Thu 21 de May de 2020 Noticias

Por la pandemia, los musulmanes vuelven a sufrir restricciones que no veían desde la Edad Media

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El coronavirus ha transformado la forma en que están viviendo el mes de Ramadán.

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Por la pandemia, los musulmanes vuelven a sufrir restricciones que no veían desde la Edad Media

En Jerusalén, la pandemia ha vaciado los espacios de la Mezquita de Al-Aqsa, el tercer sitio más sagrado del islam (Dan Balilty para The New York Times).

 

La última vez que a los fieles musulmanes no se les permitió entrar al complejo de la Mezquita de Al-Aqsa durante todo el mes del Ramadán fue cuando los cruzados controlaban Jerusalén en la Edad Media.

 

Pero la pandemia hizo lo que los siglos intermedios no pudieron: vaciar en gran medida los espacios a menudo abarrotados y caóticos del tercer sitio más sagrado del islam, donde los musulmanes creen que el profeta Mahoma ascendió al cielo.

 
“Me siento solo sin ella”, dijo Mohammed Suleiman, de Jerusalén, sobre la Mezquita de Al-Aqsa, hoy cerrada (Ammar Awad/Reuters).

“Me siento solo sin ella”, dijo Mohammed Suleiman, de Jerusalén, sobre la Mezquita de Al-Aqsa, hoy cerrada (Ammar Awad/Reuters).

 

La entrada restringida al complejo fue sólo un ejemplo de cómo la pandemia transformó la forma en que los musulmanes en el ente sionista y los Territorios Ocupados Palestinos experimentaron el sagrado mes de ayuno del Ramadán mientras lidiaban con las medidas de distanciamiento social.

 

En lugar de asistir a fiestas para romper el ayuno con miembros de la familia extendida y fumar pipas de agua en cafés atestados, los ciudadanos árabes de dentro de la ocupación y los palestinos pasaron gran parte de su tiempo en un aislamiento desagradable.

 

Parado en una de las entradas cerradas al complejo de Al-Aqsa, Mohammed Suleiman, un guardia de seguridad escolar de Jerusalén, contenía las lágrimas mientras hablaba de su deseo de orar en la mezquita.

 

“El Al-Aqsa está sano, pero nosotros no”, dijo Suleiman, apretando un tapete de oración verde y rojo. “Espero que podamos regresar pronto porque me siento solo sin ello”.

En abril, el Waqf islámico, el organismo religioso respaldado por Jordania que administra el complejo de la mezquita, decidió cerrar el sitio al público durante todo el Ramadán, citando preocupaciones de salud pública. El Al-Aqsa, que los judíos veneran como su lugar más sagrado y al que se refieren como el Monte del Templo, a menudo es el centro de tensiones entre israelíes y palestinos.

Recientemente, en uno de los pocos espacios grandes y abiertos cerca del complejo de Al-Aqsa, unos 30 fieles, incluido Suleiman, se reunieron para las tradicionales oraciones del viernes por la tarde, mientras mantenían una distancia de varios metros entre sí. Cerca, fuerzas de ocupación israelíes vigilaban.

Mientras que el Al-Aqsa estaba cerrado al público musulmán, los imanes que trabajan allí siguieron dando sermones en él, transmitiendo en vivo por Facebook las oraciones especiales nocturnas del Ramadán, conocidas como taraweeh, así como las oraciones vespertinas de los viernes. Decenas de miles de usuarios de redes sociales vieron las transmisiones.

“Noches de Ramadán desde Jerusalén”, una coalición de organizaciones israelíes y palestinas, creó un sitio web que incluye eventos virtuales diarios sobre el islam, el mes de ayuno y la cultura árabe, en árabe, hebreo e inglés.

Desde que empezó la pandemia, se sabe que más de 16.500 personas en el ente sionista se han contagiado y 264 han muerto. En Cisjordania y la Franja de Gaza, se han reportado 375 casos con dos muertes.

Aun así, varios palestinos y ciudadanos árabes dentro de la ocupación argumentaron que si los judíos podían orar manteniendo una distancia social en el Muro de los Lamentos, justo debajo de la mezquita, los musulmanes podrían hacer lo mismo en el complejo más extenso.

A principios de mayo, la ocupación aligeró las restricciones en el Muro de los Lamentos, permitiendo que hasta 300 personas fueran allí. Pero Omar Kiswani, el director de Al-Aqsa, defendió la decisión de mantenerlo cerrado.

“Durante el Ramadán, el Al-Aqsa no es como cualquier otro lugar aquí”, dijo. “Llegan decenas de miles y, a veces, cientos de miles de personas. Si permitimos que todos entren ahora, corremos el riesgo de infectar a toda nuestra sociedad”.

Si bien el cierre de la mezquita fue molesto para quienes solían rezar allí, lo que muchos más extrañaron este año fue una oportunidad durante Eid al-Fitr, el festival de tres días que marca el final de Ramadán. La ocupación por lo general permite que decenas de miles de palestinos de Cisjordania visiten sus ciudades durante el Eid al-Fitr, pero no emitió los permisos de viaje este año.

 

Clarín

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