Fri 19 de June de 2020 Mundo

Por Thierry Meyssan

¿Racismo y antirracismo para manipular‎?

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Las ideologías del antirracismo y del racismo se articulan alrededor de una misma falacia, ‎según la cual los humanos se dividen en razas diferentes que no pueden procrear ‎en común sin verse afectadas por problemas de salud.

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http://www.annurtv.com/nota/58571-opinion-racismo-y-antirracismo-para-manipular.html
¿Racismo y antirracismo para manipular‎?

La estupidez de tal afirmación ‎salta a la vista. Pero al ser interrogados al respecto, los defensores de ambas tendencias ‎sostienen que sólo pueden hablar en sentido figurado… antes de caer de nuevo en su ‎interpretación racial de la humanidad y de su historia. Desplegando una pasión muy ‎similar, racistas y antirracistas han servido los intereses de las potencias dominantes. ‎

Las comunidades humanas tienden generalmente a sobreestimar su propio modo de vida y a ‎desconfiar del modo de vida de otras comunidades. Para mantener la cohesión de su grupo, ‎algunos miembros de las comunidades –cualquiera que sea esta– tienden, como reflejo, a ‎rechazar a los nuevos elementos que llegan del exterior. A veces, después de conocerlos mejor, ‎acaban entendiendo que los recién llegados son personas similares a ellos mismos y eso hace ‎disminuir las tensiones. ‎

Lo anterior es la descripción de un mecanismo etnológico. Pero en los siglos XIX y XX ‎se agregaron a ese mecanismo dos ideologías o tendencias: el racismo y el antirracismo. En el ‎contexto del imperialismo británico y del desarrollo de la biología y de la genética, esas teorías ‎permitían justificar la jerarquía de una población sobre otra o la igualdad de derechos entre ‎poblaciones diferentes.‎

 

El racismo científico

Invocando las teorías de Charles Darwin (1809-1882) sobre la evolución de las especies, otro ‎británico, Herbert Spencer (1820-1903), planteó la existencia de razas humanas diferentes y afirmó ‎que la selección natural había llevado a la superioridad de los blancos. Era el inicio del ‎‎«darwinismo social». Un primo de Darwin, Francis Galton (1822-1911), estableció una serie de ‎comparaciones entre las razas y vinculó la tasa de fecundidad de las mujeres a la degeneración de ‎los individuos, lo cual le permitió “demostrar” la superioridad de los blancos sobre los individuos ‎con otros colores de piel… de paso también “demostró” la superioridad de los ricos sobre ‎los pobres. ‎

Un «consenso científico» estableció como premisa que de los contactos sexuales entre razas ‎diferentes nacían individuos con numerosos problemas o limitaciones. Por consiguiente, era ‎indispensable prohibir las relaciones sexuales entre individuos de razas diferentes, tan ‎indispensable como prohibir el incesto, en aras de preservar cada raza. Eso era el «eugenismo». ‎La aplicación de ese principio resultó ser extremadamente compleja ya que, sin importar cómo ‎se defina cada raza, no existen individuos racialmente “puros”, por consiguiente cada ‎situación está sujeta a discusión. En Estados Unidos, esa lógica llevó no sólo a la oposición a la ‎formación de parejas interraciales entre descendientes de europeos, miembros de los pueblos ‎originarios (los mal llamados «indios» o «pieles rojas»), negros y chinos sino incluso a ‎privilegiar a los blancos anglosajones por sobre los blancos no anglosajones (italianos, polacos, ‎serbios, griegos, etc.), lo cual se puso de manifiesto en la Immigration Act que estuvo en vigor ‎en Estados Unidos desde 1924 hasta 1965.‎

Por su parte, el Instituto Kaiser Wilhelm “demostró” que la preservación de la raza exigía no sólo ‎no reproducirse con individuos de razas diferentes sino que también había que abstenerse de toda ‎relación sexual de tipo interracial, aunque no se llegara a la reproducción. Supuestamente, aun en ‎el caso de la penetración anal, los genes de cada individuo se mezclan con los del otro, lo cual ‎‎“justificó” que los nazis prohibieran la homosexualidad. ‎

Hubo que esperar hasta la caída del nazismo y el inicio de la descolonización para que apareciera ‎un nuevo «consenso científico» y se tomara conciencia de la increíble diversidad existente en ‎cada una de las supuestas razas. Lo que tenemos en común con individuos de una raza ‎supuestamente diferente a la nuestra es mucho más importante que lo que nos diferencia de ‎individuos de nuestra misma raza supuesta. ‎

En julio de 1950, la UNESCO echó abajo las tesis del «darwinismo social» y del «eugenismo». ‎Simplemente, la humanidad surgió de varias razas diferentes de homo sapiens prehistóricos pero ‎se constituye de una sola raza cuyos individuos pueden reproducirse sin ningún peligro. ‎Por supuesto, no había que ser científico para darse cuenta de eso, pero las ideologías del ‎imperialismo y el colonialismo habían nublado temporalmente la claridad de los «sabios». ‎

El racismo jurídico

Mientras los científicos recuperaban su unidad, los juristas se dividían en dos maneras diferentes ‎de abordar el mismo tema. En este caso, la división no estaba determinada por las ideologías ‎imperialista y colonial sino por concepciones diferentes de la Nación. Para los anglosajones, ‎la Nación es una unión étnica –en el sentido cultural– mientras que para los franceses la Nación ‎es resultado de una opción política.
El principal diccionario político estadounidense contiene la siguiente definición: «Nación: Gran ‎grupo de personas que tienen un origen, una lengua, una tradición y costumbres comunes que ‎conforman una entidad política.» (“Nation: A large group of people having a common origin, ‎language, and tradition and usu. constituting a political entity”, Black’s Law Dictionary, 2014).
Por el contrario, desde la Revolución Francesa, Francia adopta la siguiente definición: «Nación: ‎Personalidad jurídica constituida por el conjunto de individuos que componen el Estado» (Nation: ‎‎«Personne juridique constituée par l’ensemble des individus composant l’État» (Decreto del rey ‎Luis XVI, 23 de julio de 1789).‎

La noción francesa de Estado es hoy prácticamente universal mientras que la de los británicos ‎la defienden sólo los anglosajones y los grupos que ellos mismos crearon en función de sus ‎intereses coloniales: la Hermandad Musulmana [1] y, en la India, la ‎Rastriya Swayamsevak Sangh (RSS) [2]. ‎

En definitiva, a pesar de los progresos de la ciencia, los británicos de hoy siguen viviendo bajo la ‎‎Race Relations Act 1976, o sea la “Ley sobre las Relaciones Raciales de 1976”, y bajo el ‎arbitrio de la Commission for Racial Equality, la “Comisión por la Igualdad Racial”, mientras que ‎los textos oficiales franceses utilizan la expresión «supuesta raza». En la práctica, unos y otros ‎no establecen diferencias «raciales» sino de clase social, en el caso de los británicos, y de ‎nivel social, en el de los franceses. ‎

El antirracismo

En Occidente, hoy existe una confusión entre antirracismo y antifascismo, a pesar de que está ‎demostrado que las razas no existen y de que tampoco existen las situaciones económicas que ‎dieron lugar al surgimiento del fascismo. Los grupos que hoy provocan brotes de violencia ‎en nombre del antirracismo y del antifascismo se presentan como elementos de la ‎extrema izquierda anticapitalista… pero están subvencionados por el especulador George Soros, ‎trabajan para la OTAN –protectora armada del capitalismo– y cuentan con entrenamiento militar. ‎

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se dio el lujo de señalar, en una conversación ‎telefónica con el presidente estadounidense Donald Trump, que la OTAN utilizó brigadas ‎internacionales “antifascistas” simultáneamente contra Siria y contra Turquía [3], precisamente los mismos «Antifas» que ahora coordinan los motines antirracistas en ‎Estados Unidos. ‎

En realidad, lo que hoy nos presentan como racismo y “antirracismo” son las dos caras de una ‎misma moneda. Ambos se basan en el mito de las razas, aunque ya sabemos que las razas ‎no existen. En ambos casos, se trata de una forma de conformismo a la moda. Los racistas ‎surgieron del imperialismo y del colonialismo, los “antirracistas” de hoy son fruto de la ‎globalización financiera. Su única utilidad común es ocupar el terreno para eclipsar las verdaderas ‎luchas sociales. ‎

Fuente: Voltairenet

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