Lun 24 de febrero de 2020 Mundo

La tierra no se vende: los rusos se niegan a ceder un ápice de su territorio

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Rusia es un país enorme, y tres de sus territorios colindan con países que, por cuestiones históricas, podrían reivindicar su soberanía sobre ellos. Con el fin de preservar la integridad territorial, se han propuesto ciertas enmiendas a la Constitución para fijar el carácter indisoluble del territorio ruso.

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La tierra no se vende: los rusos se niegan a ceder un ápice de su territorio

Las enmiendas a la Magna Carta rusa se encuentran en la fase de discusiones preliminares. Por ahora se han celebrado varias mesas redondas del grupo de trabajo. En una de ellas participo el famoso actor ruso Vladímir Mashkov, quien sugirió agregar a la Constitución una enmienda que prohíba ceder territorios.
Si se aceptan las enmiendas, la Constitución prohibirá ceder territorios a terceros países y fortalecerá la integridad de la Federación de Rusia. De acuerdo con la Constitución vigente, el país garantiza la integridad de su territorio. Sin embargo, es un artículo poco conciso, si bien en resumidas cuentas determina que ninguna parte del país puede pasar a formar parte de otro Estado ni puede declararse independiente.
 

Según explicó el propio Mashkov, conversó con muchas personas de diferentes partes de Rusia y le expresaron su preocupación por el futuro de sus regiones, ya que algunas de ellas comparten frontera con otros países y, dice, corren ciertos riesgos. Según Mashkov, algunos politólogos extranjeros ven que no pueden reclamar territorios rusos mientras Putin siga en el poder.

Pero la situación puede cambiar si llega el día en que Rusia sea gobernada por una persona dispuesta a ceder tierra. La propuesta busca excluir esta posibilidad por completo y, de esta manera, atar las manos al mandatario que quiera traicionar los intereses nacionales.

Además, este proyecto puede considerarse un tributo a los soldados que dieron sus vidas por la independencia y la integridad del país.

Mashkov propuso no solo prohibir la entrega de territorios, sino también cualquier negociación sobre el tema con representantes de otros países. Esto es importante, puesto que es la única manera de que algún vecino de Rusia pueda hacerse con partes del territorio.
La configuración del orden mundial actual hace que se pueda excluir casi por completo la escisión de un territorio mediante una intervención militar contra Rusia, especialmente teniendo en cuenta que es una potencia nuclear.

El actor ruso también enumeró las regiones de su país que pueden encontrarse en peligro: las islas Kuriles, Crimea y la región de Kaliningrado —la mayoría de la población en las tres son rusos—. Dichos territorios corren el mayor riesgo de ser anexionados por parte de sus vecinos en el peor de los casos.

El objetivo hoy es evitar que suceda algo parecido a lo que ocurrió con la desintegración de la URSS. El presidente ruso, Vladímir Putin, aseguró que le gusta la idea de realizar este tipo de enmiendas en la Carta Magna.

Las Kuriles del sur
El primer territorio en la lista sin duda son las islas Kuriles, que pasaron a formar parte de la Rusia socialista en 1945 después de que las liberase el Ejército Rojo durante Segunda Guerra Mundial. Las islas durante largo tiempo pertenecieron tanto a Rusia como a Japón. Sin embargo, su estatus actual está sellado por los resultados de la guerra.

Actualmente Japón reclama la soberanía sobre Iturup, Kunashir, Shikotán y las Jabomai. En Japón estos territorios se consideran Territorios del Norte, y la mayoría de la población japonesa considera que estas cuatro islas pertenecen a su país.

En el país asiático existe un poderoso grupo de presión que promueve la idea de hacerse con el control sobre las Kuriles del sur. De hecho es una de las prioridades de la política exterior del Estado nipón. Si bien ya han pasado casi 75 años del final de la guerra, todavía no se ha firmado un acuerdo de paz entre Moscú y Tokio.
En todas las reuniones entre ambos países los diplomáticos nipones condicionan la firma del acuerdo de paz a la entrega de dichas islas o a una parte de ellas. El punto débil para la diplomacia rusa es la Declaración Conjunta soviético-japonesa de 1956. Según el documento, la URSS —liderada en aquel entonces por Nikita Jruschov— prometió entregar Shikotán y Jabomai a Japón.

El Gobierno de Jruschov esperaba que Japón se proclamara Estado neutral, pero Tokio entró en una alianza con Estados Unidos y el trato quedó fuera de la mesa.

Hoy Rusia insiste en que los resultados de la Segunda Guerra Mundial son inviolables y la aprobación de las nuevas enmiendas a la Constitución permitirá fortalecer esta posición y hacer frente a las ambiciones revisionistas de Tokio.

Crimea y Kaliningrado

Crimea se incorporó a la Federación de Rusia en 2014 tras celebrarse un referéndum en el que casi el 97% de los votantes apoyaron la idea.
Las autoridades ucranianas no reconocen los resultados del escrutinio y tacha la celebración del plebiscito de ilegal. Muchos países de Occidente apoyan la posición de Kiev y algunos incluso introdujeron sanciones económicas contra Moscú.

Teóricamente es posible que un presidente decida negociar con Ucrania, pero la principal condición de Kiev será la devolución de la península, algo que la población de Rusia no aceptará. Es posible que le ofrezcan a Rusia la anulación del régimen de las sanciones a cambio de la devolución de Crimea a Ucrania.

Pero esto sería una traición a más de dos millones de ciudadanos rusos que viven en la península, ya que la mayoría absoluta de ellos quieren que Crimea siga siendo parte de Rusia. Cualquier político que sugiera devolverla a Ucrania cometería un suicidio político. Las enmiendas a la Constitución eliminarían cualquier posibilidad de hacerlo efectivo.
Otro territorio que se encuentra en el grupo de riesgo es la región rusa de Kaliningrado, un enclave ruso en Europa que a menudo se considera por muchos en el Viejo Continente como la piedra en el zapato. Rusia ha acumulado un poder militar considerable en esta área para protegerla. La alta concentración de militares rusos en la zona no les conviene a sus vecinos.

En Polonia y Lituania —dos países con los que limita Kaliningrado— suenan voces a favor de anexionar este territorio ruso, si bien oficialmente nadie lo reclama. En realidad ninguno de los dos tiene derecho a reclamarlo, ya que nunca fue poblado por lituanos ni por los polacos.

La región de Kaliningrado antes de 1945 fue parte de Prusia Oriental, que después de la derrota de la Alemania nazi fue dividida entre Polonia y la URSS. Precisamente la parte que obtuvo la Unión Soviética pasó a denominarse la región de Kaliningrado.

Esto significa que si alguien propone cambiar las fronteras y cuestionar la soberanía de Rusia sobre Kaliningrado, surge la posibilidad de cuestionar las fronteras de Lituania y Polonia, quienes también se beneficiaron del cambio de límites después de la Segunda Guerra Mundial.

Alemania evidentemente no reclama la soberanía sobre estas tierras porque reconoce su papel en la guerra y acepta los nuevos límites. Debería ser una buena lección para Japón.

Fuente: Sputnik

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