Dom 12 de abril de 2020 Salud

"La salud no puede quedar en manos de empresas privadas cuyo objetivo es el lucro"

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El lunes la EMA (Agencia Europea del Medicamento) denunció la escasez de fármacos y la causa la pueden dar por sabida.

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"La salud no puede quedar en manos de empresas privadas cuyo objetivo es el lucro"

“Riesgo de escasez de fármacos por la epidemia de coronavirus”, titulaba El Español el 18 de febrero (1). Diez días después la FDA, la institución competente en Estados Unidos en alimentación y medicamentos, anunció la “primera escasez” de fármacos “por el brote de coronavirus que se originó en China” (2). La pandemia está causando tal cantidad de enfermos que las medicinas se agotan, lo que antes no sucedía.

La intoxicación mediática oculta detalles que, por sí mismos, son ilustrativos: el año pasado los veterinarios ya denunciaron la carestía de medicamentos para los animales. donde no hubo ni puede haber ningún pretexto de pandemia (3).

En plena crisis capitalista de superproducción, cuando todos los silos de petróleo del mundo están a tope de su capacidad, hay escasez de remedios, por lo que los precios suben y las grandes multinacionales farmacéuticas se llenan los bolsillos. Hay más enfermos que nunca y no llega para todos. Sobra de todo excepto medicamentos, porque vivimos en una sociedad enferma y hay que seguir produciendo fármacos sin parar.

Pero si no hay una “vacuna” para el coronavirus hay que preguntar por qué están medicando a los “enfermos del virus” y qué les están administrando. Ya se lo decimos nosotros: están sedando, tanto a los hospitalizados como a los recluidos en los geriátricos. La Sociedad Española de Medicina Intensiva ha pedido a los médicos que reduzcan la administración de sedantes. Los tienen anestesiados las 24 horas del día por la tensión a la que les han sometido. Los sedantes son, pues, el fármaco de moda y uno de los que más escasea. Vivimos en una sociedad anestesiada y dormida.

Ahora bien, todo lo que concierne al mercado sanitario tiene su trampa, lo mismo que la política sanitaria, porque la escasez de remedios ya se denunció antes de la histeria, aunque ya casi nadie se acuerda tampoco de aquello.

La carestía de fármacos es lo mismo que el colapso hospitalario. El Colegio de Farmacéuticos elabora listados semanales con los medicamentos que tienen problemas de abastecimiento al menos desde junio de 2017, pero entonces aquello no pareció importar a casi nadie (4).

La escasez no sólo concierne a la Unión Europea, sino al mundo entero. Es un problema “complejo”, decía el Boletín de la Organización Mundial de la Salud en 2012 (5).

En 2014 la AARP denunció la carestía en Estados Unidos, y merece la pena reproducir ahora algún fragmento a fin de que tomen buena nota de los extremos a los que está llegando la sanidad: “En algunas partes del país, equipos de atención médica han tenido que utilizar fármacos pasada la fecha de caducidad especificada por el fabricante. Para evitar que algunos medicamentos para tratar enfermedades que ponen en riesgo la vida desaparezcan por completo, la FDA ha permitido que fármacos que se conoce están contaminados permanezcan en el mercado. Desde que en 2009 la agencia encontró partículas de metal en medicamentos usados para tratar un grupo de enfermedades congénitas, por ejemplo, se permitió a la compañía seguir vendiéndolos, con una advertencia para los médicos para que inspeccionaran la solución y estuvieran al tanto de reacciones adversas. Cuando en el 2011 se encontraron partículas de vidrio en muestras de otra medicina —el fosfato de potasio inyectable— los médicos recibieron instrucciones para filtrar el medicamento con una aguja especial antes de agregarlo a la jeringa” (6).

En el 2011 la Associated Press documentó 15 muertes vinculadas a la escasez de medicamentos en Estados Unidos. Nadie sabe cuántas más ha habido, pero se iniciaron varias demandas exigiendo indemnizaciones por las muertes causadas.

Por lo tanto, la carestía de medicamentos es muy anterior a la histeria del coronavirus. Hasta el año pasado el desabastecimiento era puntual, pero a partir de entonces “se convirtió en un problema estatal de calado que afectó tanto a las farmacias como a los hospitales” (7). El año pasado la carestía se había duplicado en comparación con 2015 y el gobierno implementó un plan de choque.

La causa de la carestía es que la sanidad ya es privada desde hace mucho tiempo porque le llega impuesta al mundo por las grandes multinacionales farmacéuticas y sus tentáculos. No se puede hablar de defensa de la sanidad pública sin expropiar la farmacia, es decir, a las grandes empresas farmacéuticas. No hay salud pública sin socialismo. La salud no se puede dejar en manos de empresas privadas cuyo objetivo es el lucro, única y exclusivamente.

Fuente: MPR

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