de 2015, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), un brazo de la Organización Mundial de la Salud con sede en Francia, convocó a 17 expertos de 11 países. Revisaron toda la investigación disponible públicamente sobre el glifosato (alrededor de 1,000 estudios) y concluyeron que es “probablemente cancerígeno para los humanos”. Aunque la IARC no tiene poder regulatorio, los hallazgos abrieron la puerta a litigios en los Estados Unidos y en todo el mundo. La IARC también afirma que las formulaciones basadas en glifosato, incluido el Roundup, a menudo son más tóxicas que el glifosato solo.

En 2017, cuando Baumann encuestó a científicos en la unidad farmacéutica de Bayer en Berlín, varios dijeron que creían que el Roundup podría causar cáncer. Y para cuando se completó la adquisición, los equipos de abogados de los demandantes habían forzado la publicación de más de 400 documentos internos de Monsanto, los llamados Papeles de Monsanto, que ilustran cómo la compañía estadounidense socavó las serias preocupaciones sobre la seguridad que datan de 1984.

En 2016, la EPA reunió a un panel de científicos externos para realizar una evaluación de pares sobre la conclusión de esa agencia de que el glifosato es seguro. Ocho de los 15 panelistas expresaron preocupaciones significativas sobre la postura de la EPA, y otros tres cuestionaron datos presentados por Monsanto y otros fabricantes de pesticidas. El informe final de la EPA, que en gran medida validó a la agencia, ofuscó estas aprensiones.

“Si la EPA mañana financiara un estudio de roedores a largo plazo sobre el Roundup, recuperaría mucha credibilidad”, dice Wisner. “Mostraría que en realidad están dispuestos a considerar que causa cáncer. Pero no lo están”.

El primer juicio ganado

Cuatro semanas después, en una sala repleta, el jurado le otorgó a Johnson $ 289 millones de dólares. “Me largué a llorar”, recuerda Wisner. “Y miré a los miembros del jurado, y tres de los miembros del jurado estaban llorando. Miró a la taquígrafa de la corte, y ella también lloraba mientras intentaba escribir la transcripción. Lee estaba llorando. … Fue muy fuerte”.

Pase lo que pase, Roundup está cayendo rápidamente en desgracia. En los Estados Unidos, la cadena de supermercados Costco Wholesale Corp. lo retiró de sus góndolas. Los políticos desde Austria hasta la India están pidiendo prohibiciones para el glifosato, mientras que Bélgica, Canadá y otros países están restringiendo su uso. La UE simplemente puede permitir que la autorización del herbicida expire en el 2022.

Sin embargo, millones de agricultores todavía confían en el Roundup y argumentan que los productos que no contienen glifosato podrían ser peores para el medio ambiente. Cuando los periodistas visitaron recientemente la División de Ciencia de Cultivos de Bayer, los empleados respaldaron a Baumann, diciendo que el litigio Roundup no solo está fuera de lugar, sino que también es una distracción de la muy necesaria misión de la compañía de desarrollar tecnología agrícola para producir más alimentos en menos tierra. “Un desafío que sigue creciendo cada vez más”, dijo Condon, jefe de esa división.

Al haber absorbido a Monsanto, continuó Baumann, Bayer posee tecnología y recursos inigualables para enfrentar de manera sostenible los crecientes desafíos de la industria agrícola. En otras palabras, no se arrepiente de haber comprado la odiada compañía estadounidense. “Independientemente de lo que digan las condenas legales, no dormiría bien, y ciertamente no estaría sentado aquí representando a la compañía, si se hubiera cometido un error importante bajo mi “guardia”.

Por Caroline Winter y Tim Loh para Bloomberg y la traducción colaborativa de Anabel Pomar para Monsanto Papers

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