Mar 17 de diciembre de 2019 Medio Oriente

El rol de Francia en la crisis de Libia y Siria

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Análisis de la publicación por capítulos del libro Sous nos yeux, de Thierry ‎Meyssan, publicado ‎en español bajo el título De la impostura del 11 de septiembre a ‎Donald Trump. ‎Ante la ‎mirada de Red Voltaire, la gran farsa de las primaveras árabes. 

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El rol de Francia en la crisis de Libia y Siria
France 24

En esta ‎parte, el presidente francés Nicolas Sarkozy, manipulado por su amigo, el emir ‎de Qatar, y por su ministro proturco, Alain Juppé, mete el ejército de Francia en la ‎guerra contra Libia y contra Siria.‎

20- Inicio de la guerra contra Siria

Aunque Al-Jazeera termina todos sus reportajes en Túnez, Libia y Egipto preguntándose ‎‎¿cuándo ‎va extenderse el desorden a Siria?, habrá que esperar hasta el viernes 18 de marzo ‎de 2011 para ‎ver el inicio de la operación contra ese país. En Deraa, 4 personas mueren ‎durante una ‎manifestación. Las protestas se extienden en cuestión de días y la ciudad es puesta ‎bajo control ‎militar. Los enfrentamientos dejan más de 100 muertos y el centro de la ciudad ‎queda destruido. ‎

Según la televisión qatarí Al-Jazeera, la policía había arrestado en Deraa a varios niños por haber ‎pintado ‎consignas antigubernamentales en las paredes. Los niños detenidos supuestamente ‎fueron ‎torturados y los policías les habían arrancado las uñas. ‎

Más tarde es la ciudad de Homs la que se convierte en escenario de una gran manifestación, ‎que ‎también deriva en actos de violencia. Homs también será puesta bajo control militar. ‎

El 10 de mayo, Alemania, Francia, Holanda, Reino Unido y Suecia obtienen en la Unión ‎Europea ‎la adopción de sanciones contra Siria: prohibición de ventas de equipamiento destinado ‎a la policía ‎y sanciones contra 13 responsables del gobierno. Entre los sancionados se halla ‎Maher al-Assad, ‎comandante de la Guardia Republicana y hermano menor del presidente sirio. ‎

El 25 de mayo, Alemania, Francia, Portugal y Reino Unido tratan de lograr que el Consejo ‎de ‎Seguridad de la ONU adopte una resolución que pondría a Siria en la misma situación ‎que Libia, ‎pero fracasan. Sudáfrica, Brasil, la República Popular China, la India y la Federación ‎Rusa se ‎oponen a que la comunidad internacional dicte a la República Árabe Siria la conducta a ‎seguir en ‎sus asuntos internos. ‎

Es en ese momento cuando BaradaTV difunde fotografías del cadáver de Hamza Alí al-Khateeb, ‎un ‎niño de 13 años supuestamente torturado y castrado por los servicios secretos de la fuerza ‎aérea. ‎Según Al-Jazeera, el régimen tortura y asesina a los niños sirios.‎

El 31 de mayo y el 16 de julio de 2011, Francia, Qatar y Turquía auspician la organización de ‎dos ‎conferencias de la oposición política siria. La primera se desarrolla en Antalya y la segunda ‎en ‎Estambul. Esta última se denomina “Conferencia de Salvación Nacional”, en referencia al ‎‎“Frente ‎de Salvación Nacional” creado en 2007 por la Hermandad Musulmana. ‎

La conferencia de Estambul da lugar a la creación, en septiembre, del “Consejo Nacional ‎Sirio” ‎‎(CNS), siguiendo el modelo del Consejo Nacional de Transición libio que los occidentales ‎habían ‎presentado como alternativa creíble a la Yamahiriya Árabe Libia. Ambas organizaciones, ‎tanto la ‎libia como la siria, son conformadas por Francia con una serie de personalidades ya ‎seleccionadas ‎por la CIA desde hace años. Al igual que los libios del CNLT, los sirios del CNS ‎comienzan ‎inmediatamente a recibir un salario. La mayoría de los miembros de ambos grupos ‎pertenecen ‎también a la Hermandad Musulmana, etiqueta que casi nunca utilizan como miembros ‎de los ‎‎“consejos”, de manera que ambas organizaciones son presentadas como laicas. ‎El Consejo sirio se ‎halla bajo la presidencia de Burhan Ghalioum, profesor de Sociología en la universidad de París ‎Panthéon-Sorbonne y colaborador de la National Endowment for ‎Democracy (la conocida NED ‎estadounidense). La prensa se abstiene de divulgar el hecho que ‎este “gran laico” fue consejero de ‎Abassi Madini, el presidente del Frente Islámico de Salvación ‎‎(FIS) argelino durante su exilio en ‎Qatar. ‎ ‎

El 7 de junio, la televisión internacional France24, que depende del ministerio de‏ ‏Exteriores de ‎Francia, transmite en vivo una conmovedora intervención telefónica de la ‎embajadora de Siria ‎en París, Lamia Shakkour, quien anuncia su dimisión en protesta contra las ‎masacres en su país. ‎Aunque la directora adjunta de la redacción de France24, Renée Kaplan, jura ‎que la voz que sale ‎al aire es la de la embajadora siria –a quien la propia Renée Kaplan conoce muy ‎bien–, ‎en realidad quien habla es la esposa del periodista Fahd Al-Argha-Al-masri, y lo hace ‎desde ‎otro estudio de France24 [1]. ‎En perfecta coordinación con France24, el ministerio francés de ‎Exteriores entra ‎inmediatamente en contacto con todos los embajadores sirios en el mundo, les ‎anuncia ‎la “dimisión” transmitida en vivo de su colega Lamia Shakkour y los insta a que dimitan ‎también, ‎amenazándolos con que serán perseguidos por la Corte Penal Internacional. La ‎verdadera ‎embajadora de Siria en París protesta de inmediato y exige una rectificación de ‎France24, que, ‎por supuesto, se niega a rectificar. Cuando otra televisión, BFMTV, da finalmente ‎la palabra a ‎la embajadora de Siria, la mentira de France24 queda al desnudo sin que ningún ‎embajador ‎sirio haya cedido a las presiones. El Consejo Superior Audiovisual (CSA) –la autoridad ‎francesa de ‎la radio y la televisión que debe velar por el respeto de la deontología en ambos ‎medios, ‎autoridad cuyos miembros son nombrados directamente por el presidente de la ‎República, por ‎el presidente de la Asamblea Nacional y el presidente del Senado– no se tomará ‎nunca ‎el trabajo de investigar el asunto. ‎

El 4 de julio, Bernard-Henri Levy organiza en París una reunión de apoyo a la ‎oposición ‎democrática siria y al derrocamiento del tirano Bachar al-Assad. Bernard-Henri Levy ‎preside la ‎reunión en compañía del ex ministro de Exteriores sarkozista Bernard Kouchner y de ‎su futuro ‎homólogo hollandista, Laurent Fabius. Los tres invitan la clase dirigente francesa, ‎tanto de ‎derecha como de izquierda, a participar en esta iniciativa. Personalidades de derecha, ‎de izquierda ‎y varios ecologistas firman el compromiso. Nadie nota en la sala la presencia de ‎dirigentes ‎israelíes y de la Hermandad Musulmana. Todas las personalidades invitadas a unirse a ‎la ‎iniciativa creen actuar correctamente y nadie intuye las consecuencias de lo que acaba de ‎suceder [2]. ‎

El 8 de julio, los embajadores de Estados Unidos y Francia en Damasco, Robert Ford y ‎Eric ‎Chevallier, asisten a una manifestación en la ciudad siria de Hama [3]. El gobierno sirio convoca a ‎ambos diplomáticos ‎y los acusa de respaldar a la oposición y de estimular los desórdenes. ‎Defensores de la República ‎Árabe Siria protestan ante las embajadas de Estados Unidos ‎y Francia. Robert Ford acusa ‎descaradamente a los baasistas de haber atacado su representación ‎diplomática, sosteniendo que ‎en Hama la oposición no había recurrido a la violencia. ‎La secretaria de Estado Hillary Clinton ‎afirma que Assad «no es indispensable». En una ‎declaración de su presidente, el Consejo de ‎Seguridad de la ONU condena el ataque a las ‎embajadas. ‎

El 29 de julio, el coronel Riad al-Assad anuncia su deserción y la creación del ‎«Ejército Sirio ‎Libre‎»‎ ‎‎(ESL). Llama los militares sirios a unirse a él y a derrocar el ‎«régimen‎»‎. Pero todo es ‎una ‎operación montada por la DGSE francesa. El coronel Riad al-Assad fue seleccionado sólo ‎porque ‎su apellido se parece al del presidente Bachar al-Assad –la transcripción de ambos ‎apellidos al ‎alfabeto latino es exactamente la misma, pero en árabe no se escriben igual‎. ‎

Para identificarse, el ‎ESL recibe la ‎«bandera de la independencia‎»‎… que en realidad es ‎la bandera de la colonización ‎francesa, conservada por un tiempo después de ‎proclamarse la independencia de Siria. En esa bandera ‎figuran los 4 colores panárabes: el rojo ‎de Mahoma, el color negro de los Abasidas, el verde de los ‎Fatimidas y el blanco de ‎los Omeyas. Las tres estrellas rojas representan el gobierno de Damasco, ‎el de Alepo y el ‎territorio de los Nosairis –o sea de los alauitas. Los sirios conocen bien esa ‎bandera porque ‎aparece, desde 2006, en la serie más popular de la televisión local, ‎Bab al-Hara, ‎sobre ‎la historia de una pequeña localidad siria bajo la ocupación francesa. El siniestro ‎comandante de ‎la gendarmería que aparece en la serie tiene en su oficina la bandera del ocupante ‎francés y, ‎junto a ella, la futura bandera del ESL. ‎

Está en marcha la ‎«democratización»‎ del Medio Oriente ampliado. Al menos, eso parece. ‎Sin entender nada de lo que está pasando, Francia, ‎«patria de los derechos humanos»‎, ‎que ya ‎acaba de quedar en ridículo con lo sucedido en Túnez, cree que tiene absolutamente que ‎seguir la ‎corriente. ‎

21- Puntos comunes de las operaciones
contra Libia y Siria

El hecho que se asigne al “Ejército Sirio Libre” la bandera del mandato colonial francés y que ‎el ‎Consejo Nacional de Transición libio haya recibido la bandera del rey Idris demuestra ‎la existencia ‎de una repartición previa de los papeles entre las potencias occidentales. ‎Libia estaba destinada a ‎quedar nuevamente bajo la tutela británica y Siria bajo la de Francia. ‎

Al principio, Francia garantiza la propaganda occidental. El 5 de julio de 2011, France24, ‎la ‎televisión internacional vinculada al ministerio de Exteriores de Francia, recibe un ‎‎“mandato” ‎del Consejo Nacional de Transición libio para remediar la ausencia de administración ‎propia de los ‎opositores libios. Alain Duplessis de Pouzilhac, Presidente-Director general del ‎sistema Audiovisual ‎Exterior de Francia (AEF) y Mahmud Shammam, ministro de Información del ‎Consejo Nacional de ‎Transición libio, firman el acuerdo en una ostentosa ceremonia. Los ‎sindicatos de periodistas ‎franceses protestan ante esta toma oficial de partido en el tema libio, hecho ‎que viola la ética ‎profesional de la prensa [4]. A pesar de esas protestas, ‎el polémico acuerdo será ‎extendido en octubre –aunque más discretamente– al Consejo ‎Nacional de la oposición siria. ‎

A finales de marzo de 2011, surge una polémica entre el ministro francés del Interior, ‎Claude ‎Guéant, y el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, sobre el carácter de la guerra ‎contra ‎Libia, guerra que el ministro francés había comparado públicamente con una «cruzada». ‎La ‎polémica proporciona al ministro francés de Exteriores, Alain Juppé, la oportunidad para ‎negociar un ‎acercamiento con su homólogo turco, Ahmet Davutoglu. ‎

Desde los tiempos del rey Francisco I existe una larga y vergonzosa tradición de alianza ‎entre ‎Francia y los otomanos. En el siglo XVI, París, pasando por alto las divergencias ‎religiosas, se ‎dejó seducir por los “regalos” del sultán Suleimán El Magnífico. Corrupto hasta ‎la medula, el rey ‎francés Francisco I aceptó aliarse con el musulmán Suleimán –a quien incluso ‎se refería como su‏ ‏‎«padre»‎– en contra del Sacro Imperio germánico de los Habsburgo. En la ‎correspondencia que ‎intercambiaban, Suleimán llega a darse el lujo de humillar al monarca ‎francés llamándolo su ‎«wali ‎de Francia»‎, o sea su “gobernador”. Los ejércitos otomanos ‎llegaron a instalarse en el sur de ‎Francia y Francisco I transformó la catedral de Toulon ‎en mezquita para acogerlos allí. ‎

El Tratado Juppé-Davutoglu sigue siendo secreto, a pesar de que el derecho francés prohíbe ‎la ‎diplomacia secreta desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Por esa razón, ese tratado ‎nunca ‎fue ratificado por los parlamentarios franceses y carece de valor jurídico. ‎ ‎

El presidente Nicolas Sarkozy y su ministro de Exteriores Alain Juppé no pueden dar a conocer ‎ese ‎tratado sin exponerse, en el caso de Sarkozy, a ser destituido de inmediato por el Alto ‎Tribunal (la ‎Haute Cour), mientras que su ministro Juppé sería condenado por la Corte de Justicia de la ‎República. El problema es que el Tratado Juppé-Davutoglu prevé la participación ‎de Turquía en la ‎guerra que acaba de iniciarse contra Libia y en la guerra que va a comenzar ‎contra Siria. Turquía se ‎compromete a movilizar la población de la ciudad libia de Misurata –‎mayoritariamente ‎descendiente de soldados judíos del Imperio Otomano, los Adghams, y de ‎nómadas que se ‎dedicaban a la venta de esclavos negros, los Muntasirs, que en el pasado ya ‎habían respaldado a ‎los Jóvenes Turcos– para que ayude a la coalición internacional en el ‎derrocamiento de la ‎Yamahiriya Árabe Libia. Turquía se compromete también a movilizar las ‎poblaciones turcomanas ‎del norte de Siria para derrocar la República Árabe Siria. A cambio, ‎Francia se compromete ‎a respaldar la admisión de Turquía en la Unión Europea –a pesar de que ‎el presidente Sarkozy ha ‎prometido lo contrario a los electores franceses en su campaña ‎electoral. Pero lo principal es que ‎ambos países se comprometen a resolver el problema kurdo ‎sin afectar la integridad territorial de ‎Turquía. En otras palabras, pretenden crear –en ‎suelo sirio– un Estado independiente que ‎designarían como «Kurdistán»‎, y hacia donde serían ‎expulsados después parte de los kurdos de ‎Turquía. Es un proyecto absurdo ya que el Kurdistán ‎histórico está exclusivamente en Turquía. En ‎realidad se trata ni más ni menos que de un plan ‎de conquista contra Libia y Siria y de limpieza ‎étnica en Turquía.‎

De hecho, en 1936, el gobierno francés había negociado con el movimiento sionista la creación ‎del Estado de Israel, no en la Palestina bajo mandato británico sino en Líbano y Siria, ‎entonces bajo mandato francés. Judíos europeos crearían implantaciones a lo largo del Éufrates. ‎El ‎«Kurdistán»‎ se habría situado entre el Éufrates, Turquía e Irak. Aquel plan nunca fue ‎presentado a los parlamentarios ya que habría provocado la caída del gobierno del Frente ‎Popular. ‎

Es importante recordar aquí que el político francés Alain Juppé nunca vaciló en ayudar a ‎genocidas cada vez ‎que le pareció útil. En junio de 1994, Juppé organizó con Francois ‎Mitterrand la operación “Turquoise”, ‎durante las masacres perpetradas en Ruanda. Si bien ‎es cierto que en aquel momento se trataba ‎de crear una “zona humanitaria segura” para las ‎poblaciones en peligro, también se trataba, ‎principalmente, de usar esa cobertura –a espaldas ‎de las fuerzas armadas francesas– para que la DGSE ‎pudiera sacar del país a los genocidas. ‎

Combinando trabajo y beneficio personal, el gobierno de Erdogan se las arregla para que ‎el ‎empresariado turco haga un “regalo” a Alain Juppé. ‎

Paralelamente al acuerdo con Turquía, el ministro francés de Exteriores Alain Juppé pone ‎al ‎senador gaullista Adrien Gouteyron al frente de una misión sobre la situación de las ‎comunidades ‎cristianas del Oriente. El senador Gouteyron realiza largas visitas a las comunidades ‎cristianas del ‎Medio Oriente –exceptuando las de Siria– y concluye, de manera ‎nada sorprendente, que hay que ‎ayudar a los cristianos a mantenerse en sus países y también ‎mejorar la acogida que reciben ‎cuando emigran a Francia [5]. Sin saberlo, el senador está pavimentando así el camino ‎al ‎desplazamiento de las poblaciones maronitas ‎ [6]. ‎ ‎

A lo largo de su mandato presidencial, Nicolas Sarkozy se adapta, en la gran mayoría de los ‎casos, ‎a los intereses qataríes. El emir de Qatar es el individuo que más dinero maneja en todo ‎el ‎mundo y trata de conquistar un estatus de gran potencia internacional mediante la compra ‎de ‎personas y funciones. De esa manera logró instaurar la paz en Sudán y nombrar –pisoteando ‎la ‎Constitución del Líbano– al “presidente” libanés. Sabiendo que el presidente francés está obligado ‎a entregar al Estado los regalos de alto valor, el emir de Qatar ofrece al presidencial ‎matrimonio ‎Sarkozy todo tipo de atenciones y ventajas personales, como el pago de suntuosas vacaciones y el ‎uso permanente de uno de sus aviones privados.

Nicolas Sarkozy modifica ‎la Convención Fiscal ‎Franco-Qatarí de manera que la dispensa del pago de impuestos a la ‎embajada de Qatar se ‎extienda a todas las inversiones que el emir y los miembros de su familia ‎hacen en Francia. En ‎pocos años, los miembros de la familia al-Thani compran bienes ‎inmobiliarios por un monto de 5 ‎‎000 millones de euros, adquieren grandes hoteles y casinos y ‎entran en el capital de prestigiosas ‎empresas francesas, como Total, EADS y Areva. Compran ‎además un club de futbol –el París Saint-‎Germain– y crean en Francia varios canales de televisión ‎dedicados al deporte. La interesada ‎generosidad del emir de Qatar abarca todos los sectores de ‎la sociedad francesa. De ella se ‎benefician unos 50 parlamentarios de todos los partidos ‎políticos. El emir trata también, aunque ‎sin lograrlo, de hacerse del control de los barrios ‎periféricos musulmanes. Pero poco a poco va ‎comprando a la mayoría de los líderes políticos y ‎económicos de Francia, de manera que el ‎pequeño emirato tiene en el embajador francés ‎una especie de vocero qatarí en el Consejo de ‎Seguridad de la ONU y puede darse el lujo de utilizar a ‎su antojo las fuerzas armadas francesas [7]. ‎

(Continuará) ‎

Thierry Meyssan

Fuente: Votairenet

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