Mon 09 de December de 2019 Medio Oriente

Francia, manipulada por Londres y Washington‎

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Análisis de la publicación del libro Sous nos yeux, de Thierry Meyssan, publicado ‎en español bajo el título De la impostura del 11 de septiembre a Donald Trump. ‎

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http://www.annurtv.com/nota/56783-opinion-francia-manipulada-por-londres-y-washington.html
Francia, manipulada por Londres y Washington‎

Ante la ‎mirada de Meyssan, la gran farsa de las primaveras árabes. En este capítulo, ‎el autor muestra como el Reino Unido y Estados Unidos reclutaron a la Francia ‎postcolonial para participar en las guerras contra Libia y Siria, pero sin darle a ‎conocer el proyecto de «primaveras árabes». Absortos en sus propias tramas de ‎enriquecimiento personal, los dirigentes franceses no vieron venir la maniobra de los ‎anglosajones. Cuando por fin se dieron cuenta, su reacción se limitó a tratar de ‎hacer creer que París dirigía todo y no se preocuparon por las consecuencias de los actos ‎de sus “socios”. 

18- Preparación de las invasiones
contra Libia y Siria

Incluso antes de que el Senado estadounidense la confirme en el cargo, la futura secretaria ‎de Estado Hillary Clinton se pone en contacto con Londres y París para la realización de una ‎doble operación militar en el «Medio Oriente ampliado». Después de su fiasco en Irak, ‎Washington considera imposible utilizar sus propias tropas en este tipo de aventura.

Desde el ‎punto de vista estadounidense, ha llegado el momento de rediseñar la región, o sea de ‎modificar los límites de los Estados cuyas fronteras se habían establecido, en 1916, mediante un ‎acuerdo entre los imperios inglés, francés y ruso –la Triple Entente– y es también hora de ‎imponer fronteras favorables a los intereses de Estados Unidos. El acuerdo que acabamos de ‎mencionar se designó con los apellidos de los delegados del Reino Unido, Mark Sykes, y ‎de Francia, Francois Georges-Picot, mientras que el del delegado ruso Serguei Sazonov quedó en ‎el olvido a raíz de la Revolución Rusa. Pero, ¿cómo convencer a Londres y París para que echen ‎por tierra su propio legado? Sencillamente prometiéndoles que tendrán permiso para volver a ‎colonizar la región. Surge así la teoría del «liderazgo desde atrás». Esta estrategia será ‎confirmada posteriormente por Roland Dumas, ex ministro de Exteriores del presidente Francois ‎Mitterrand. Ante las cámaras de una televisión francesa, Roland Dumas revela en efecto que ‎británicos y estadounidenses lo contactaron, en 2009, para saber si los socialistas franceses –‎entonces en la oposición– apoyarían un nuevo proyecto colonial.‎

‎En noviembre de 2010, o sea antes del inicio de la llamada «primavera árabe», el primer ministro ‎británico David Cameron y el presidente francés Nicolas Sarkozy firman en Londres los Tratados ‎de Lancaster House [1]. Oficialmente, ‎se trata de usar en común ciertos elementos de los dispositivos militares de sus respectivos ‎países, incluyendo el armamento nuclear, para economizar fondos. La idea es simplemente ‎estúpida dado el hecho que el Reino Unido y Francia tienen intereses muy diferentes, pero ‎la opinión pública no entiende lo que en realidad está tramándose. Uno de los acuerdos pone ‎en conjunto las «fuerzas de proyección» –léase “las fuerzas coloniales”– de ambos países. ‎

En los Tratados de Lancaster House se indica que la fuerza expedicionaria franco-británica realizará las ‎maniobras militares conjuntas más importantes en la historia de ambos países del 21 al 25 de ‎marzo de 2011, bajo la denominación «Southern Mistral». El sitio web del ministerio de ‎Defensa de Francia precisa que el guión de este “wargame” será un bombardeo realizado a muy ‎gran distancia de ambos países para prestar ayuda a poblaciones amenazadas por ‎‎«dos dictadores del Mediterráneo». ‎

El 21 de marzo es precisamente la fecha que el AfriCom y el CentCom –o sea, los mandos ‎regionales de las fuerzas de Estados Unidos en África y en el Medio Oriente– han escogido para ‎que Francia y el Reino Unido ataquen simultáneamente Libia y Siria [2]. ¡Oh casualidad!, las fuerzas franco-británicas están listas. Pero, como ‎las cosas nunca suceden como se planean, finalmente se pospone la guerra contra Siria y ‎Nicolas Sarkozy, deseoso de ser el primero en pasar al ataque, ordena a las fuerzas armadas ‎francesas iniciar solas la agresión contra Libia el 19 de marzo, durante la ‎operación ‎«Harmattan‎»‎, traducción al francés del nombre de las ‎maniobras ‎«Southern Mistral‎‎‎»‎.‎

rancia cree disponer de una importante carta de triunfo en la persona del jefe de protocolo del ‎gobierno libio, Nouri Massoud El-Mesmari, quien ha desertado y solicitado asilo en París. Sarkozy ‎está convencido de que este hombre es el confidente de Kadhafi y de que puede ayudarlo a ‎identificar a los colabores del Guía que estarían dispuestos a traicionarlo. Por desgracia para ‎Sarkozy, El-Mesmari es un charlatán que se ocupaba de la agenda del Guía, pero que ‎no participaba en las reuniones [3]. ‎

Días después de la firma de los Tratados de Lancaster House, una delegación comercial francesa ‎viaja a la Feria de Bengazi junto con funcionarios del ministerio de Agricultura, dirigentes de ‎France Export Céréales y de France Agrimer, y varios cuadros de las empresas Soufflet, Louis ‎Dreyfus, Glencore, Cani Céréales, Cargill y Conagra. Ya en Libia, los agentes de la DGSE ‎‎(Dirección General de la Seguridad Exterior) que los acompañan se reúnen en secreto con varios ‎militares libios para preparar un golpe de Estado. ‎

Alertado por Estados Unidos, el gobierno libio detiene a los traidores el 22 de enero de 2011. ‎Los libios creen que su nueva alianza con Washington les garantiza protección, cuando ‎en realidad el gobierno de Estados Unidos se prepara para asestarles la puñalada mortal. ‎Francia, por su parte, tendrá que conformarse con mantenerse a la sombra del Gran Hermano ‎estadounidense. ‎

Mientras los franceses se ocupan de preparar la invasión contra Libia, los estadounidenses inician ‎su propia operación, mucho más amplia de lo que le habían dicho a su agente Sarkozy. ‎No se trata sólo de derrocar a Muammar el-Kadhafi y a Bachar al-Assad, como le han hecho ‎creer al presidente francés, sino de echar abajo todos los gobiernos laicos de la región y ‎sustituirlos por la Hermandad Musulmana. Y comienzan por los Estados amigos –Túnez y Egipto–, ‎dejando a británicos y franceses la tarea de encargarse de los Estados enemigos –Libia y Siria. ‎

El primer golpe será en Túnez. El suicidio de un vendedor ambulante, Mohamed el-Bouazizi, el 17 ‎de diciembre de 2010, da paso a una serie de manifestaciones contra los abusos de la policía y ‎después contra el gobierno. Creyendo que son manifestaciones espontáneas, Francia propone ‎enviar equipamiento antimotines a la policía tunecina. ‎

Nicolas Sarkozy y su ministra de Exteriores, Michele Alliot-Marie, confían plenamente en ‎el presidente tunecino Ben Alí, con quien tienen “negocios” personales. Después de ordenar la construcción de un Airbus A330 y de equiparlo como súper avión presidencial de Francia, ‎Sarkozy y la señora Alliot-Marie revendieron los dos aviones franceses antiguamente destinados ‎a los viajes oficiales. Uno de los A319 CJ fue discretamente retirado del inventario y cedido a la ‎compañía tunecina Karthago Airlines, propiedad de Aziz Miled y de Belhassen Trabelsi, hermano ‎de la esposa del presidente Ben Alí [4]. Nadie sabe quién es el feliz beneficiario de la transacción. ‎Después de la huida de Ben Alí, Francia recupera ese avión, que acabará siendo vendido a una ‎casa de juegos de Singapur y posteriormente a Turquía. ‎

Mientras se ocupan de tratar de proteger a su cómplice tunecino, el presidente Nicolas Sarkozy y ‎su ministra de Exteriores reciben una desagradable sorpresa cuando Ben Alí solicita que lo dejen ‎aterrizar en París y que le den asilo. La oficina del presidente Sarkozy sólo tiene el tiempo justo ‎de anular el envío a Túnez del avión cargado con el equipamiento antimotines prometido, –‎gracias a la lentitud de las formalidades aduanales necesarias para sacar de Francia ‎aquel cargamento, el aparato aún estaba en espera en la pista del aeropuerto–, y de expulsar ‎del espacio aéreo francés el avión del presidente derrocado. ‎

Mientras tanto, en Egipto, el ingeniero en informática Ahmed Maher y la bloguera islamista Israa ‎Abdel Fattah llaman la población a manifestarse contra el presidente Hosni Mubarak el 25 de ‎enero de 2011, proclamado ‎«Día de Cólera»‎. Con el inmediato apoyo de la televisión qatarí Al-‎Jazeera y de la Hermandad Musulmana, estos dos personajes inician un movimiento que, ‎con ayuda de las “ONGs” de la CIA, desestabiliza el régimen de Mubarak. A partir del 28 de ‎enero, las manifestaciones se repiten todos los viernes, a la salida de las mezquitas, bajo la ‎dirección de los hombres del fabricante estadounidense de «revoluciones de colores»‎‏,‏‎ ‎Gene Sharp. Finalmente, Nicolas Sarkozy se entera, el 11 de febrero, por una llamada telefónica ‎de su padre de adopción, el embajador estadounidense Frank Wisner Jr., de que, por ‎instrucciones de la Casa Blanca, el propio Wisner ha convencido al general Mubarak para que ‎abandone el poder. ‎

La CIA organiza entonces una reunión secreta en El Cairo, a la que el presidente Sarkozy envía al ‎cabildero Bernard-Henri Levy, ex amante de su nueva esposa Carla Bruni y de Segolene Royal. ‎El miembro de la Hermandad Musulmana Mahmud Jibril llega a esa reunión como segundo ‎personaje en importancia del gobierno libio y sale de ella como líder de «la oposición al tirano»‎. ‎Entre los sirios presentes están Malik al-Abdeh –quien, después de haber trabajado en la BBC, creó ‎‎BaradaTV con dinero de la CIA y del Departamento de Estado– y Ammar Qurabi –miembro de ‎un sinfín de asociaciones de derechos humanos y creador de OrienTV [5]. ‎

Acaban de comenzar las guerras contra Libia y Siria. ‎

19- Inicio de la guerra contra Libia

‎ La prensa occidental asegura que la policía libia dispersó a tiros una manifestación en Bengazi, el ‎‎16 de febrero de 2011. A partir de ese momento, prosigue esa prensa, Libia se subleva y las ‎autoridades disparan a diestra y siniestra. Presintiendo un posible regreso al sistema esclavista, ‎‎200 000 trabajadores inmigrantes tratan de huir del país y las televisiones transmiten imágenes ‎que muestran a esas personas esperando en los puestos fronterizos. Muammar el-Kadhafi ‎se presenta ante las cámaras en 3 ocasiones. Denuncia una operación ejecutada por al-Qaeda y ‎se declara dispuesto a morir como mártir. Seguidamente anuncia la entrega de armas ‎a la población para que corran ‎«ríos de sangre»‎, exterminar las «ratas» ‎y proteger el país. ‎Sacándolas de su contexto, las televisiones occidentales divulgan las palabras de Kadhafi, pero ‎no como un llamado a luchar contra el terrorismo sino como un anuncio de la represión contra ‎una hipotética revolución.‎

El 25 de febrero, en Ginebra, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU escucha espantado las ‎declaraciones de la Liga Libia de Derechos Humanos. El dictador se ha vuelto loco y «está ‎masacrando a su propio pueblo»‎. El embajador de Pakistán denuncia un uso abusivo de la fuerza. ‎Inesperadamente, la delegación oficial libia hace entrada en la sala, avala los testimonios ‎presentados y se declara solidaria con sus conciudadanos y en contra del dictador. El Consejo de ‎Derechos Humanos adopta una resolución y la transmite al Consejo de Seguridad de la ONU ‎‎ [6]. Este último adopta de inmediato la ‎Resolución 1970 [7] –bajo el capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, que ‎autoriza el uso de la fuerza–, resolución cuyo texto extrañamente ya estaba listo desde hace ‎varios días. El Consejo de Seguridad remite además el tema a la Corte Penal Internacional y ‎decreta un embargo contra Libia. Esta última medida será inmediatamente retomada y ampliada ‎por la Unión Europea. Yendo aún más lejos que los demás occidentales, el presidente francés ‎Nicolas Sarkozy declara que «¡Kadhafi tiene que irse!»‎

El 27 de febrero, los sublevados de Bengazi crean el «Consejo Nacional Libio de Transición» (CNLT) ‎mientras que el ministro de Justicia, Mustafá Abdel-Jalil, abandona Trípoli y crea un Gobierno ‎Provisional. Ambas instancias, bajo control de la Hermandad Musulmana, anuncian una fusión, ‎tratando de ofrecer una imagen de unidad nacional. De inmediato aparecen en Bengazi banderas ‎de la época del ex rey libio Idriss [8]. ‎Desde Londres, Su Alteza Mohamed Senussi, hijo de aquel monarca, se declara dispuesto a ‎reinar sobre Libia. ‎

Al no lograr convencer a todos los miembros del CNLT para solicitar ayuda a las potencias ‎occidentales, Abdel-Jalil fuerza la creación de un Comité de Crisis dotado de plenos poderes y ‎encabezado por el antiguo número 2 de Kadhafi, Mahmud Jibril, ya de regreso del Cairo. ‎

En París se admiran de como Washington maneja los acontecimientos. Sin embargo, ‎contradiciendo las noticias que llegan de Bengazi y de la ONU, los diplomáticos y periodistas ‎presentes en Trípoli reportan que allí no se ve nada parecido a una revolución. Pero, ‎‎¿qué importa la realidad con tal de que las apariencias sean favorables? El “filósofo” Bernard-‎Henri Levy convence a los franceses de que hay una causa justa que defender, y de paso afirma ‎que, después de reunirse con los «revolucionarios»‎ libios, él mismo ha logrado convencer ‎al presidente de la República para que se implique en la lucha por la libertad. ‎

El ejército francés se encarga de recoger a Mahmud Jibril en Bengazi y de llevarlo a Estrasburgo, ‎donde habla ante el Parlamento Europeo para pedir una intervención «humanitaria» ‎de Occidente en Libia. El 10 de marzo, el presidente francés Nicolas Sarkozy y el ‎primer ministro británico David Cameron escriben al presidente de la Unión Europea solicitándole ‎que reconozca al CNLT en lugar del «régimen» y que se instaure una zona de exclusión aérea ‎‎ [9]. De manera perfectamente coordinada, el eurodiputado ecologista francés Daniel ‎Cohn-Bendit –el agente de influencia de los acontecimientos de mayo de 1968 en París– y ‎el liberal belga Guy Verhofstadt logran ese mismo día que el Parlamento Europeo adopte una ‎resolución de denuncia contra el «régimen» de Kadhafi, resolución que además llama a tomar ‎el control del espacio aéreo de Libia para proteger a la población de la represión del dictador ‎‎ [10]. Ese mismo día, el secretario ‎general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, anuncia que está trabajando para reunir los medios ‎técnicos necesarios con vista a instaurar la zona de exclusión aérea.‎

El 12 de marzo, la Liga Árabe vota a favor de la zona de exclusión aérea, a pesar de la oposición ‎de Argelia y Siria. ‎

En este concierto de unanimidad aparecen sólo dos notas discordantes. Recordando que Abdel-‎Jalil había cubierto las torturas a las enfermeras búlgaras y al médico palestino, Bulgaria niega ‎su reconocimiento al CNLT. Por su parte, la Unión Africana se opone enérgicamente a toda ‎intervención militar extranjera. ‎

La Yamahiriya Árabe Libia está organizada según los principios enunciados en el Libro Verde ‎de Muammar el-Kadhafi, admirador de los socialistas libertarios franceses del siglo XIX, Charles Fourrier y Pierre-Joseph Proudhon. Esa admiración llevó a Kadhafi a concebir un Estado mínimo ‎que, en la práctica, resultará ser incapaz de defender a su pueblo ante los ejércitos imperialistas. ‎Kadhafi había dado como misión al Estado responder a las aspiraciones de los beduinos: disponer gratuitamente de un medio de locomoción, de un alojamiento y del agua. Así que cada ‎cual dispone de su propio automóvil y los transportes colectivos existen de hecho sólo para los ‎inmigrantes. Al contraer matrimonio, cada libio recibe un apartamento donde vivir, pero a veces ‎hay que esperar hasta 3 años a que el futuro domicilio esté terminado para poder casarse. ‎La Yamahiriya realizó obras gigantescas para extraer el agua de los milenarios mantos freáticos, ‎que se hallan a gran profundidad bajo las arenas del desierto. Libia se ha convertido en un país ‎próspero. Su nivel de vida es el más alto de todo el continente africano. Pero no se ha hecho ‎gran cosa en materia de educación. Las universidades son gratuitas pero la mayoría de ‎los jóvenes abandonan precozmente los estudios. Muammar el-Kadhafi subestimó el peso de las ‎tradiciones tribales. Tres millones de libios viven así cómodamente, con 2 millones de ‎inmigrantes africanos y asiáticos a su servicio. ‎

El 19 de marzo, 18 Estados (Alemania, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Emiratos Árabes Unidos, ‎España, Estados Unidos, Francia, Grecia, Italia, Irak, Jordania, Marruecos, Noruega, Holanda, ‎Polonia, Qatar y Reino Unido) y 3 organizaciones internacionales (la Liga Árabe, la Unión ‎Europea y la ONU) se reúnen en París para anunciar su inminente intervención militar en Libia ‎‎ [11]. Horas después, adelantándose a todos, Francia es ‎la primera en atacar. ‎

Pero en Siria, las cosas demoran en concretarse. Los llamados a hacer manifestaciones en las ‎calles de Damasco, los días 4, 11, 18 y 25 de febrero, y los del 4 y el 11 de marzo, quedan ‎sin respuesta. Es en Yemen y Bahréin donde el pueblo se lanza a las calles, sin exhortación ‎previa. ‎

En Yemen, los miembros de la Hermandad Musulmana –entre los que se encuentra la joven ‎Tawakkul Karman, quien acabará recibiendo el Premio Nobel de la Paz– inician una ‎‎«revolución». Pero, al igual que Libia, Yemen está organizado de manera tribal, lo que hace ‎imposible dar a esos acontecimientos una lectura exclusivamente política. ‎

En Bahréin, a pedido del monarca local, el ejército de Arabia Saudita interviene para «restaurar el ‎orden» en ese minúsculo reino, que sirve de base a la Quinta Flota de Estados Unidos. ‎Por su parte, el Reino Unido envía al torturador Ian Anderson, quien ya había hecho ‎‎“maravillas” dirigiendo la represión en la época colonial –o sea, antes de 1971. Para organizar ‎la policía, Francia envía a Alain Bauer, consejero del presidente Sarkozy en temas de seguridad, ‎quien fue además responsable de la NSA estadounidense a cargo de Europa y Gran Maestro del ‎Gran Oriente de Francia [12]. ‎

El desorden se propaga por contagio. Sólo falta hacer creer que son los pueblos quienes ‎lo inician y que el objetivo es instaurar democracias. ‎

‎(Continuará) ‎

Thierry Meyssan

Fuente: Voltairenet

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