Fri 11 de October de 2019 Mundo

Rafael Correa: “Nuestra democracia es de plastilina”

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El expresidente de Ecuador, Rafael Correa, ha revelado a Sputnik sus impresiones de los acontecimientos que tienen lugar en su país, donde la gente ha salido a las calles a manifestar su descontento con las políticas económicas implementadas por el mandatario Lenín Moreno, quien a su vez ha acusado a Correa de estar detrás del descontento popular.

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Rafael Correa: “Nuestra democracia es de plastilina”
© REUTERS / Mariana Bazo

— Hay una guerra de versiones y entre otros rumores se dice que usted estaría viajando a Ecuador. ¿Es así?

— No. No creo que haya guerra de versiones, las cosas son tremendamente claras. Lo que sí hay es un blindaje de la prensa ecuatoriana, que ha sostenido a Lenin Moreno de una forma obscena en estos dos años y medio, hasta tal punto que la gente está reaccionando en las calles contra los reporteros de Teleamazonas, Ecuavisa, El Universo, El Comercio y los sacan. No quieren saber nada de esta prensa. Sí de las pequeñas radios, de la prensa alternativa, comunitaria.

La prensa hegemónica ha sido la mayor cómplice de Moreno, se ha asociado con él, es parte del Gobierno a tal punto que, por ejemplo, el hijo del dueño del Diario Expreso es el ministro de Transporte. Este Gobierno derogó la ley de Comunicación, la vació de contenido y dejó apenas la carcasa. Hay blindaje, manipulación y complicidad mediática para tapar errores y horrores de este Gobierno y de la brutal represión. Tenemos una democracia inmadura que se sorprende con esas cosas.

— Hoy la marcha hacia Quito fue duramente reprimida.

— Desde los últimos años de la dictadura militar no veo una represión tan brutal, con toque de queda, cesación de las garantías constitucionales y la represión física: golpear a manifestantes, disolver manifestaciones donde hay mujeres y niños con gases lacrimógenos… Ya tenemos varios muertos, centenas de heridos y más de 700 detenidos. 

— La situación del Gobierno es muy compleja. ¿Qué salidas le parecen posible?

— El Gobierno de Lenin Moreno está acabado. Es un títere de los grupos de poder. Fue mi vicepresidente durante seis años y para lograr algo de popularidad, con complicidad de la prensa, dijo que había heredado una crisis económica. ¿Y él siendo vicepresidente no la vio? ¡Inconconcebible! El Gobierno está acabado por sus propios errores. No hay golpismo como insinúa Lenin y la prensa.

Lo que sucede es que la gente no aguanta más. Con él, las élites recuperaron el poder con base en trampas y traición. ¿Qué salida veo? Si se mantiene en el cargo, será más cero a la izquierda de lo que ya es hoy. En estos momentos está negociando con las cabezas visibles del movimiento indigenista CONAIE y con el Frente de los Trabajadores, dos organizaciones cuyos dirigentes apoyaron a Moreno hasta hace poco y que ahora se están viendo desbordadas por sus bases, por dirigentes jóvenes que se han organizado.

Una opción es que revierta las medidas de aumento al gasoil. En ese caso, creo que el Gobierno estaría más que muerto. Pero los líderes indigenistas tienen que conseguir algo. Yo creo que deben estar acordando con el FMI algún tipo de concesión potable y todos contentos. Todos contra Correa. 

Pero el Gobierno ya está en muerte clínica, en estado vegetativo. Lo siguen apoyando los medios hegemónicos, el empresariado, el poder financiero, el militar, la Policía y parte de la Iglesia. Nuestra democracia es de plastilina, estos controlan todos los factores reales de poder, incluyendo instancias del Estado de las que se apoderaron, como el Consejo Electoral, para no dejarme participar en elecciones libres. Aún así soy optimista, creo que vamos a vencer.

— Como economista, ¿opina que era necesario volver al FMI en el caso de Ecuador?

— En diez años de mi gobierno no vimos una misión del FMI y nunca tuvimos una década tan próspera como la de 2007 y 2017, la década de la Revolución ciudadana. Y no es culpa del FMI, sino de quien se somete a él. Es parte del relato hacerle creer a la gente que todo estuvo mal y que la economía va a colapsar. Lo hacen para que la gente aguante pasivamente. Pero con eso se puede engañar seis meses o un año. 

En 2017 creció la economía, en 2018 creció menos, en 2019 comenzó a decrecer. No había crisis, no había sobrendeudamiento, el déficit estaba en 5%, perfectamente manejable, pero no hay que olvidar que en 2016 tuvimos un terremoto que nos costó 3 puntos del PBI y hubo que endeudarse para reactivar eso. En mi Gobierno, la deuda pasó de 13.000 millones de dólares a 27.000 millones, pero invertimos 100.000 millones de dólares. Eso significa que como país, somos 86.000 millones más ricos. Eso se puede ver en las carreteras espectaculares, las hidroeléctricas, las nuevas unidades de policías comunitarias, las escuelas del milenio, los centros de salud, los puentes.

Moreno se endeudó con el sector externo con 15.000 millones en dos años y no hizo una sola inversión. Se están pegando un tiro en el pie. Se reducen impuestos, aranceles, con impacto fiscal y externo gravísimo. No hay tipo de cambio que pueda ajustar eso. Perdimos 600 millones de ingreso fiscal.

El Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), con tal exceso de liquidez, le prohibieron financiar al Gobierno. Todo es fundamentalismo ideológico. Esa plata se está yendo afuera. También le prohibieron al Banco Central prestarle al Gobierno. Prohibieron las fuentes internas de financiamiento y solo quedó someterse al FMI, hacer tonterías como quitar subsidios para que el país gane 1.300 millones. Quitando subsidios no se crea riqueza. El Estado recibe 1.300 millones pero ningún ciudadano recibe 1.300 millones. Ellos mismos crearon la crisis.

— Para paliar esta situación, el Gobierno dijo que creará un bono.

— Es para engañar a la gente, para demovilizar.

— Hay un cierto modelo de procesamiento judicial contra el expresidente Lula, el vicepresidente Jorge Glas, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y usted. ¿Responde a una estrategia común o es casualidad?

— Hay muchas similitudes entre el caso ecuatoriano y el argentino. Pero hay una gran diferencia. El presidente Macri es un tipo de derecha, la gente sabía qué estaba votando. Moreno, en cambio, se presentó como la izquierda, como la continuación de la Revolución ciudadana. Ganamos y luego hizo todo lo contrario. Botó al tacho de la basura el programa de gobierno y adoptó el plan del candidato perdedor. Eso no existe en democracia, pero en América Latina puede pasar cualquier cosa, sobre todo con la complicidad del Gobierno. Es impresionante cómo traicionó absolutamente todo. Es la antología del cinismo. Nadie puede mentir tanto.

Por supuesto esto es parte de una estrategia para que vuelva el neoliberalismo. En la década del 90, la gente no entendía bien de qué se trataba y no hubo tanta resistencia. Ahora veníamos de Gobiernos progresistas exitosos en el periodo 2002 – 2014, que ha sido la época de oro América Latina. 900 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza, redujimos sustancialmente la desigualdad, crecimos mientras Europa y EEUU estaban en recesión. Nos miraban con admiración en el mundo.

Vinieron estos movimientos conservadores con fuerza, con recursos ilimitados, con discursos articulados, con una estrategia, y detrás está EEUU, que buscaba neutralizar a esos dirigentes de izquierda para que no se les ocurra volver. Pero como no nos pueden vencer en las urnas, que es lo democrático, es el lawfare, la persecución y judicialización de la política. Esto tiene dos patas: el linchamiento y la cooptación del poder judicial, con la presión mediática y política. Los jueces muertos de miedo esperan los titulares de la prensa para copiar sus sentencias y no los linchen a ellos.

El vicepresidente electo de Moreno, como era un estorbo para lo que querían hacer, y ya sabían lo que querían hacer, fue víctima de un complot, desde la época de campaña para sacarlo de camino. Lo vincularon con el caso Odebrecht, con testimonios falsos, con pruebas forjadas, de la noche a la mañana aprobaron la medida cautelar para prohibirle salir del país. Lula está detenido en un cuartel militar. Jorge Glas era vicepresidente en funciones y está en una cárcel común, donde ha recibido 30 amenazas de muerte. La mejor manera de enfrentar este lawfare es cambiar la situación política, porque así cambiará la situación judicial de los dirigentes perseguidos.

— Usted fue uno de los primeros en hablar de la restauración conversadora. ¿Cree que se acaba esa ola y comienza a haber cambios en la región? 

— Por supuesto. Ahora, no hay que dormirse sobre los laureles. Las PASO en Argentina fueron contundentes. Las encuestas le dan a Evo una ventaja cómoda, pero si hay una segunda vuelta es cuesta arriba. Hay que trabajar como si no tuviéramos un solo voto. En Uruguay está más difícil la cosa. Se ha acortado el ciclo. Yo soy medio escéptico de los ciclos. Cuando vino el neoliberalismo, a finales de los 80, se quedó con nosotros hasta principios de siglo e iba dejando por el camino desastre tras desastre. Tuvimos la larga y triste noche neoliberal.

Ahora se le está agotando la vida en dos o tres años. Si fueran elecciones libres y me hubieran permitido a mí correr para presidente, les aseguro sin ninguna vanidad que les ganábamos en una sola vuelta. Por eso los juicios que recibo cada día. Si Lula no estuviera preso, sería él el presidente y no este fascista elemental de Bolsonaro. Con la cárcel de Lula no solo le robaron la libertad sino la democracia a Brasil. Vemos que esta restauración conservadora se agotó más rápido de lo que comenzó. Nuestros pueblos tienen experiencia.

— Los gobiernos progresistas cometieron errores. Si tuviera que pensar en los suyos, ¿a cuáles apuntaría?

— Si tenemos 10 años de gobierno, ¿cómo no vamos a cometer errores? Le puedo hacer una lista por orden cronológico y alfabético, pero nunca nos equivocamos de lado, siempre estuvimos con las grandes mayorías. Nosotros duplicamos el tamaño de la economía, tuvimos un punto más de crecimiento que el promedio de América Latina, hemos sido campeones regionales en reducción de la pobreza y de la indigencia. Teníamos la peor infraestructura del continente. Hoy Colombia y Ecuador envidian nuestras carreteras. Siempre habrá un traidor y un corrupto, pero somos seres humanos, no parapsicólogos. Se han cometido errores, pero el mayor de todos los aciertos es que estuvimos del lado correcto.

— Muchos argentinos están decepcionado porque están perdiendo derechos que pensaban estaban más asegurados.

— Yo también creí que lo que habíamos creado tenía bases más sólidas. Es una de mis grandes decepciones. La destrucción en estos dos años y medio ha sido terrible. ¿Cómo es posible esto? Se llama prensa. A Moreno se le ha encontrado una cuenta offshore en Panamá. Y no la abren. Me han revisado todo y no pudieron encontrarme nada. Hacen honesto al corrupto y villano al héroe.

En el Estado de Derecho debe haber correcta información, si en lugar de eso tenemos manipulación, los medios nos roban la democracia. Es por eso que hemos retrocedido tanto, se ha engañado a la gente. Como no salimos del subdesarrollo, no tenemos adecuado acción colectiva, no hay buena educación, no hay talento humano ni capacidad crítica. Y nos dicen cualquier tontería y la creemos. Por ejemplo, dicen que Correa está en Barquisimeto desestabilizando al país con los 35.000 millones que robó. La manipulación es el principal factor.

— La prensa hegemónica.

— Cada vez que le diga prensa, es la prensa hegemónica. Los medios alternativos son la excepción en Ecuador.

— Ya que se encuentra en Bruselas quería preguntarle por la situación de Europa, el Brexit y el crecimiento de la extrema derecha.

— Es triste lo que está pasando. Europa tiene una deriva a la derecha incontestable. En las últimas elecciones europarlamentarias la derecha venció y los partidos de izquierda dieron un paso atrás. Bélgica es una de las excepciones, con el Partido de los Trabajadores y los ecologistas. Son los signos de los tiempos. Estas sociedades avanzadas son humanistas y democráticas mientras no tengan en riesgo su bienestar y sus intereses. Al rato que les empieza a venir los descartables, como dice el papa Francisco, ahí cierran todas las puertas.

Lastimosamente está prevaleciendo esa tendencia xenofóbica, nacionalista en el mal sentido y de extrema derecha. El Brexit es una pena como la UE era un ejemplo para los latinoamericanos. Son 28 países que en la segunda guerra mundial se mataban por millones, con diferentes lenguas, culturas, historia, sistemas políticos y religiones y tuvieron una voluntad de unirse.

Nosotros tenemos la misma historia, la misma lengua, la misma religión, el mismo sistema político. Cuando avanzamos vienen estos entreguistas a destruir todo lo hecho. Es una tristeza la extrema derecha y los separatismos. Ojalá la UE soporte estas tensiones.

(Sputnik)

El dato: Sepa cuántos presidentes han sido “derrocados por indígenas” en Ecuador

Ecuador se encuentra hoy miércoles en estado de excepción, con toque de queda y lleva una semana de paro nacional tras las medidas económicas que anunció el presidente Lenín Moreno el 1 de octubre, que incluyen el retiro del subsidio al diésel y a la gasolina. Las movilizaciones, que empezaron con un paro de transportistas, se han intensificado después de que el movimiento indígena se sumara a ellas, según reseñó la periodista María Sol Borja para The Washington Post.

Tras declarar el estado de excepción que, según la Constitución ecuatoriana, implica la posibilidad de “suspender o limitar el ejercicio del derecho a la inviolabilidad de domicilio, inviolabilidad de correspondencia, libertad de tránsito, libertad de asociación y reunión, y libertad de información”, Moreno anunció el traslado de la sede de gobierno de Quito a Guayaquil. También decretó un toque de queda que restringe la circulación en las zonas aledañas a instituciones estratégicas como la sede de la Presidencia, la Asamblea Nacional o la Contraloría.

El martes, cientos de manifestantes irrumpieron en la sede de la Asamblea Nacional y fueron desalojados con gases lacrimógenos por las fuerzas de seguridad. Ya hay al menos 570 personas detenidas.

Las protestas, que siguen convocando a comunidades indígenas de todo el país, no son un buen presagio para el débil gobierno actual. Moreno llegó al poder de la mano del movimiento Alianza País, que gobierna Ecuador desde 2007 (una década con Rafael Correa y dos años con Moreno, electo hasta 2021). El actual presidente, que fue vicepresidente de Correa entre 2007 y 2013, empezó a distanciarse de su antiguo coideario en julio de 2017, menos de dos meses después de tomar posesión. El distanciamiento terminó en una ruptura política definitiva tras la cual Moreno se quedó con la organización política fundada por Correa y la militancia se dividió entre correístas y morenistas.

Moreno acusa al expresidente, autoexiliado en Bélgica y con varios procesos penales abiertos en Ecuador, de estar detrás de las protestas que ponen en jaque la estabilidad del país. Y el morenismo también acusa a las organizaciones indígenas de “hacerle el juego” al exmandatario.

En Ecuador aún se recuerda la fuerza que tuvo el movimiento indígena a finales de los años noventa y a principios de los 2000, y su rol protagónico en las manifestaciones que concluyeron con el derrocamiento de los presidentes Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez.

Tras el anuncio de una serie de medidas económicas, en enero de 1997, el gobierno de Bucaram obtuvo la respuesta de miles de indígenas que protestaron con cierres de vías y barricadas en Quito. Días después Bucaram fue destituido y huyó del país. Algo similar ocurrió con Mahuad en enero de 2000, cuando varios líderes indígenas entraron a la sede del Congreso Nacional y fueron posteriormente respaldados por un grupo de militares insurrectos. Mahuad tuvo que abandonar el Palacio Presidencial. Una historia similar viviría Lucio Gutiérrez cuatro años después.

Han pasado 15 años desde ese convulso período pero la población y los políticos saben qué sucede cuando las organizaciones indígenas protestan. La última vez que marcharon hacia Quito fue en agosto de 2015, en la llamada Marcha por la Vida y la Dignidad. Correa gobernaba el país y varias organizaciones anunciaron un paro nacional.

Correa intentó minimizar la protesta indígena y cuestionó su legitimidad: “Empiezan una marcha que en realidad es una caravana motorizada. Se creen república independiente; se dicen ancestrales y creen que pueden someter a todo el mundo. Se les acabó la fiesta”.

Pero Correa había logrado dividir a las organizaciones entre aquellos que estaban con él y quienes lo cuestionaban. En 2015, mientras la marcha indígena fue reprimida en su intento de llegar al Palacio de Gobierno, otra facción del movimiento llegó sin dificultades para respaldar al gobierno. Correa hoy está en el autoexilio.

Ya en el gobierno de Lenín Moreno, el movimiento indígena puso como condición para cualquier diálogo que haya 20 indultos y 117 amnistías para sus líderes, criminalizados durante el gobierno de su predecesor. Moreno indultó a siete líderes, El descontento permaneció silencioso y estalló finalmente con las medidas que el presidente anunció este mes.

Moreno sabe que la historia no se puede ignorar. La protesta no se puede silenciar mirando para otro lado, incluso a pesar de actos vandálicos por parte de manifestantes que no se identifican con el movimiento indígena. Y el gobierno parece haber aprendido esa lección pues ya anunció que la Organización de Naciones Unidas, la Iglesia Católica y las universidades actúan como mediadores en la búsqueda de un diálogo con las organizaciones indígenas.

Tras ocho años de gobierno, la relación entre Correa y el movimiento indígena se había resquebrajado. En 2006, cuando el entonces candidato sin partido se enfrentaba en segunda vuelta electoral con el empresario Álvaro Noboa, el brazo político del movimiento indígena, Pachakutik, respaldó la candidatura presidencial de Correa. Tras ganar, tomó posesión simbólica en una comunidad indígena.

El acuerdo duró poco. Tras la aprobación de la Constitución de Montecristi, proyecto emblema de Correa, empezó el distanciamiento que llegó a ruptura cuatro años después, cuando varias organizaciones se reunieron en la misma comunidad para retirarle el bastón de mando que le habían entregado el día de su posesión. Correa había incumplido con los pueblos indígenas, decían.

Y mientras el paro continúa y las protestas no cesan, el gobierno tiene la urgencia de demostrar su capacidad de diálogo y negociación frente a un movimiento fragmentado pero con la fuerza suficiente para hacerlo tambalear.

Fuente: Resumen Latinoamericano

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