Mié 23 de septiembre de 2020 Medio Oriente

Sionismo y monarquías: Acuerdo entre corruptos y criminales.

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En una evidente y desvergonzada operación política comunicacional de lavado de imagen y favorecer sus posiciones de dominio en Asia Occidental, el gobierno de Estados Unidos ha facilitado (con Arabia Saudí en las sombras) que la entidad sionista firme una serie de acuerdos con dos regímenes árabes: Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahréin.

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Sionismo y monarquías: Acuerdo entre corruptos y criminales.

Tanto Estados Unidos como «Israel» poseen mandatarios cuestionados. Uno, Donald Trump, que se presenta a la reelección para volver a ocupar la Casa Blanca, con un país bajo una severa crisis sanitaria, económica y social, que lo ha llevado a porcentajes de preferencia ciudadana, siete puntos abajo del candidato demócrata a la presidencia, Joe Biden. El otro, Benjamín Netanyahu, primer ministro del régimen israelí, acusado de soborno, fraude y abuso de confianza contra el cual parte de la población israelí exige su dimisión y procesamiento por corrupto. Ambos con necesidades de mostrar frutos, en el plano internacional, ante su electorado y sociedades, de tal manera de afianzar un poder que se les presenta escurridizo.

Para contrarrestar esta baja de popularidad, que en el caso de Trump puede significar su derrota en las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre y con referencia a Netanyahu implica la posibilidad de un procesamiento, que lo saqué del sillón en el cual está por quinta vez y lo conduzca a sitios menos cómodos del cual ha estado acostumbrado, desde la primera ocasión que llegó al cargo de primer ministro de este régimen de extranjeros en Asia occidental. Ambos dirigentes, en un plan que se viene tejiendo desde el momento mismo del triunfo de Trump el año 2016 están utilizando la ficha de forzar acercamientos, entre el sionismo y gobiernos de países árabes, destinado a afianzar posiciones de dominio. Esto, pues lo menos que pueden ofrecer es una visión de democracias, respeto a los derechos humanos o sociedades donde el conflicto social no existe. Ambos encantadores de serpientes ofrecen lo único que dos regímenes de dominio y crimen pueden ofrecer: guerras y posiciones de poder para las castas gobernantes.

Se Buscan Monarquías Para Lavado de Imagen

Tanto EAU como Bahréin son entidades carentes, absolutamente, de visos democráticos. Alejadas completamente de ser consideradas referentes de sociedades donde prime la libertad en su más amplia excepción: prensa, religiosa, política, cultural, respeto a los derechos humanos de sus connacionales y de su nutrida población extranjera. En el caso de EAU una Monarquía feudal conformada por la unión de siete emiratos, sin instituciones elegidas democráticamente ni partidos políticos. Cuenta con 10 millones de habitantes, en 83 mil kilómetros cuadrados donde el 80% son extranjeros y donde priman por su poder, en el conjunto de los emiratos, fundamentalmente dos: Abu Dabi y Dubái.

EAU es un pequeño país, pero que ha devenido en una entidad agresiva, belicosa, financista de bandas armadas que actúan en diversas partes de Asia occidental y el Magreb, dotada de bases militares en el cuerno africano, surgidas en base a su poder económico y una visión geopolítica, que ha tenido poco a poco que reconsiderarse. Sin duda, para su propia sobrevivencia y de ahí la necesidad de buscar como aquellos carteles de la mafia, ejércitos, servicios de inteligencia que los doten de protección, con la promesa de comprar miles de millones de dóalres en armas, entregar sus riquezas naturales al beneficio de transnacionales y así mantener sus castas gobernantes libres del peligro de sublevaciones sociales, que termine derrocándolos y enviándolos a exilios dorados. 

EAU es un régimen que ha intervenido en la agresión a Yemen, en la contratación de mercenarios y la provisión de armas a favor de las milicias del mariscal Jalifa Haftar en Libia y que no extraña, en modo alguno su acercamiento a «Israel» pues, de la mano de Arabia saudí, han tenido relaciones bajo cuerda hace muchos años con el sionismo, donde el eje principal es, reitero,  dotarse de protección para su casa gobernante en un escenario de cambios sociales, que tarde o temprano exigirá el fin de una monarquía anquilosada y antipopular, asentada en el poder de las armas y la represión.

En el caso de Bahréin, esta isla minúscula de 55 kilómetros de largo por 16 de ancho, dotada de algunos archipiélagos, que está comunicada al continente por un puente de 26 kilómetros de largo, llamada la calzada del Rey Fahd, que la comunica con Arabia saudí y que ha permitido, que en la última década se haya invadido el país por tropas saudíes, para reprimir las rebeliones (Tamarod en su nombre bahreiní) de su población. Rebeliones que han exigido a la dinastía de los al Jalifa, que gobiernan en Bahréin desde el año 1783, participación en las riendas del país, respeto a los derechos humanos de la población de creencia Chií y cuando la represión arreció las demandas fueron mayores: la caída de la monarquía. Todo ello en un país de 1.200.000 habitantes de los cuales la mitad son extranjeros y cuya casa gobernante es satélite de la casa saudí.

Recuerdo, que hace poco más de un lustro, analicé la situación en Bahréin a partir de la llamada Tamarod señalando que desde febrero del año 2011, coincidente con otros levantamientos en el mundo árabe, Bahréin fue escenario de manifestaciones, reprimidas brutalmente por las fuerzas de seguridad. Movilizaciones sociales dirigidas a obtener la libertad de los presos políticos, que se han incrementado en estos 9 años de protestas y que llenan las cárceles del régimen. Como también, en su momento, exigir la retirada de las fuerzas militares saudíes que cruzando la Calzada del Rey Fahd irrumpieron en el país para apuntalar a la Monarquía de los Al Jalifa . Un país, que geográficamente es una porción de territorio rico en hidrocarburos y con una posición estratégica fundamental en el Golfo Pérsico. Ubicación que ha significado que Estados Unidos radique, desde principios del año 1990, en el principal puerto de Bahréin, Juffar, la denominada Quinta Flota Naval con 5 mil miembros de las Fuerzas Armadas norteamericanas y utilizada profusamente contra los pueblos de Asia Occidental.

Para Estados Unidos, que suele argumentar hipócritamente, que sus intervenciones tienen su razón de ser, en la necesidad que se respeten los derechos humanos, las libertades individuales y que se camine hacia proyectos de democracia representativa, le da exactamente lo mismo cuando se trata de regímenes como el de Bahréin. Un país dotado de leyes destinadas a combatir las manifestaciones de la población, que han intensificado la represión y el juzgamiento severo de cualquier acto, que según las autoridades bahreiníes, vayan contra el orden público y la legitimidad de la monarquía. Leyes denominadas de “Protección a la comunidad contra actos terroristas” aplicadas contra la oposición política y aquellos activistas de derechos humanos, muchos de ellos aún encarcelados, incluso con duras condenas de cadena perpetua

Tanto EAU como Bahréin, con su acercamiento y proceso de “normalización” de relaciones con «Israel», no hablo de paz pues estos dos regímenes jamás han estado en guerra contra la entidad sionista, ni ha sufrido ataques. bombardeos o asesinatos selectivos y menos la colonización u ocupación de su territorio, lo que hacen es afincar estrategias de seguridad al servicio del imperialismo y el sionismo. Se cobijan bajo el paraguas del binomio Trump-Netanyahu y sirven así a los intereses hegemónicos tendientes a seguir ejerciendo una política de máxima presión contra la República Islámica de Irán, tendiendo un cerco de bases militares, una amenaza que cada vez se acerca  más a las fronteras de la nación persa que ha advertido “Las consecuencias de cualquier acción provocadora del régimen sionista en la región del Golfo Pérsico recaerán sobre el régimen de Al Jalifa y los Emiratos Árabes Unidos (…), aliarse con el régimen usurpador y agresor sionista no será eficaz para la supervivencia de los inestables regímenes monárquicos, dictatoriales e impopulares, sino que acelerará su declive”.

Hago mía las palabras de Anuar Majluf, Director Ejecutivo de la comunidad palestina de Chile – la más numerosa del mundo fuera de las fronteras de Asia Occidental – quien afirma “Entonces, lejos de ser “acuerdos de paz”, resultan ser más bien una suerte de creación y consolidación de alianzas mirando a Irán y que en cuanto a «Israel», contribuyen a la impunidad más que al desarrollo económico, dejando fuera de agenda la posibilidad de abordar la problemática palestina en el marco de lo establecido por la legalidad internacional, cuya paz pasa necesariamente por un fin de la ocupación israelí. De ese modo, en momentos en que el gobierno israelí busca fórmulas para perpetuar la ocupación sin pagar ningún costo, ha recibido este regalo”.

PARTE II

En su visión mesiánica, de destino manifiesto, de una conducta megalómana e imperial cree haber concretado una acción que cambiará la faz del panorama político y las razones de fondo que impulsan los enfrentamientos en Asia occidental, encubriendo esta acción traicionera por parte de EAU y Bahréin a los objetivos de los pueblos árabes, sus sociedades, no sus gobiernos y los objetivos de la Umma (la comunidad del islam) que a través del Renacer del despertar islámico le dicen al mundo, que el camino de las naciones del islam o marcha por el camino de la asociación con el imperialismo y el sionismo.

El Despertar islámico que muestra su decepción popular justamente a estas entidades regidas por dinastías, monarquías y gobiernos sometidos, rehenes de occidente, carentes de naturalidad cultural. Un despertar islámico motivado por el deseo de restaurar el islam a la ascendencia de un mundo que se ha distanciado de valores básicos.  Es evidente que el mundo árabe y el de la umma no son monolíticos pero si existe un sentido de justicia y de acciones que deben favorecer a los pueblos y no aquellos que los sojuzgan.

El Despertar Islámico

Por ello, la Asamblea Mundial del Despertar Islámico celebró una sesión extraordinaria “Tras la acción equivocada y terriblemente dañina de los líderes de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y de Baréin de reconocer al régimen sionista, ha surgido una ola de oposición contra esa medida en todo el mundo islámico. La Asamblea Mundial del Despertar Islámico considera que es su deber actuar al respecto” según declaró el secretario general del organismo, Ali Akbar Velayati, asesor del Líder de la Revolución Islámica para Asuntos Internacionales. Según Velayati, países árabes reaccionarios de Asia occidental – como también del Magreb – ya mantenían lazos en secreto con «Israel», pero las victorias sucesivas del Eje de la Resistencia en la zona han hecho que ahora las saquen a la luz y expresen mediante esta firma vergonzosa en Washington, justamente allí donde se han tejido todas las maniobras que han significado dolor y muerte para los pueblos de Asia occidental, su deseo de pactar con el enemigo de la humanidad como es el sionismo.

Esta normalización, con un acto formal en Washington el día 15 de septiembre, cuenta con la firma de Netanyahu, Trump y la de los cancilleres de los EAU y Baréin, el jeque Abdolá bin Zayed bin Sultan Al Nahyan y Abdulatif Al Zayani respectivamente, que representan los nombres de la humillación más evidente de estos regímenes totalitarios y frente a los cuales la prensa occidental calla obsequiosa y en forma cómplice. Con los amigos del imperialismo y el sionismo no hay críticas a la ausencia de democracia en sus países y la violación constante de los derechos humanos.

Ello, en un proceso revestido de declaraciones altisonantes, parafernalia y oropeles que esconde, simplemente el acuerdo entre castas corruptas y criminales, que esconden sus verdaderos propósitos con mentiras viles, con argumentos hipócritas como el expresado por canciller emiratí quien sostuvo sin un dejo de vergüenza ““Este acuerdo nos permitirá seguir defendiendo al pueblo palestino y hacer realidad su esperanza de un Estado independiente dentro de una región estable y próspera” mientras su colega bareiní calificaba el pacto de “un paso histórico en el camino hacia una paz genuina y duradera, seguridad y prosperidad en la región” de Asia Occidental.

Como no podía ser menos, el corrupto premier israelí señaló que “los acuerdos alcanzados pondrán fin “de una vez por todas” al conflicto árabe-israelí. Una mentira, una falsedad tan monumental como aquella historia del tercer templo o que existe un pueblo elegido al cual se le prometió una tierra ya habitada. Palabras que mediante la clásica Hasbara sionista tratan de lavar la imagen sangrienta y criminal de una entidad sionista que lleva 72 años violando los derechos del pueblo palestino, robando sus tierras y generando desestabilización allí donde se hace presente. Si de verdad estos acuerdos, que en modo alguno será así, llevan a la paz a la región, entonces este cuarteto de la muerte y su sonrisa embustera y falsa deberán responder algunas preguntas.

¿Existirá un Estado palestino con plena autodeterminación – con las fronteras anteriores al año 1967? Lo que, desde ya, implica una generosidad máxima al permitir que colonos extranjeros ocupen parte importante de la Palestina histórica. ¿Dejará el sionismo de asesinar al pueblo palestino, de destruir sus cultivos, demoler sus viviendas, impedir el libre tránsito de este pueblo? ¿Se concretará la salida de los 650 mil colonos extranjeros sionistas asentados ilegalmente en suelo cisjordano? ¿Se procederá a la demolición del muro de la vergüenza que atraviesa y fragmenta por 720 kilómetros a Cisjordania? ¿Retornarán los millones de refugiados palestinos a sus pueblos y aldeas? ¿Cesarán las intervenciones, bombardeos, asesinatos selectivos, apoyo a grupos terroristas que ejecuta el sionismo contra los pueblos de El Líbano, Irak, Siria? ¿Saldrán de Asia Occidental las decenas de bases militares, aéreas y navales que el imperialismo ha instalado en Irak, Siria, Jordania, Kuwait, Catar, Omán, Arabia saudí, Bahréin, EAU, Afganistán?

Desde ahora veremos coordinaciones de los servicios de seguridad de estos regímenes, destinados a satisfacer las necesidades de dominio hegemónico de Washington y del papel desestabilizador que cumple el sionismo en la zona. EAU y Bahréin verán favorecidas la protección de sus castas gobernantes. Se abrirán representaciones diplomáticas, para dar la impresión de plena normalidad pero bien sabemos que una cosa son las decisiones de los gobiernos y otras los pueblos que solidarizan con el pueblo palestino. Esta idea obligará a extremar los resguardos a la embajada que los sionistas instalen en Abu Dabi y Manama. Se habla de una explosión en el sector turístico pero…querrán viajar los colonos ocupantes de la Palestina histórica a países árabes sin que ello implique tensiones, exigencias de medidas de seguridad y otros anexos que se irán mostrando a medida que esta “normalización” se concrete.

Uno de los temas a resolver y donde el complejo militar industrial estadounidense tiene mucho interés es la posibilidad de vender armas, aviones F35 y sistemas de defensa de misiles a EAU, ante lo cual se niega «Israel». La industria militar estadounidense y la europea, con ventas multimillonarias a estas monarquías árabes, se frotan las manos y de paso cierran los ojos frente a las violaciones cometidas a los derechos humanos d elas poblaciones propias y ajenas, pue anhelan entrar de lleno en la oferta de armas y donde los sionistas querrán tener su parte en el pastel. Ya los Ministerios de Guerra de EAU, Bahréin y el régimen israelí han entrado en contacto en espera del término de las restricciones y embargo de suministros de armamento de alta tecnología. El cese de las sanciones contra los sionistas termina por parte de dos países árabes, con escasa importancia real. Pero, es una arista publicitaria que vende e incluso da puntos, para posibles postulantes al alicaído Premio Nobel de la Paz.

El mismo día de la firma de la llamada normalización entre dos países árabes con el sionismo, la humanidad conmemoraba los 38 años de la matanza en los campos de refugiados palestinos de Sabrá y Chatila, ocurrida entre los días 15 al 18 de septiembre del año 1982 y calificada como un acto de genocidio por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Campamentos situados en Beiruth oeste, en El Líbano donde miles de palestinos fueron asesinados por milicianos de una falange libanesa (cristiano maronita) junto a efectivos del llamado Ejército del Sur de El Líbano, aliados de Estados Unidos e «Israel», bajo la complicidad y apoyo precisamente de las fuerzas sionistas que en ese momento ocupaban la ciudad de Beiruth, comandadas en ese momento por el ministro de la guerra israelí Ariel Sharon, que posteriormente llegaría a primer ministro.

Miles de hombres y mujeres, niños entre ellos asesinados salvajemente, sin que hasta el día de hoy los responsables paguen por esos crímenes. Sabra y Chatila están en la memoria de los pueblos de Asia occidental y de la humanidad en general. Esto, a diferencia de estos actos políticos vergonzoso como el que se concretó el día 15 de septiembre en los jardines de la Casa Blanca y que normaliza la indecencia de proteger a las castas corruptas y criminales de Estados Unidos, «Israel», EAU y Bahrein. Hablan de paz y en todo lo que se ha hecho está excluido el pueblo palestino. Se habla de favorecer a Palestina y se le impone planes y acuerdos. Se le sigue asesinando, ocupando sus tierras. No hay paz sin la plena autodeterminación de Palestina, lo demás es espectáculo barato, hollywoodense, lavado de imagen infame.  De mi parte nada positivo le deseo y pronostico a este contubernio vergonzoso entre imperialista, sionistas y monarquías totalitarias. Un cuarteto patológico.

Fuente: AlMayadeen – SegundoPaso.es

 

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