Tue 30 de June de 2020 Mundo

¿Prepara Estados Unidos una guerra biológica o química contra Venezuela?

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Durante muchos años Estados Unidos trabaja para poner sus manos en una de las regiones más ricas en biodiversidad y de una amplia gama de recursos minerales.

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¿Prepara Estados Unidos una guerra biológica o química contra Venezuela?

Durante muchos años Estados Unidos trabaja para poner sus manos en una de las regiones más ricas en biodiversidad, de una amplia gama de recursos minerales, poseedora de una de las mayores reservas de agua del mundo,  la Amazonia, un vasto territorio que se reparten  Brasil, Perú, Ecuador y otros países del área.

El denominado Plan Colombia durante años fue considerado la punta de lanza en las proyecciones geopolíticas del Pentágono, y lejos de ser un plan de ayuda para que los colombianos eliminaran sus cultivos de materia prima para las drogas que invaden territorio estadounidense, y apoyar al desarrollo de ese país, su trasfondo es establecer el control de los recursos de la Amazonia y socavar a los movimientos progresistas de la región, tanto en Venezuela como en Ecuador, entre otras naciones.

Colombia  así como Brasil resultan dos centros neurálgicos en los planes de Washington, y no hay que olvidar que durante años militares estadounidenses trabajan con objetivos desconocidos, aparentemente,  en siete bases en territorio colombiano.

Malambo, Atlántico; Palenquero en el Magdalena Medio; Apiay, Meta; las bases navales en Cartagena; Bahía Málaga en el Pacífico; el centro de entrenamiento en Tolemaida y el Fuerte militar Larandia en Caquetá, conforman el esquema colombiano, según describió el periodista  Rodrigo Bernardo Ortega, en una aproximación al tema y que fue publicado en el sitio web  CONTRAINFO.COM.

Ortega alerta que en cualquier momento los estadounidenses pueden invadir Colombia pues la presencia de sus efectivos está asegurada en los cuatro rincones de ese país.   Sin embargo, en lo inmediato, Venezuela puede ser el objetivo primario con acciones que pudiera partir del departamento del Meta.

El analista se aproxima a la presencia yanqui en el occidente de la nación cafetera donde no descarta el control de los puertos del Pacífico y en el sur en Caquetá, muy cerca de la Amazonía donde existen planes para hacerse con las fuentes de agua y la creación de enfermedades vía laboratorio.

Señala el articulista que bajo el risible argumento de la lucha contra el narcotráfico, los militares estadounidenses  prueban “peligrosas armas biológicas en territorio colombiano”. 

Amparado por el aspecto militar del Plan Colombia, uniformados y científicos hicieron de ese país un gran laboratorio donde trabajan con productos químicos y biológicos capaces de eliminar poblaciones y crear enfermedades incurables.

Cita Ortega la introducción y uso de sustancias nocivas para los cultivos como el hongo patógeno Fusarium, componente considerado como un “agente biológico para la guerra” cuyos efectos son irreversibles, según señala el sitio www.ecoportal.net.

Luego de presiones y denuncias que apaciguaron su utilización, en los últimos tiempos se reactivó el uso del glifosato y otros agentes químicos que no solo afectan cultivo sino también causaron ya la muerte de muchos campesinos colombianos, simples cobayas de los experimentos del Pentágono, de lo que son cómplices gobiernos como el del presidente Iván Duque.

Estos experimentos en Colombia son ignorados por los grandes medios de prensa, tal vez porque detrás de ellos se oculta un plan de agresión con armas químicas o biológicas contra la vecina Venezuela.

Como parte del “mutuo entendimiento” entre Bogotá y Washington llama la atención la frecuente entrada y salida de aviones estadounidenses a las bases militares, y según observadores en el área eso es parte de los trabajos y el acarreo de productos para los laboratorios que desarrollan armas bioquímicas que pudieran ser usadas contra Venezuela y que no requerirían de amplios despliegues de fuerzas militares sobre el territorio de ese país.

Plantea Ortega en su exposición “el hermetismo con que se maneja el tema” y la imposibilidad de entrada a ciertos puntos de la geografía nacional colombiana considerados “sensibles” para el gobierno de Estados Unidos.

Hace algunos meses, a finales de 2017, Brasil permitió el  desarrollo en su territorio, en la Amazonia, de un ejercicio presuntamente para socorrer a alguna nación del área ante una “crisis humanitaria”, lo que entonces fue visto  como parte de los planes de agresión contra Caracas. En ese ejercicio participaron militares de varios países, entre ellos, colombianos, estadounidenses, brasileños y “observadores” de países de la OTAN e Israel, con un gran desarrollo en la producción de armas químicas y biológicas.

Algunos medios alternativos que cubrieron estas “practicas”  evidenciaron que bajo el pretexto de la “protección del ambiente y el mantenimiento de la seguridad” fue recreado un escenario para lanzar una guerra biológica silenciosa pero efectiva, contra Venezuela, algo posible dadas las ambiciones del presidente Donald Trump de “colonizar” a Venezuela, y más cuando hace algún tiempo fue publicado un mapa en Estados Unidos que reflejaba los bosques amazónicos de Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador y Colombia, eran propiedad estadounidense.

AmazonLog 17,  liderada por el ejército brasilero e inspirada en una actividad similar realizada por la OTAN en Hungría (2015), en la que Brasil participó como observador, aun suena como un anticipo de lo que puede pasar.

De acuerdo con la BBC, la operación se dio en el marco de nuevos acuerdos entre las Fuerzas Armadas de Brasilia y Washington que pretenden “reaproximar” y “estrechar” las relaciones militares de los dos países, algo que se encargó de afianzar el ex capitán y actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, cuando visito en Estados Unidos a su mentor Trump.

No es descabellado pensar que ya está en marcha el plan del Pentágono contra los pueblos de Colombia, Brasil, Perú, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Surinam, Guyana Inglesa, Guyana Francesa, que tienen partes del llamado pulmón del mundo.

En esa proyección entran los agentes biológicos que se utilizan como armas para ocasionar daños en circunstancias de guerra biológica y bioterrorismo, por ser de forma potencial el arma más destructiva conocida por la humanidad que implica aspectos políticos, económicos, científico-tecnológicos, jurídicos y psicológicos.

Aun cuando el mundo dio pasos para proscribir el uso de armas químicas y bilógicas, los peligros existen por la utilización ilegítima de los agentes biológicos, al inicio con fines bélicos o criminales y en la actualidad con fines terroristas. 

Las armas biológicas hacen uso de organismos o toxinas vivientes para enfermar o matar a personas, animales y plantas, por tanto se trata de un material o vector que proyecta, disemina o dispersa un agente biológico. 

Una mirada al arsenal es preocupante. Por ejemplo la toxina botulínica es la más venenosa sustancia conocida, a tal punto que un solo gramo de toxina cristalina, disperso e inhalado, mataría a más de 1 millón personas, aún y cuando los factores técnicos dificulten tal diseminación. 

Según científicos, de lo anterior se infiere que los agentes biológicos pueden ser utilizados como un tipo de arma para generar daños a la población mundial en la llamada guerra biológica, y a la vez constituir un elemento principal en el bioterrorismo, algo que es posible esté en la mente de los hacedores de política contra Venezuela luego de sus reiterados fracasos como el de abril último con la incursión terrorista de la Operación Gedeón.

En la actualidad existen más de mil  200 tipos de agentes biológicos, también conocidas como armas bacteriológicas, que no solo provocan enfermedades y la muerte, sino que constituyen una amenaza para la contaminación del medio ambiente por lo que se considera como el arma más destructiva conocida para la humanidad.

Al repesar un poco la historia en este campo salta a la vista que desde el siglo pasado militares estadounidenses junto a los de otras naciones como Reino Unido realizaron miles de experimentos con humanos dentro de sus programas de investigación para la guerra química y bacteriológica.

Según el diario español El País, desde el pasado siglo uniformados y científicos de ambos países probaron en humanos  los efectos del gas mostaza, fosgeno, sarín y otros agentes nerviosos, ántrax, Yersinia pestis (la bacteria de la peste), mescalina, ácido lisérgico y otras drogas.

A todas estas,  y luego de advertencias de las autoridades venezolanas, no es extrañar  que en medio de la pandemia de Covid-19, cuando ingresan venezolanos ilegalmente al país sin pasar por los debidos controles epidemiológicos, estos sirvan de cobayas para introducir agentes biológicos.

Hasta donde se conoce estas son apenas suposiciones pero,  para entendidos en la materia, la posibilidad es real, Venezuela puede ser víctima de una agresión biológica de factura “Made in USA”.

Fuente: Al Mayadeen

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