Thu 25 de June de 2020 Mundo

La hegemonía estadounidense y el surgimiento de China

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“Conducir es difícil, porque no se trata solamente de conducir. Primero, se trata de organizar; segundo, de educar; tercero, de enseñar; cuarto, de capacitar, y quinto, de conducir”. J. D. Perón.

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La hegemonía estadounidense y el surgimiento de China

“La realidad es la única verdad”. J. D. Perón

 

“Observe los acontecimientos sobriamente; mantenga su posición; enfrente calmamente los desafíos; oculte su capacidad y gane tiempo; permanezca libre de ambición y nunca reivindique liderazgo”. Deng Xiaoping

 

“Si conoces al enemigo y te conoces, no debes temer el resultado de cien batallas. Si te conoces pero no conoces al enemigo, para cada victoria sufrirás una derrota. Si no te conoces y tampoco al enemigo, sucumbirás en cada batalla.” Sun Tzu

 

La Hegemonía Americana y el Ascenso de China

 

El fenómeno político, económico y militar más importante en la política internacional es la firme disposición de Estados Unidos de mantener su hegemonía mundial, su poder de Imperio, frente al ascenso y a la competencia china.

 

La hegemonía a nivel mundial es la capacidad de elaborar, divulgar y hacer aceptar por parte de la mayoría de los Estados, una visión del mundo, en que el país hegemónico es el centro; de organizar la producción, el comercio y las finanzas mundiales, de forma de captar para la sede del Imperio una parte más grande del Producto Mundial para uso de su población y muy especialmente de sus clases hegemónicas y de sus altos funcionarios; la capacidad de imponer la “agenda” de la política internacional; de tener la fuerza para punir a los Gobiernos de las “Provincias” del Imperio que se nieguen a aceptar o se desvíen de las reglas (informales) de su funcionamiento.

 

Ante este fenómeno, China ejecuta una estrategia de política externa con los siguientes objetivos:

evitar la confrontación militar con Estados Unidos;

asegurar fuentes diversificadas de materias primas para la economía china;

abrir mercados a las exportaciones y a las inversiones chinas;

no interferir en asuntos internos políticos o económicos de los países;

no imponer condicionalidades políticas o económicas a su cooperación;

fortalecer sus lazos con los países vecinos, especialmente con Rusia.

 

Ocho presidentes, de Nixon a Obama, ejecutaron una estrategia de compromiso, basada en la convicción de que “abrazando” a China política y económicamente, harían que ella se volviese gradualmente más capitalista, más liberal y más Occidental.

 

El énfasis en Asia (rebalancetoAsia-Pacific), slogan de la política externa de Obama, era sostenido por cuatro pilares: la asignación del 60% de la fuerza naval y aérea americana a Asia; la negociación de Trans-PacificPartnership, con exclusión de China; la explotación política de las disputas de China con sus vecinos; el mantenimiento del contacto con China.

La estrategia de Obama no sólo fracasó, sino que hizo aumentar las desconfianzas del Gobierno chino y lo estimuló a contrabalancear la acción americana con iniciativas, tales como la Asociación Económica Integral; el Área de Libre Comercio de Asia-Pacifico; el proyecto de Un Cinturón, una Ruta, y la creación del Banco de los BRICS y del Banco Asiático de Infraestructura.

 

Barack Obama fue sucedido en 2016 por Donald Trump, un “outsider” (extraño) en relación a la política y al Partido Republicano, y que provocó una transformación, inclusive emocional y voluntarista, en la conducción de la política externa americana y, especialmente, en cuanto a China.

 

Donald Trump identificó a China no sólo como rival, sino también como la principal adversaria económica, política y militar de Estados Unidos, que tiene que ser tratada con firmeza.

 

El abordaje de confrontación de Trump atrajo un sorprendente apoyo bipartito. Los empresarios americanos pasaron a quejarse de la transferencia forzada de tecnología y de los subsidios a las empresas chinas, que transformarían a la competición en imposible. Y los políticos pasaron a denunciar con más énfasis prisiones de activistas de derechos humanos y de liderazgos de minorías étnicas.

 

La estrategia de Donald Trump de decoupling (desconexión) de China para contención del crecimiento económico y político chino tiene como instrumentos:

eliminar el déficit comercial de EE.UU. con China;

impedir la transferencia de tecnología avanzada;

reducir la presencia de estudiantes chinos en EE.UU.;

impedir la adopción de la tecnología 5G de Huawei;

promover la vuelta de la producción industrial a Estados Unidos;

expandir el presupuesto y la presencia militar americana en Asia;

alinear a los países europeos con Estados Unidos contra China.

 

La comparación de algunos datos referentes a Estados Unidos (y al Imperio Americano) y a la República Popular de China, indica que esa disputa por la preservación y afirmación de la hegemonía americana todavía se prolongará por un largo período.

 

El PIB de Estados Unidos es de 21 billones de dólares y el PIB de la República Popular de China es de 13 billones. Si se suma el producto de Estados Unidos a los productos de las Provincias del Imperio más desarrolladas (Japón, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Canadá) este total será de 39 billones de dólares, cerca de tres veces el producto chino.

 

El PIB/hab. de Estados Unidos es de 52.900 US$/hab. y el de China es de 9.500 US$/hab.

 

La gama de recursos naturales de suelo y de subsuelo de Estados Unidos es mucho más amplia que la de China, lo que hace que esta última sea más dependiente del mercado y por lo tanto, más vulnerable.

 

El presupuesto anual militar de Estados Unidos es tres veces el de la República Popular. La red de 700 bases en el exterior de Estados Unidos, varias alrededor de China, es muy superior al número de instalaciones militares chinas en el exterior. La red de acuerdos militares de Estados Unidos en las Provincias no tiene paralelo con la red de China.

 

Las tierras cultivables, en hectáreas por habitante, en Estados Unidos son 0.480 y en China 0.078.

 

El insumo esencial (junto con el carbón) para generar energía para la industria en general; para la industria de fertilizantes; para la petroquímica; para la química fina; para los transportes es el petróleo. Estados Unidos tiene reservas de 19 mil millones de barriles y China de 16 mil millones; Estados Unidos produce 15 millones de b/d y China produce 4 mil millones de b/d.

 

La influencia cultural/ideológica/política de Estados Unidos es mucho más extensa que la china, lo que es posible constatar por la presencia aplastadora de productos culturales americanos en todas las Provincias (Estados), aún en comparación con la presencia de productos de países de cultura avanzada, como Francia, Gran Bretaña y Alemania. Esos productos culturales, divulgados por los medios de comunicación de masa y hoy también por la Internet, contribuyen para formar una visión favorable a Estados Unidos, como sociedad y como Estado. Por otra parte, la extensa red de sucursales de megaempresas multinacionales americanas hace que haya una comunidad de altos ejecutivos (nacionales locales) en cada Provincia, con vínculos profesionales con Estados Unidos. No ocurre nada de esto en relación a la República Popular de China, cuya influencia, sin embargo, tenderá a crecer a medida que su economía se desarrolla y se expande hacia el exterior, así como su poder militar y tecnológico. Las características del mandarín, escrito y hablado, y del inglés, afectan la difusión cultural y la posibilidad de influencia de China.

 

Tanto Estados Unidos, sede del Imperio Americano, como China, son altamente dependientes del comercio exterior como importadores y como exportadores, además del caso americano de los vínculos financieros, empresariales y tecnológicos, y así una creciente influencia de China en cada Provincia del Imperio afectaría la hegemonía y la capacidad americana de influir.

 

La disputa por la hegemonía en el escenario internacional está siendo afectada por las elecciones de 2020 en Estados Unidos, por la Pandemia, por los conflictos raciales en EE.UU., por la política americana de no cooperación con sus Aliados (Provincias) en el combate a la Pandemia.

La Pandemia será vencida con el descubrimiento de la vacuna; la solidaridad y los anhelos por un nuevo y humano capitalismo se disolverán; las elecciones americanas pasarán con la victoria de Republicanos o Democráticos, así como los conflictos raciales en Estados Unidos se amortecerán como en el pasado, pero la disputa por la hegemonía global no cesará.

* * *

 

El Sistema Internacional: una interpretación

 

La disputa por la hegemonía entre el Imperio Americano y la República Popular de China no se verifica en abstracto, sino en el contexto del sistema internacional.

 

En el sistema internacional coexisten un “mundo real” y un “mundo ideal”. Con más o menos intensidad y objetivo, los Estados, las sociedades, las economías, los organismos multilaterales, las megaempresas, las ONGs, las iglesias, todos participan de esos dos “mundos” que se mezclan, se influencian e interactúan.

 

El “mundo ideal”, que gira alrededor de las Naciones Unidas, es generado por los intelectuales de las clases hegemónicas, en especial del Imperio. Sus actividades son divulgadas por los medios de comunicación, estudiadas por los académicos y son objeto de atención de militantes pacifistas que, en este “mundo ideal” colocan sus esperanzas de Paz, de Desarrollo y de Justicia en el futuro de una Humanidad armoniosa y feliz. Esta es la expectativa para un mundo brillante pos COVID-19, donde empezaría la construcción de un capitalismo humano y solidario.

 

En el “mundo ideal”, los Estados son soberanos e iguales, aunque sumamente dispares en sus dimensiones, en su fuerza militar, en su capacidad económica, en su influencia cultural e ideológica.

 

Estados tan dispares crearon, por medio de negociaciones “libres”, como si integrasen una “comunidad internacional”, la Organización de las Naciones Unidas, en la Conferencia de San Francisco, en 1945.

 

Así proclaman que se rigen en sus relaciones políticas, económicas y militares por la Carta de las Naciones Unidas, en especial por los principios de respeto a las fronteras, de autodeterminación, de no intervención, de la falta de uso de la fuerza, de solución pacífica de controversias y de respeto al Derecho.

 

La Gran Depresión, el nazismo y la Segunda Guerra Mundial llevaron a que los Estados, “voluntariamente” les cediesen a las Grandes Potencias la tarea de asegurar la Paz y la Seguridad internacionales, mediante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para que la Humanidad no sufriese flagelos semejantes, poniendo en riesgo la sobrevivencia de la civilización (occidental).

 

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, organismo de naturaleza oligárquica, tiene la responsabilidad de mantener la Paz y la Seguridad y tiene el monopolio del uso de la fuerza. Ningún Estado puede usar fuerza, presión o coacción en sus relaciones con otros Estados, las cuales sólo se pueden usar por decisión del Consejo.

 

Los cinco Miembros permanentes del Consejo, Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia, tienen poder de veto y se encuentran, realmente, arriba de la Carta de la ONU, ya que no pueden estar sujetos a ninguna sanción, y del Derecho Internacional en la medida que pueden impedir cualquier acción contra sus intereses y, en la práctica, obedecen o no las decisiones del Consejo.

 

La Asamblea General sería el órgano de las Naciones Unidas, donde los Estados debatirían, de forma democrática, los temas de la actualidad. Propondrían soluciones y, a través de la formación de una “opinión pública mundial”, influirían sobre las políticas, iniciativas y decisiones de las Grandes Potencias. La Asamblea General, sin embargo, no pode debatir temas que estén en examen por el Consejo de Seguridad, que son los más urgentes e importantes, y sus resoluciones no son vinculantes ni para los Estados que las aprueban.

 

La Corte Internacional de Justicia arbitra las cuestiones que los Estados le someten a ella. Su composición contribuiría para resolver tales cuestiones por decisiones jurídicas, que serían imparciales y ecuánimes. Estados Unidos no acepta la jurisdicción de la Corte.

 

Las Agencias Especializadas de las Naciones Unidas hacen el estudio y comparación de datos nacionales, publican informaciones y estudios técnicos y proponen soluciones sobre temas específicos. Las Agencias organizan la negociación de acuerdos para disciplinar las relaciones entre los Estados en cuestiones de su competencia. Esos acuerdos serían teóricamente imparciales y equilibrados, sin que ninguna parte se beneficiase más que las otras.

 

El “mundo ideal” es objeto de construcción y desconstrucción por las Grandes Potencias, bajo el liderazgo del Estado imperial, que van creando nuevos instrumentos, nuevas teorías, para que este “mundo ideal” los auxilie en sus políticas y acciones en el “mundo real”. El concepto y la práctica de “derecho de intervenir” es una de esas “construcciones” recientes.

 

El mundo, descrito más arriba, es el “mundo ideal” de la diplomacia, en que los diplomáticos, en especial los diplomáticos de los Estados periféricos, creen y trabajan y en el cual luchan por la Paz, por la negociación de acuerdos y para evitar conflictos armados. Los diplomáticos del Imperio y de las Potencias actúan en este “mundo ideal” de acuerdo con sus objetivos en el “mundo real” y no se dejan engañar por la retórica pacifista.

 

Los ideólogos de la política internacional buscan, voluntaria o involuntariamente, ocultar la existencia del “mundo real”, donde operan las agencias de inteligencia y de subversión, inclusive utilizando todos los instrumentos de la guerra híbrida, con su perfidia, su violencia, su falta de respeto por la ley y por la ética, en auxilio de sus Estados en la disputa por hegemonía, riqueza y poder.

 

Eventos del “mundo real” muchas veces son desdeñados como frutos de “teorías de la conspiración”. Sin embargo, se sabe que el presupuesto, ostensivo, de CIA, Central Intelligence Agency, es de 15 mil millones de dólares y el de National Security Agency, la más sofisticada y secreta de las agencias americanas, es de 10 mil millones. Hay, por lo menos, otras diecisiete agencias americanas de inteligencia y cada gran Estado tiene la suya. Después de los atentados del 11 de septiembre, el Presidente Bush Jr. revocó leyes que les prohibían a los agentes americanos la contratación de criminales y el asesinato de líderes políticos, lo que revela el tipo de actividad en que se involucran esas agencias.

 

Entrelazado con el “mundo ideal”, donde no se cree que haya ni espionaje ni subversión, ni conspiración, donde los Grandes Estados son buenos y generosos y los pequeños estados colaboran y agradecen, existe el “mundo real” del Imperio.

 

En el “mundo real” existe el Imperio, con su centro en Washington, con sus Provincias (que son Estados nacionales) y sus Adversarios, Rusia y China. En el “mundo real”, los Estados traban una lucha diaria, que es la política internacional, donde ocurren presiones, represalias, sanciones, agresiones, crímenes, espionaje, desinformaciones, manipulación de la opinión, articulaciones, traiciones, persuasiones, subversión, cooptación en acciones para las cuales el ciberespacio es una amplia y poderosa área de actividad y de acción, cuyo objetivo es contribuir para la apropiación de una parte más grande del Producto Mundial en beneficio de su sociedad, y de Poder para su Estado, que asegure esa apropiación (y no para alcanzar Poder en abstracto).

 

El mundo siempre fue organizado por Imperios, nunca fue democrático ni nunca los Estados, especialmente las Grandes Potencias de cada época, aceptaron que los Estados eran iguales y soberanos, ni abdicaron del uso de su fuerza para defender y promover sus intereses.

 

Tanto el “mundo ideal” como el “mundo real” de nuestros días fueron creados por Estados Unidos y no por la “comunidad internacional”.

 

El actual Imperio es el Imperio Americano, que empezó a ser construido durante y después de la Segunda Guerra Mundial y que permanece en transformación diaria en la estrategia americana de mantener su hegemonía.

 

Al final de la Segunda Guerra, Estados Unidos ejercía una hegemonía militar absoluta, cuyo símbolo más grande era el monopolio nuclear; una hegemonía política, demostrada por la capacidad de organizar el sistema político mundial y de reorganizar el sistema político doméstico de los enemigos; una hegemonía económica y tecnológica, por haber doblcado su Producto Interno Bruto durante la Guerra y realizado un enorme avance tecnológico; una amplia y universal influencia ideológica, en competición con la visión comunista, en que el American Way of Life, optimista, alegre y próspero, había vencido la sombría visión nazista de la sociedad.

En el ejercicio de esa hegemonía global, Estados Unidos retomó el proyecto del Presidente Woodrow Wilson, de crear una organización de Estados nacionales, la Liga de las Naciones, aunque con dispositivos que asegurasen la perpetuación de su hegemonía.

 

Los objetivos de Estados Unidos en la pos guerra eran:

obtener la adhesión de la Unión Soviética, la segunda Potencia vencedora, a la ONU;

obtener la adhesión de los principales Aliados, Gran Bretaña y Francia, al sistema de Poder consagrado en la Carta de la ONU;

obtener la adhesión de todos los Estados a la Organización de las Naciones Unidas;

promover la desintegración de los imperios coloniales, en especial británico y francés, mediante la ONU y su IV Comisión, de descolonización;

conferirle a Estados Unidos el poder de impedir alguna acción político militar de la ONU y mantener su independencia para actuar unilateralmente;

mantener sus tropas estacionadas en Europa y en Asia;

desarmar permanentemente a sus más grandes competidores, Alemania y Japón, por medio de sus Constituciones nacionales;

impedir la difusión del conocimiento de la tecnología de fabricación del arma nuclear;

crear un sistema financiero internacional con el dólar como moneda de reserva y de uso general en las transacciones internacionales;

crear un sistema comercial mundial, basado en la cláusula de nación más favorecida, en el tratamiento nacional, en las tarifas y en su consolidación;

crear un sistema de encuadramiento, de monitoreo y de fiscalización de las economías nacionales mediante un organismo multilateral “exento”;

reconstruir las economías europeas para hacer frente a la URSS y a la influencia política soviética en Europa Occidental;

garantizar el acceso a los medios de comunicación de todos los países para poder participar en la construcción del imaginario social, político y económico en sus sociedades y Estados.

 

Sería difícil clasificar a Estados Unidos como sede de un Imperio decadente, cuando se enumeran las importantes victorias políticas, económicas, militares e ideológicas que alcanzó desde la Segunda Guerra Mundial:

la disolución de los Imperios Británico y Francés, a partir de 1957;

la victoria sobre el desafío cubano a partir de 1960, mediante la Alianza para el Progreso y la implantación de dictaduras militares “modernizadoras”;

la aceptación por todos los países de su proprio desarme nuclear y de conferirles a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad el oligopolio nuclear con el TNP, en 1968;

la apertura de China a las mega corporaciones multinacionales, a partir de 1979;

la retirada de las tropas soviéticas de Europa Oriental, en 1985;

la desintegración territorial de la Unión Soviética, en 1991;

la adhesión de Rusia al capitalismo, mediante el Programa de Choque del FMI, en 1995;

el ingreso de China y de Rusia en el FMI, en el Banco Mundial y en la OMC;

la adhesión al capitalismo y a la OTAN, de los países ex comunistas de Europa Oriental;

la inclusión en la OTAN, de los países de Europa Oriental y la ampliación de su capacidad de actuar, más allá de la zona definida en el Tratado;

la participación de Vietnam en las negociaciones de TranspacificPartnership – TPP (2015) y la apertura de su economía a las mega empresas americanas.

 

* * *

Difícilmente, el Imperio Americano, cuya dinámica se encuentra en su complejo industrial militar; en su red mundial de mega empresas; en su posición en las organizaciones internacionales; en sus alianzas con las clases hegemónicas de sus Provincias; en su disposición de hacer uso de la fuerza, de que el asesinato del General iraní Soleimani fue un episodio, asistirá, resignada y tranquilamente, a su propia decadencia y substitución por un mundo multipolar que surgirá de una nueva solidaridad humana creada por la Pandemia o por proceso histórico. El fin de la Pandemia ocurrirá con el descubrimiento de la vacuna y la tenue solidaridad se disolverá y no se debe comparar lo que ocurrió con imperios en el pasado, con la situación especial de Estados Unidos.

 

Es en este contexto que la política externa de Argentina y de Brasil, unidas como desearon Perón y Vargas, Kirchner y Lula, tiene que actuar con prudencia y firmeza, para conseguir, en base a su desarrollo y a la reducción de sus vulnerabilidades, la capacidad de ejercer su soberanía.

 

* * *

La principal característica del Imperio Americano es que él se define como antiimperialista, pacífico, a favor de la soberanía y de la cooperación entre los Estados. Sin embargo, asume el derecho a una excepcionalidad que sería necesaria, según Washington, para ejercer el liderazgo y la “defensa” de la comunidad internacional y, para ello, poder actuar, cuando lo considere necesario, incluso contra sus propias normas y principios.

 

El Imperio Americano trata como Provincias a los Estados, que llama de Aliados, Provincias que tienen distintos grados de importancia.

 

En un primer grupo de Provincias se encuentran Gran Bretaña y Francia, Potencias nucleares, miembros permanentes del Consejo de Seguridad y que participan de mecanismos de coordinación política y económica como el G7. También hacen parte de ese grupo Alemania y Japón, grandes potencias industriales y tecnológicas. Ese primer grupo se juzga merecedor de atenciones especiales de la Metrópolis y se “resiente” cuando el Imperio toma iniciativas sin consultarlo, sin embargo, rápidamente se conforma y se alinea.

 

Hay una Provincia que debe ser colocada en una clase especial, que ejerce gran influencia sobre la política interna y externa del Imperio, que es el Estado de Israel. El Estado de Israel es un Estado teocrático en que el pueblo judío tiene tratamiento especial y que se considera el único pueblo elegido por Dios, Jehová. El pueblo y los líderes americanos se identifican históricamente, mucho antes de la creación del Estado de Israel, con el pueblo judío, pues los Peregrinos habrían sido incumbidos de crear una Nueva Jerusalén, la Ciudad en la Colina. Las sectas neopentecostales americanas tienen lazos estrechos con Israel.

 

El Estado de Israel considera que es merecedor de tratamiento especial por haber sido perseguido el pueblo judío durante siglos, víctima de pogromos y de la Solución Final nazista, que mató a casi 6 millones de judíos en el Holocausto. Considera que sus fronteras “justas” y concedidas por Jehová son las definidas en el Viejo Testamento y no las definidas legalmente por las Naciones Unidas, y así no se retira de los territorios ocupados ilegalmente, en desobediencia a la decisión del Consejo de Seguridad. Israel tiene más de 100 ojivas nucleares, sin que haya ningún protesto de parte del Imperio; Israel recibe subsidio anual de 3 mil millones de dólares de Estados Unidos; cuenta con el apoyo americano en las Naciones Unidas y la cobertura de su inteligencia militar; moviliza una red de apoyo de organizaciones israelitas en los más diversos países y considera antisemita a aquellos que son antisionistas.

Un segundo grupo es integrado por los países nórdicos, Dinamarca, Holanda, Suecia, Noruega, Finlandia y tal vez allí se deba incluir a Bélgica. Estos Estados son de origen protestante y de etnia no latina, tienen altos niveles de renta, altos niveles de desarrollo humano y en sus políticas externas buscan estimular a los países subdesarrollados para que tengan comportamientos “respetables” en temas ambientales y de derechos humanos.

 

Un tercer grupo integrado por España, Portugal, Italia, Grecia e Irlanda, que no es latino sino católico. Cargan el estigma de haber sido “papistas”. Durante la crisis de 2008, eran denominados por el acrónimo PIGS (Portugal, Ireland, Greeceand Spain) lo que revela el desprecio poco disimulado de los países anglosajones por los europeos latinos. No obstante, este grupo recibe atención especial del Imperio debido a las comunidades que existen de inmigrantes y descendientes de esos países en Estados Unidos.

 

Un cuarto grupo es formado por los países de Europa Oriental, ex comunistas y en general, pro americanos, xenófobos, antisemitas y con regímenes políticos de derecha.

 

En todos los Estados (Provincias) que son miembros de la OTAN hay bases con soldados, armas nucleares y mísiles americanos, que forman un cinturón militar alrededor de Rusia.

 

El quinto grupo de Provincias es formado por los Estados (Provincias) árabes y musulmanes, que se divide en Provincias en la región del Magreb y Provincias del Oriente Próximo. Esos Estados poseen las principales reservas de petróleo del mundo y son grandes exportadores para Europa y Estados Unidos y grandes compradores de armas de última generación americanas. Allí se encuentran obstinados enemigos de Israel y al mismo tiempo, monarquías absolutas, enemigas de los Estados laicos y financiadores de actividades terroristas. Hay una profunda división entre Estados musulmanes de mayoría chiita y aquellos de mayoría sunita. Turquía ocupa una posición especial en este grupo, candidata permanente al ingreso en la Unión Europea e importante miembro de la OTAN.

 

Hay un sexto grupo formado por los Estados latinoamericanos, ex colonias, subdesarrollados, desarmados, permanentemente quejumbrosos de que Estados Unidos no les presta atención, no comprenden sus ansias y no atienden las solicitudes de recursos para financiar su desarrollo. Los centroamericanos y caribeños se distinguen de los sudamericanos por sus dimensiones y por tener grandes poblaciones de inmigrantes en Estados Unidos. México, como miembro del NAFTA, juzgaba que había conquistado un status especial, lo que no ocurrió, como relevó el Muro.

 

Un séptimo grupo de Provincias, en general objeto de aún menor atención y respeto de parte de la Metrópolis, es formado por los Estados africanos.

 

Los Estados de Asia forman un octavo grupo (especial) de Provincias que ha tenido relativo éxito en su desarrollo e inserción en la economía global. Muchos de ellos tienen vínculos especiales con el Imperio Americano como Corea del Sur, Filipinas e Indonesia, y con Estados Unidos tienen acuerdos militares. La creciente influencia china, económica y política, en la región los transforma en objeto de atención y preocupación para Estados Unidos, pero no los retira de la condición de Provincia. Australia y Nueva Zelandia tienen una situación especial en este grupo. Catorce de los países asiáticos son vecinos de China y entre ellos hay tres poseedores de armas nucleares.

 

La importancia de una Provincia para el Imperio varía de acuerdo con su proximidad e importancia en relación a conflictos, tensiones y situaciones políticas regionales. Esta importancia puede crecer mucho y más tarde, modificada la situación política, declinar y desaparecer.

* * *

Soberanía

 

La soberanía, en el lenguaje de Alberto Fernández, Presidente de la Nación Argentina, es multidimensional. El concepto se aplica a Argentina, pero también a Brasil y a todos los países periféricos.

 

La soberanía, cuyo titular es el pueblo, es el derecho de un pueblo de organizar social, política, militar y económicamente a su sociedad y a su Estado de acuerdo con su historia, con sus valores, con sus objetivos, con sus aspiraciones, con sus experiencias.

 

El ejercicio efectivo y no apenas retórico de la soberanía, depende del potencial del país y de las vulnerabilidades de naturaleza política, económica, tecnológica, militar, ideológica a que está sujeta su Sociedad.

 

El objetivo de los Imperios siempre fue impedir el ejercicio de la soberanía por parte de sus Provincias o limitar su “autonomía”.

 

En el Imperio, el ejercicio de plena soberanía es exclusivo de la Metrópolis y vetado a las colonias.

 

En el Imperio Americano, que se inaugura en 1945, Washington estableció reglas, informales, a ser obedecidas por los gobiernos de las Provincias, formalmente Estados nacionales, soberanos e iguales, miembros de las Naciones Unidas, so pena de punición y que realmente limitan su soberanía.

Esas reglas son flexibles, dependiendo de la ubicación geopolítica de la Provincia, del momento político internacional, del momento nacional y del momento político del Gobierno de la Provincia.

 

Esas reglas son:

tener una economía capitalista, de Mercado, consagrada en la legislación;

tener una economía abierta del punto de vista comercial;

tener un grado mínimo de intervención del Estado, como regulador y empresario;

dar tratamiento igual a las empresas de capital local en relación a las extranjeras;

no ejercer control sobre los medios de comunicación de masa;

tener régimen político de pluralidad partidaria y elecciones periódicas;

no celebrar acuerdos, en especial militares, con Rusia y China, y provincias en rebelión;

apoyar las iniciativas de política internacional del Imperio;

respetar los derechos humanos tradicionales (políticos y sociales);

no restringir la acción de ONGs extranjeras.

 

Pasaron a perfeccionarse todas las técnicas de guerra híbrida (ONGs, activistas, interferencia en elecciones, “agentes” externos) en la periferia del Imperio para implementar esas reglas y derrumbar Gobiernos que las contrarían.

 

* * *

En ciertos momentos, debido a circunstancias políticas, económicas o sociales, el Gobierno de una Provincia emprende iniciativas que contrarían una o varias de las “reglas” del Imperio y surge así una Provincia “rebelde”, un Estado paria, clasificado como tal por la Metrópolis.

 

La campaña política/económica/mediática para promover el cambio de régimen (regime change), es decir, para promover un golpe de Estado para derrumbar un Gobierno que Estados Unidos (el Imperio) considera “hostil”, incluyen la financiación de grupos de oposición y sanciones económicas unilaterales y se desarrolla en varias etapas (que se van sobreponiendo) de denuncia del Gobierno “hostil” por los grandes medios de comunicación regional y mundial, con el auxilio de la Academia.

 

Los mecanismos del Imperio para someter al Gobierno rebelde se mueven de forma coordenada y muy semejante en todos los casos, en el contexto de una operación de guerra híbrida. El Imperio acusa al Gobierno de la Provincia “rebelde” de:

ser una dictadura cruel;

ser un gobierno corrupto;

tolerar y patrocinar al narcotráfico;

oprimir a su población con violencia;

no cumplir sus compromisos internacionales;

sofocar la libertad de prensa;

detener y torturar opositores;

causar el hambre de la población más pobre;

ser una amenaza militar al Imperio;

ser una amenaza militar a los Estados vecinos.

 

Las tácticas de la estrategia de control de la Provincia rebelde y para derrumbar a su gobierno (regime change) se hace mediante:

denuncias de ONGs;

“estudios” peyorativos de organismos internacionales y su divulgación;

fomento político y financiero a grupos de oposición;

campaña de desinformación de los medios de comunicación internacionales;

denuncias de ex integrantes del Gobierno de provincia rebelde;

sanciones económicas unilaterales (e ilegales).

 

Las cuatro provincias rebeldes más notables en este momento, que son Cuba, Venezuela, Irán y Corea del Norte, no presentan ninguna amenaza militar o económica al Imperio, pero son, lo que es importante, un “mal ejemplo” para las demás Provincias, al buscar seguir políticas de desarrollo autónomo soberano y no subordinado.

 

Esa estrategia de propaganda y de regime change tiene por objeto crear el “clima de opinión” para la aprobación de sanciones del Consejo de Seguridad y eventualmente de autorización para una intervención humanitaria, que sería una “obligación” de la comunidad internacional.

 

Una forma de deponer al Gobierno de una Provincia “rebelde” es la formación de una fuerza multilateral de países vecinos que se considerarían “amenazados” por el gobierno dictatorial y agresivo de la Provincia rebelde. Otra forma, hoy más utilizada por el Imperio, es la guerra híbrida y su componente de lawfare.

 

El objetivo de la guerra híbrida es derrumbar al Gobierno meta por acciones de desestabilización, a partir de la explotación de conflictos y tensiones de identidad, estimuladas por agentes extranjeros.

 

Al iniciar una campaña de la guerra híbrida, es necesario tener las mayores informaciones posibles sobre las vulnerabilidades del objetivo en relación a cuestiones étnicas, religiosas, históricas, de fronteras, disparidades sociales y económicas.

 

La creación de la narrativa es fundamental y puede utilizar fakenews, perfiles automáticos (bot) para crear cibercascadas.

 

Las operaciones de la guerra híbrida usan las técnicas del ciberespacio para movilizar sectores de la población mediante ONGs y promover manifestaciones contra el Gobierno meta.

 

* * *

 

La Estrategia del Imperio

 

La idea de que los Estados luchan para adquirir una noción abstracta denominada Poder no es aclaradora y transforma la acción de los Gobiernos (de los Estados) caracterizada por la irracionalidad.

 

En la política internacional, un Estado tiene como objetivo (aunque no sea explícito e incluso disimulado) aumentar su participación en el PIB mundial y lograr así un nivel más elevado de bienestar para su población (o para sus clases hegemónicas); alcanzar mayor capacidad de influir en las discusiones internacionales y proteger en ellas sus intereses, sea en organismos internacionales y regionales, o en relaciones bilaterales; garantizar capacidad de defensa frente a adversarios; garantizar el acceso a recursos y a mercados. Cuanto menor sea el poder político, económico y militar de un Estado y mayores sus vulnerabilidades, estos objetivos serán más difícil de alcanzar.

 

Los objetivos de una estrategia en su aplicación pueden llegar a rebelarse irreales o imposibles de alcanzar, pero ellos abarcan siempre una racionalidad previa de objetivos, es decir, conseguir ventajas económicas o políticas que faciliten, o que sean necesarias, para conseguir ventajas en el sentido más amplio de la palabra. Aún en una guerra dinástica, el conflicto abarca objetivos económicos que las partes en disputa y aquellos que cercan a los pretendientes desean usufructuar en caso de victoria. La lucha no es por el trono, sino por aquello que significa el trono en términos de su poder legal de destinar ventajas económicas.

 

La definición de la estrategia a ser seguida debe tener inicio con la formulación de una visión del mundo, una visión del enemigo o adversario y una visión de sus propios recursos y situación. Apenas una visión, pues las informaciones ni siempre existen, ni siempre son completas, ni siempre son verdaderas.

 

En primer lugar, la visión del propio Estado y de la propia Sociedad. Esta visión es más precisa, pues las informaciones son más amplias, más disponibles y menos deformadas, sobre los recursos naturales, de capital, de población, de los hombres y equipos militares, de las vulnerabilidades, de las posibles alianzas.

 

En segundo lugar, la visión es la evaluación de los recursos naturales, de los recursos de capital, de la calidad de los estrategas, de los liderazgos y de las personalidades, de los recursos militares, en hombres y equipos, de los objetivos previstos de la estrategia del enemigo o adversario.

 

Con razonable conocimiento de esas informaciones y la formación de esa visión general, se pueden formular las diversas etapas de una estrategia de ataque o de defensa frente al enemigo (o adversario).

 

El plan estratégico trata permanentemente con la inseguridad. La concepción estratégica vive entre la inseguridad y la sorpresa.

 

* * *

La existencia de una estrategia de carácter hegemónico y global del Imperio Americano, no significa que ella tiene o que tendrá éxito en alcanzar su objetivo.

 

El Imperio Americano desarrolla una estrategia global, cuyo objetivo es mantener su hegemonía, su capacidad de apropiarse de una parte más grande del Producto Mundial, en beneficio de sus clases hegemónicas, mediante un sistema económico, político y militar que organizó y lidera.

 

Esa estrategia tiene facetas económicas, tecnológicas, políticas, militares e ideológicas.

 

La estrategia del Imperio en relación a sus Provincias es distinta de su estrategia en relación a los Estados Adversarios, China y Rusia.

 

La estrategia de preservación de la hegemonía política en relación a las Provincias, utiliza los siguientes instrumentos:

entrenamiento de elites civiles y posibles futuros líderes;

divulgación y defensa de las reglas que deben seguir los gobiernos de las Provincias;

organización de seminarios y programas para periodistas;

defensa de libertad de acción para las ONGs;

defensa de la libertad de acceso a la Internet;

financiación de organizaciones políticas;

la práctica del lawfare y la cooperación con jueces de las Provincias;

el énfasis en la lucha contra la corrupción;

el énfasis en relaciones políticas bilaterales y no multilaterales;

acción para impedir la formación de alianzas regionales entre Provincias;

generación de fricciones de la Provincia con China y Rusia, y la difusión de propaganda anti China y anti Rusia.

 

La estrategia de preservación de la hegemonía económica del Imperio Americano sobre las Provincias utiliza los siguientes instrumentos:

promover la aceptación por las clases hegemónicas locales, de la visión tradicional de la División Internacional del Trabalho entre productores primarios y productores industriales, especialmente en el caso de las Provincias subdesarrolladas;

promover la incorporación de las Provincias subdesarrolladas en la economía americana mediante acuerdos de libre comercio;

promover la reducción unilateral de tarifas industriales;

promover el cumplimiento de las diez reglas del Consenso de Washington, especialmente por las Provincias subdesarrolladas;

organizar programas de formación y entrenamiento de economistas;

fragilidad de las grandes empresas de una Provincia.

 

La estrategia de preservación de la hegemonía tecnológica del Imperio Americano utiliza las siguientes políticas:

impedir la difusión del conocimiento tecnológico mediante más protección a la propiedad intelectual en el orden internacional y en la legislación de las Provincias;

promover el reclutamiento de científicos de las Provincias para trabajar en Estados Unidos;

promover el reclutamiento de estudiantes excepcionales para su “absorción” en la sociedad y economía americanas;

expandir el sistema educativo y cultural americano en las Provincias.

 

La estrategia de preservación de la hegemonía militar del Imperio Americano se realiza por medio de las siguientes políticas:

promover el desarme nuclear y la limitación de la industria nuclear en todas las Provincias;

promover la negociación de acuerdos de desarme de armas convencionales;

estimular la transformación de las Fuerzas Armadas, especialmente en los países periféricos, en fuerzas policiales;

entrenar a los oficiales militares de alto rango en la Doctrina y uso de equipos militares americanos;

desestimular el desarrollo local de industria bélica;

vender armas de segunda generación a precios reducidos.

 

La estrategia del Imperio para mantener su hegemonía cultural se realiza por medio de las siguientes políticas:

impedir la adopción de legislación por las Provincias de protección a su cultura nacional y a su industria cultural;

mantener libre acceso de sus productos culturales (filmes, libros, música, etc.) a los medios de comunicación de masa en las Provincias;

expandir el sistema de difusión de la cultura americana por medio de institutos de idiomas y de programas de intercambio.

 

* * *

Del lado de afuera del Imperio se encuentran sus Adversarios: la República Popular de China y la República Federativa Rusa.

 

Estos Estados Adversarios son descritos en los documentos oficiales del Imperio como “enemigos terribles”, “revisionistas”, cuya intención es destruir a Estados Unidos y al Mundo Libre y sus valores sociales, políticos y económicos.

 

La estrategia de Defensa Nacional de 2018 afirma que China y Rusia son “potencias revisionistas” que buscan “construir un mundo consistente con su modelo autoritario – ganando poder de veto sobre las decisiones económicas, diplomáticas y de seguridad de otras naciones”.

 

Esta designación de “enemigos” es necesaria para justificar, a los ojos de la población americana, de los tax-payers, los gastos con armamentos que benefician a las empresas y a las estructuras militares del complejo industrial militar, y el subsidio, a veces a fondo perdido, a empresas para realizar programas de investigación y desarrollo científico y tecnológico, justificado y legalizado con el argumento de “seguridad nacional”.

 

No obstante, China y Rusia, siempre acosadas por el Imperio, directa o indirectamente, ostensiva o de forma subrepticia, conocedoras de su fuerza económica, política, militar e ideológica, actúan con cautela y no demuestran intención de “derrumbar” el actual sistema de normas internacionales, sino de participar de él en mejores posiciones en los sistemas de decisión.

 

* * *

La estrategia del Imperio Americano en su disputa con Rusia y China se hace por medio de las siguientes políticas:

estimular su desintegración territorial mediante la financiación de organizaciones separatistas;

establecer una red de acuerdos militares con Estados vecinos de Rusia y de China y establecer bases en esos Estados;

promover manifestaciones de reivindicación política de democracia y libertad de expresión;

dificultar acuerdos de Rusia y China con Provincias desarrolladas o subdesarrolladas;

financiar ONGs de defensa de derechos humanos.

 

La estrategia de Rusia y de China para enfrentar el Imperio Americano tiene los siguientes aspectos principales:

reducir sus propias vulnerabilidades;

no defender una Nueva Orden Internacional;

buscar ocupar cargos importantes en los organismos internacionales;

reforzar sus lazos recíprocos de cooperación, especialmente con los Estados vecinos y la Iniciativa de la Ruta de la Seda y del Cinturón;

crear entidades “paralelas”, como son el NDB y el Banco Asiático de Infraestructura, para ofrecerles mejores condiciones a las Provincias subdesarrolladas;

contrastar una política de defensa de autodeterminación y no intervención con la política de control de la soberanía ejercida por el Imperio;

ofrecer la cooperación técnica y financiera para la industrialización;

reforzar lazos de cooperación con los países de Europa Occidental.

 

* * *

Cuanto menores sean las dimensiones de territorio y por lo tanto, la gama de recursos del suelo y de población y por lo tanto, el mercado potencial de una Provincia, sus vulnerabilidades serán más grandes y por lo tanto, su dificultad en alcanzar una soberanía más plena.

 

Los grandes Estados de la periferia, que son Provincias subdesarrolladas, tienen más posibilidad de ampliar su soberanía y para ello deben desarrollar, con prudencia y firmeza, una estrategia basada:

en el desarrollo e industrialización de sus recursos naturales;

en la reducción de sus vulnerabilidades:

económicas, por la diversificación de sus exportaciones, en términos de productos y destinos, y de importaciones, en términos de origen; y reducción del endeudamiento externo;

tecnológicas, por el desarrollo de su fuerza de trabajo, científica y tecnológica, orientada para la investigación sobre su industrialización;

políticas, por la coordinación de su política externa con otros grandes Estados de periferia, principalmente aquellos vecinos;

militares, por la construcción paulatina de la industria bélica;

ideológicas, por la diversificación del entrenamiento en el exterior y creación de centros de formación en el país.

 

Si no existe la ejecución sistemática y persistente de una estrategia con esos objetivos, cualquier ejercicio de soberanía estará predestinado al fracaso.

 

15 de junio de 2020

 

Samuel Pinheiro Guimarães, Secretario General de Itamaraty (2003-09), Ministro de Asuntos Estratégicos (2009-10)

Fuente: Alainet

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