Vie 11 de septiembre de 2020 Conocer Más

La tragedia de Imam Husain: La partida del Imam Husain (AS) para Iraq, y la masacre de Karbala

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Lo que sigue es parte del libro La tragedia de Imam Husain Del libro “Kitab al Irshad” escrito por Sheij Al-Mufid que ha sido seleccionado por Shafaqna.

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La tragedia de Imam Husain: La partida del Imam Husain (AS) para Iraq, y la masacre de Karbala

‘Ali ibn Al-Husain, Zayn ul ‘Abidin (P) reportó:

Me acerqué a escuchar lo que él les iba a decir, aun cuando yo estaba enfermo entonces. Oí que mi padre decía a sus seguidores:

“Glorifico a Dios con la alabanza más perfecta y lo alabo en la felicidad y en la desgracia

¡Oh Dios!, te ruego que nos bendigas con la profecía, enseñándonos el Corán y haciéndonos entender la Religión. Tú nos diste el oído, la vista y los sentimientos, y nos pusiste entre quienes te dan gracias.

Yo no conozco seguidores más leales y virtuosos que mis seguidores, ni familia alguna más leal y virtuosa que mi Familia. Que Dios os recompense bien por amor a mí.

En verdad, yo no creo que nos queden más días concedidos por esos hombres. Os permito que me dejéis.Os podéis ir todos vosotros con la absolución de vuestro juramento de seguirme, ya que no habrá más obligación de vosotros hacia mí. Ésta es una noche cuya oscuridad os cubrirá: usadla como camello (o sea, os podéis ir aprovechando la oscuridad de la noche)”.

Sus hermanos e hijos, los hijos de sus hermanas y los hijos de Abdullah ibn Ya’far dijeron:

– Nosotros no te dejaremos para poder seguir viviendo después de tu muerte. Dios nunca nos verá hacer tal cosa.

Al-Abbas ibn ‘Ali (P) fue el primero de ellos en hacer esta declaración. Entonces todo el grupo lo siguió en declarar lo mismo.

– Hijos de ‘Aqil -dijo Al-Husain (P)-, ya bastantes de vuestra familia han sido matados. Así que os podéis ir como os lo he permitido.

– ¡Gloria a Dios! -replicaron-, ¿qué diría la gente.? Ellos dirían que nosotros desertamos de nuestro sheij, de nuestro señor, al hijo de nuestro tío, el cual fue el mejor de los tíos, y que no disparamos flechas junto con él, que no arrojamos lanzas junto con él, que no usamos las espadas junto con él. Ante esa acusación no sabemos qué podríamos hacer. No, por Dios, nosotros no haremos tal cosa. Antes daríamos por ti nuestras vida, nuestras propiedades y nuestras familias. Nosotros lucharemos por ti hasta que lleguemos a nuestro destino. ¡Que Dios nos haga aborrecer la vida si es que vivimos después de tu muerte!.

Entonces Muslim ibn ‘Awsaya se levantó y habló:

– ¿Podríamos dejarte solo? ¿Cómo podríamos excusarnos ante Dios en cuanto al cumplimiento de nuestro deber hacia ti? Por Dios, yo los atacaré con mi lanza hasta que ésta se rompa, los golpearé con mi espada en tanto que la empuñadura esté en mi mano. Si no me queda arma alguna para combatirlos, les arrojaré piedras. Por Dios, nosotros nunca te dejaremos, y Dios sabrá que nosotros protegimos, defendiéndote, la compañía de Su Mensajero en su ausencia. Por Dios, si yo supiera que iba a morir y luego iba a ser revivido, y luego quemado y revivido de nuevo, y luego mis cenizas iban a ser dispersadas, y que eso me iba a ser hecho 70 veces, yo nunca te dejarla, y lucharé por ti hasta encontrar la muerte combatiendo por tu causa. Entonces, ¿cómo podría no hacerlo, siendo que sólo puede haber una muerte, la cual es una gran bendición que nunca puede ser rechazada?.

Zuhayr ibn Al-Qayri, que Dios tenga piedad de él, dijo:

“Por Dios, yo preferiría ser matado y luego ser vuelto a la vida, y luego matado 1.000 veces de esta forma para que, de esta manera Dios, el Todopoderoso y Altísimo, protegiese tu vida y las vidas de estos jóvenes de tu Familia”.

Todos sus seguidores hablaron de manera similar, uno tras otro. Al-Husain (P) invocó a Dos pidiéndole que los recompensara bien, y luego regresó a su tienda.

‘Ali Ibn Al-Husain (P) reportó:

Yo estaba sentado esa noche antes de la mañana del día en que mi padre fue matado. Conmigo estaba mi tía Zaynab, quien me atendía, cuando mi padre salió para ir a su tienda. Con él estaba Yuwayn, el sirviente de Abu Dharr Al-Ghiffari, prepa-rando su espada, y mi padre recitó:

“¡Tiempo!, vergüenza me das como amigo. Al amanecer el día y al ponerse el sol, ¡cuántos compañeros serán cadáveres! El tiempo no estará satisfecho consustituto alguno.

El asunto estará en manos del Todopoderoso, y toda criatura viviente tendrá que viajar a lo largo de mi camino”.

Él lo repitió dos o tres veces. Yo lo entendí y me di cuenta delo que él quería decir. Las lágrimas me ahogaron y las contuve. Me quedé callado y supe que la tribulación había llegado a nosotros.

En cuanto a mi tía, ella oyó lo que yo escuché -pero ella es una mujer y la debilidad y los lamentos son parte de las características de las mujeres- y no se pudo controlar. Saltó, rasgó sus vestiduras y, sollozando, fue hacia él.

– Así que voy a perder un hermano, -le dijo Zaynab-. ¡Ojalá que la muerte me privara hoy de la vida, ya que mi madre Fatima está muerta, y mi padre ‘Ali está muerto, así como mi hermano Al-Hasan, la paz sea con todos ellos!.

– ¡Oh hermana!, -le dijo Al-Husain al verla con sus ojos llenos de lágrimas- no dejes que Satanás te quite la perseverancia. Recuerda: si se deja a los gansos de noche, éstos dormirán (es decir, la naturaleza toma su curso).

– ¡Ay, qué sufrimiento!, tu vida te será violentamente arrebatada y eso es lo que hiere más a mi corazón y es lo más duro para mi alma -se lamentó ella, y entonces se golpeó la cara-.

Ella se inclinó y tomó la orilla de su vestido y empezó a rasgarlo. Luego cayó desmayada.

Al-Husain (P) se levantó, le enjugó la cara con agua, y entonces le dijo:

– Hermana, teme a Dios y consuélate en Él. Has de saber que las gentes del mundo morirán y que los habitantes del cielo (los astros) no continuarán existiendo por siempre, ya que todo será destruido, excepto la Presencia de Dios, Quien creó todo por Su Poder. Él produce a las criaturas y Él las hace regresar; Él es Uno y Único. Mi abuelo fue mejor que yo, mi padre fue mejor que yo y ni madre fue mejor que yo. Yo y todos los musulmanes tenemos un modelo ideal en el Mensajero de Dios (PBd).

Con esto y argumentos similares él trató de consolarla y le dijo:

– ¡Oh, hermana!, te lo juro, y yo siempre mantengo mis juramentos, que no debes rasgar tus ropas, ni arañarte la cara, ni gritar de dolor y pena cuando yo sea destruido.

Entonces la trajo y la hizo que se sentara conmigo. Él salió a ver a sus seguidores y les ordenó que acercaran mucho sus tiendas, tanto que sus estacas quedasen unas dentro del área de las otras tiendas, y así si ellos permanecían entre sus tiendas, el enemigo sólo podría acercarse a ellos por un lado, y aque ellos tendrían tiendas detrás, así como a la izquierda y la derecha. De esta manera las tiendas los rodeaban por completo, excepto por el único camino por el que el enemigo podría llegar contra ellos.

Después de eso, él (P) regresó a su tienda y pasó toda la noche haciendo oración, pidiendo el Perdón de Dios, y haciendo invocaciones. De la misma manera sus seguidores hicieron oración, hicieron súplicas y solicitaron el Perdón de Dios.

Ad-Dahhk ibn Abdillah reportó:

Un contingente de ‘Umar ibn Sa’d pasaba continuamente ante nosotros vigilándonos, mientras Al-Husain recitaba:

«Que, los infieles no piensen que el que les demos una tregua es mejor para ellos mismos, Nosotros les concederemos un receso sólo para que puedan incrementar su maldad. Ellos tendrán un castigo humillante.

Dios no deja a los creyentes en la situación en que estáis sino hasta que Él haya hecho que el mal se distinga del bien por sí mismo» (1)

Un hombre llamado Abdullah ibn Samir, que estaba entre aquellos jinetes oyó eso. Él era muy dado a la risa, y era uncombatiente valeroso y un caballero de la nobleza. Él gritó:

– ¡Por el Señor de la Kaaba!, nosotros somos el bien y nos hemos distinguido de vosotros.

– ¡Oh terrible pecador! -gritó Burayr ibn Hudayr- ¿te ha hecho Dios uno de los buenos?

– ¡Maldito seas, quienquiera que seas! -respondió gritando-

– Yo soy Burayr ibn Hudayr -replicó él, y ambos se maldijeron mutuamente-.

A la mañana siguiente, Al-Husain (P) movilizó a sus seguidores después de la oración del amanecer. Tenía consigo 32 jinetes y 42 soldados de a pie. Puso a Zuhayr ibn Al-Qayn acargo del flanco derecho y a Habib ibn Muzahir a cargo del izquierdo, y le dio su estandarte a su hermano Al-Abbas. Ellos se apostaron con las tiendas detrás. Él (P) ordenó que la leña y las cañas que había detrás de las tiendas fueran puestas en una zanja que había sido excavada y que le prendieran fuego, temiendo ser atacados por la retaguardia.

‘Umar ibn Sa’d empezó la mañana de ese día -era viernes, o sábado, como dicen algunos- a movilizar a sus seguidores. Salió con sus hombres hacia Al-Husain (P). ‘Amr ibn Al-Hayyay iba al mando de su flanco derecho, Shimr ibn Dhil-Yawshan a cargo del izquierdo, ‘Urwa ibn Qays tenía la caballería a su cargo, y Shabath ibn Rib’i comandaba a sus soldados de a pie. ‘Umar le dio su estandarte a Durayd, su sirviente.

‘Ali ibn Al-Husain, Zayn-ul ‘Abidin (P), reportó:

Cuando la caballería empezó a acercarse a Al-Husain, él levantó las manos y dijo:

“¡Oh Dios!, es en Ti en Quien yo confío en medio de todo el sufrimiento.Tú eres mi esperanza entre tanta violencia.

Tú eres mi confianza y provisión en todo lo que me suceda, sin importar cuánto parezca que el corazón se debilite por ello, que las trampas hagan que parezca que mi fuerza disminuye, que los amigos puedan desertarme y que el enemigo se regocije por ello.

Ello viene sobre mí por Tí y cuando me quejo de ello ante Ti es por mí deseo de Tí, sólo de Tí.

Tú me has consolado en todo y me has revelado el significado de ello.

Tú eres el Dueño de toda gracia, el Poseedor de toda bondad y la Satisfacción Final de todo deseo”.

Cuando el enemigo empezó a moverse alrededor de la tienda de Al-Husain (P), ellos vieron la zanja detrás y el fuego de la leña y las cañas ardiendo. A esto, Shimr ibn Dhilawshan gritó tan fuerte como pudo:

– Al-Husain, ¿vas corriendo hacia el Fuego del Infierno antes del Día de la Resurrección?.

– ¿Quiénes ése? –preguntó Al-Husain (P)-. Suena como Shimr ibn Dhil-Yawshan.

– Sí, es él -le dijeron-.

– Hijo de una pastora de cabras, tú eres más adecuado para arder en él -contestó el Imam (P)-.

Muslim ibn ‘Awsaya quiso dispararle una flecha a Shimr, pero Al-Husain (P) lo detuvo.

– Déjame dispararle ahora que Dios ha hecho posible matarlo -pidió- ya que él es un malvado pecador, uno de los enemigos de Dios, y un gran tirano.

– No le dispares -ordenó Al-Husain (P)- ya que yo no estoy dispuesto a empezar la batalla contra ellos.

Entonces Al-Husain mandó a por su caballo y lo montó. Gritó tan fuerte como pudo:

“¡Oh gentes de Iraq! -y la mayoría de ellos empezaron a escucharlo-. Gentes, escuchad mis palabras y no os apresuréis a atacarme, pues quiero recordaros los deberes que tenéis hacia mí y os quiero decir las verdaderas circunstancias y librarme así de cualquier culpa si me atacáis.

Si me hacéis justicia, seréis más felices debido a ello.Si no me hacéis justicia por vuestra propia voluntad,como individuos, «entonces poneos de acuerdo acerca de vuestros asuntos y vuestros asociados; que vuestro asunto no esté oscuro para vosotros. Entonces, llevadlo a cabo contra mí y ya no reflexionéis más»(2). «Cierta-mente, mí. Guardián es Dios, el Cual Creó el Libro. Él cuida a los que son juntos»(3).

Luego alabó y glorificó a Dios y mencionó lo que se debe rendir a Dios. Pidió bendiciones para el Profeta (PBd) y para los ángeles y los otros profetas. Ningún orador ha sido oído,ni antes ni después de él, que sea más elocuente que él en su discurso. Él continuó:

“Tracead mi linaje y considerad quién soy. Luego miraos a vosotros mismos y reconoced quiénes sois. Considerad si es correcto para vosotros el matarme y deshonrar a mis parientes.

¿No soy acaso el hijo de la hija de vuestro Profeta; el hijo de su legítimo heredero: el primero de los creyentes en Dios y el primer hombre que creyó en lo que Su Mensajero (PBd) trajo de parte de su Señor? ¿No fue Hamza, el señor de los mártires, mi tío? ¿No fue Ya’far, el que vuela en el ciclo, mi tío? ¿No escuchasteis las palabras del Mensajero de Dios (PBd) acerca de mí y de mi hermano. ‘Estos son los dos señores de los jóvenes del Paraíso’?.

Ya sea que creáis en lo que os digo -y es la verdad, ya que, ¡por Dios!, yo nunca he dicho una mentira pues sé bien que Dios odia a las gentes que las dicen- o queme consideréis un embustero, hay entre vosotros quienes, si les preguntáis, os podrán informar. Preguntada Yabir ibn Abdullah Al-Ansari, Abu Sa’id Al-Judri, Sahl ibn Sa’d As-Sa’idi, Zayd ibn Arqam y Anas ibn Malik, que os digan que oyeron estas palabras del Mensajero de Dios (PBd) acerca de mí mismo y de mi hermano. ¿No hay en esto razones suficientes para que evitéis derramar mi sangre?”.

– Si entiendo lo que estás diciendo -dijo Shimr ibn Dhil-Yawshan- entonces yo adoro a Dios muy escasamente, a penas.

– Yo creo que tú adoras a Dios muy escasamente, 70 vecesmenos que cualquier otro -dijo Habib ibn Muzahir- y yo testifico que tienes razón: tú no entiendes lo que él está diciendo ya que Dios ha impreso la ignorancia sobre tu corazón.

“Si no tenéis duda alguna acerca de eso -les dijo Al-Husain (P)- vosotros estáis dudando que yo sea el hijo de la hija de vuestro Profeta. ¡Por Dios!, no hay otro hijo de profeta además de mí entre vosotros y entre las gentes desde el Este hasta el Oeste. Os debería dar vergüenza. ¿Acaso estáis buscando de mí que paguel a expiación por alguno de vuestros muertos a quien yo hubiera matado, o por propiedad que yo hubiera usurpado, o por alguna herida que yo hubiese infligido?”.

Ellos no le dijeron nada. Entonces continuó:

– Shabath ibn Rib’í, Hayyar ibn Abyar, Qays ibn Al-Ash’ath,Yazid ibn Al-Harith: ¿acaso no me escribisteis: ‘La fruta está madura; los dátiles se han puesto verdes; ven a por un ejército que ha sido reunido para ti’?.

– Nosotros no sabemos de qué hablas -dijo Qays Ibn Al-Ash’ath- Sométete a la autoridad de tus parientes (los Omeyas). Ellos nunca te han tratado sino con lo que quieres.

– ¡Por Dios!, yo nunca os daré la mano como un hombre que ha sido humillado, ni huiré como un esclavo -dijo Al-Husain (P)-.Entonces gritó:

“«¡Oh siervos!, me refugio en mi Señor y en vuestro Señor en contra de vuestro apedreamiento» (4)

«Me refugio en mi señor y vuestro Señor en contra de todo hombre soberbio que no cree en el Día del Re-cuento» (5)”.

Hizo a su caballo que se agachara y ordenó a ‘Uqba ibn Sim’an que atara las riendas. Entonces las gentes de Kufah empezaron a avanzar contra Al-Husain.

Cuando Al-Hurr ibn Yazid se dio cuenta de que las gentes estaban determinadas a combatir a Al-Husain (P), le dijo a ‘Umar:

– ¿Vas a pelear contra este hombre?.

– Si -contestó él- será una batalla terrible, de la cual lo menos grave serán cabezas cayendo y manos cortadas volando.

– ¿No tienes ninguna otra manera de obtener lo que quieres? -dijo Al-Hurr-.

– Si la decisión me perteneciera -contestó ‘Umar- yo haría otra cosa, pero vuestro gobernador ha rechazado cualquier alternativa.

Al-Hurr se fue y se quedó apartado de la gente. Con él estaba un hombre de su tribu llamado Qurra ibn Qays.

– Qurra, ¿has dado de beber hoy a tu caballo? -preguntó Al-Hurr-.

– No, -contestó-.

– ¿Quieres darle de beber?, -dijo Al-Hurr-.

Qurra reportó después: Yo pensé que Al-Hurr iba a dejar la batalla, y no quería estar presente durante ella, pero no quería ser visto cuando se fuera, así que dije: “No le he dado de beber e iba a darle”. Entonces lo dejé donde estaba. Por Dios, si él me hubiera dicho lo que intentaba hacer, yo habría ido con él a Al-Husain (P).

Al-Hurr empezó gradualmente a acercarse a Al-Husain.

– ¿Qué quieres Ibn Yazid? -preguntó Muhayir ibn Aws-Pero él no respondió. En vez de ello, empezó a estremecerse.

– Tu comportamiento es sospechoso -dijo Muhayir-. ¡Por Dios!, nunca antes te vi actuar así Si me preguntaran quiénes el más valiente de los hombres de Qufah, por lo general yo no dejaría de mencionarte. ¿Qué es lo que veo hoy enti?.

– ¡Por Dios!, le estoy dando a mi alma a que elija entre el Cielo y el Fuego del Infierno -contestó Al-Hurr-. ¡Por Dios!,yo no escogeré nada que no sea el Cielo, aun cuando sea cortado en pedazos y quemado.

Entonces él fustigó su caballo y galopando fue a unirse a Al-Husain (P).

– ¿Puedo ser tu rehén, hijo del Mensajero de Dios? -dijo él-. Yo soy el compañero que te impidió regresar. Yo te acompañé a lo largo del camino y te hice detenerte en este lugar. Pero yo no creí que las gentes se negarían a responder a lo que les ofreciste y que ellos llegarían a esta posición a la que han llegado con respecto a ti. ¡Por Dios!, si yo hubiera sabido que ellos terminarían haciendo lo queveo que te hacen, yo nunca habría cometido lo que hice contra ti. Me arrepiento ante Dios por lo que he hecho.¿Aceptarás tú también mí arrepentimiento?.

– Sí, -contestó Al-Husain (P)- que Dios te perdone. Así que desmonta.

– Tú no tendrás otro jinete mejor que yo, ni, mientras esté desmontado, otro mejor soldado de a pie -dijo él-. Continuaré luchando a pie hasta el amargo final.

– Hazlo -dijo Al-Husain (P)-. Que Dios te conceda misericordia por lo que Él te ha revelado.

Shafaqna

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