Mon 09 de December de 2019 Mundo

Hong Kong y el separatismo washingtoniano

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Mantengo fresca en la memoria cuando, en la Escuela Primaria, los niños cantábamos el himno nacional de Estados Unidos (EU) cada 4 de julio (Star spangled banner), Día de la Independencia de EU.  Especialmente recuerdo hoy este verso: “No ves la bandera que ayer saludamos… como último tenue reflejo del sol”. 

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Hong Kong y el separatismo washingtoniano

Eran los años de   la “patria boba” en que nos lavaban el cerebro para enaltecer a nuestros salvadores y creadores: los EU de Norteamérica.

 

Hoy rememoro aquellos días cuando oigo y veo con preocupación a los jóvenes estudiantes de Hong Kong (HK) entonar el himno de EU y ondear orgullosamente su bandera como si esta superpotencia (y no Inglaterra) fuera su verdadera metrópolis, protectora y benefactora.

 

Olvidan que HK le fue robada a una China impotente a raíz de las Guerras del Opio desde 1842 por la Gran Bretaña y que fue recuperada mediante negociaciones para ser puesta bajo el régimen especial de “un país, dos sistemas”.

 

HK goza de un estatus especial como Región Administrativa Especial y tiene derechos más amplios que en China continental.  Como lo ha dicho un agudo observador de ese país, el corresponsal catalán en Beijing, Rafael Poch: “Pese a las dificultades, los chinos nunca habían sido tan libres y prósperos, lo que explica el optimismo que desprende la sociedad.  China, aunque suene muy fuerte, es de los países mejor gobernados del mundo”.  

 

Como si fuera poco, de acuerdo con el Informe PISA, China cuenta con la mejor educación del mundo, aunque es evidente que no evaluó a los estudiantes de HK, que desconocen su historia. 

 

Desconocen “el Siglo de la Humillación” sufrido bajo los ingleses, que prohibían la entrada a los parques a “perros y chinos”; o bajo los japoneses, que bombardearon ciudades indefensas de China y asesinaron a millones a punta de sables, el trabajo esclavo y la prostitución forzada en bases militares niponas.

 

Nada de esos sufrimientos conocen los hongkoneses, más atentos al grito de la moda, a los videojuegos y a la   farándula.  No conocen el precio que tuvo que pagar su pueblo para que hoy vivan en confort.

 

HK jamás gozó bajo Inglaterra los derechos que hoy tiene bajo la República Popular China, cuyo desarrollo político experimenta avances importantes, mas no a la manera de la llamada “democracia representativa” de Occidente, hoy bastante desacreditada en nuestra región.

 

La aprobación, por parte de Donald Trump, de una ley del Congreso de EU sobre “Derechos Humanos y Democracia en HK”, revela la presencia de un proceso irreversible de bestialización en la Casa Blanca que arrastra al mundo a una crisis capaz de hacer descarrilar al planeta.  Observadores más jóvenes dirían que Washington se ha ¡monstruoseado! 

 

A tales excesos ha llegado EU en su desesperación por no perder la hegemonía que va irremisiblemente rumbo al despeñadero, que no quiere dar paso a países emergentes y hace lo imposible por cerrarles el portillo con sanciones (Cuba, Rusia, China, Irán, Siria, Venezuela), agresiones militares (Granada, Panamá, Siria, Libia, Irak), golpes de Estado (Honduras, Bolivia, Argentina), guerra híbrida y golpes blandos (Brasil, Paraguay, Venezuela, Ecuador, Argentina).

 

La Ley sobre HK, propuesta por el senador republicano Marco Rubio (el mismo que mueve los hilos en Venezuela y Bolivia), concitó un consenso poco usual dentro del Congreso y amenaza con hacer zozobrar la anunciada tregua en la guerra comercial entre EU y China.

 

Pero esas leyes y sanciones del Senado son nulas como la Enmienda Platt contra Cuba o las Enmiendas DeConcini y Nunn al Tratado de Neutralidad, así como todos los Tratados o Acuerdos Posinvasión, impuestos a Panamá en violación de nuestra Carta Magna.

 

La líder de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo que "EU se solidariza con las personas amantes de la libertad de HK y apoyamos plenamente su lucha por la libertad".  Libertad, ¡libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!

 

De tanto abuso y maluso del lenguaje, insistamos en que EU tiene, hacia adentro, una cuestionada democracia y una más dudosa libertad, en tanto que, hacia afuera, es sólo opresión y tiranía.  Pregúntenles si no, a Al Gore de EU y a Bashar Al Assad de Siria.

 

La Ley sobre “Derechos Humanos y Democracia en HK” es un mal chiste, una inadmisible intervención en los asuntos internos de China. 

 

¿Puede EU legislar sobre la Zona Libre de Colón o sobre el Canal de Panamá? No.   ¿Puede China legislar sobre el Canal de Suez? No. ¿Puede Marruecos legislar sobre el Sáhara Occidental?  No. ¿Puede Israel legislar sobre los Altos del Golán sirio o sobre Palestina?  No. ¿Puede Italia legislar sobre El Vaticano? No.  ¿Puede Turquía legislar sobre el norte de Siria o Irak? No.   ¿Puede Brasil legislar sobre la Amazonía de Bolivia?  No.  ¿Puede Inglaterra legislar sobre el sistema bancario de Suiza?  No.  Entonces, ¿por qué el Senado de EU y la Casa Blanca legislan sobre HK?

 

La reacción de China no se ha hecho esperar.  El vocero de la Cancillería, Geng Shuang, dijo que la medida del Senado fue una grave violación del derecho internacional y las normas de relaciones internacionales, la cual China “condena y se opone firmemente”.

 

De lo que se trata, a juicio del citado vocero, no es de los derechos humanos o la democracia, sino de “detener la violencia y el caos, defender el imperio de la ley y restablecer el orden lo antes posible”.

 

A pesar de estas advertencias, el presidente Trump ratificó la Ley y, en retaliación, el gobierno chino ha prohibido la entrada a HK de barcos militares de EU.

 

Pero no nos engañemos.  En HK no existe un movimiento izquierdista o antineoliberal contra el FMI o por una Constituyente como en Latinoamérica, como tampoco los “chalecos amarillos” de Francia, o un empoderamiento espontáneo de la ciudadanía, sino una conspiración paralizante o plan separatista subversivo dirigido desde Washington para debilitar el ascenso de China a la cúspide mundial.  

 

Julio Yao

Analista Internacional y ex asesor de política exterior.

Fuente: Rebelión

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