Lun 02 de noviembre de 2020 Mundo

Detrás de la disputa Macron-Erdogan: Mucho gas y petróleo.

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La escalada, hasta ahora, seudo diplomática y mediática tras las declaraciones del presidente Emanuel Macron, que merecieron la respuesta de su par turco Recep Erdoğan, está más cerca de incrementarse que de dar una vuelta de hoja.

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Detrás de la disputa Macron-Erdogan: Mucho gas y petróleo.

La, por lo menos, torpeza que costó la vida del profesor de historia Samuel Paty, quién daba clases en una escuela secundaria de Conflans-Sainte-Honorine, en un suburbio de clase media parisino, decapitado tras mostrar a su clase las mismas caricaturas que les costó la vida a buena parte de la redacción de la revista Charlie Hebdo, (Ver; Je suis hypocrite), no termina de producir consecuencias.

 

Tras el asesinato del pasado 16 de octubre, el presidente francés trató a algunos miembros de las comunidades musulmanas del país de “separatistas” y agregó que “el islam estaba en crisis en todo el mundo y que tomaría medidas para proteger tanto a Francia como a los musulmanes de un subconjunto de extremistas”, que su país “no renunciaría a las caricaturas” y que reclamaría nuevas leyes para “defender la república y sus valores”, que respetará su promesa: “de igualdad y emancipación”.

 

La declaración de Macron dio la oportunidad a Recep Tayyip Erdoğan, quien aspira a convertirse en la cabeza política de los 1500 millones de musulmanes, para responderle con virulencia, además de decir que: “Macron necesita tratamiento a nivel mental”, y llamar a los musulmanes del mundo a boicotear los productos franceses. Lo que no quedó claro es si ese llamamiento incluía, por ejemplo, a Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Qatar que se han convertido en importantes receptores de la industria bélica francesa, o a Arabia Saudita, uno de los más grandes clientes de esa industria a pesar de la prohibición de la venta de armamento al reino wahabita, que, desde el 2105, está sometiendo al pueblo yemení a un verdadero holocausto. Francia es el décimo exportador a Ankara, al tiempo que Francia, es el séptimo mercado para las exportaciones turcas.

 

Tras las declaraciones de Erdogan, el embajador francés en Ankara dijo que el comentario era “inaceptable” y acusó al presidente turco de “avivar el odio contra Francia”.

 

El ministro de Relaciones Exteriores alemán, Heiko Maas, el pasado lunes, salió en apoyo de Macron, diciendo que las palabras de Erdoğan significaban un nuevo insulto.

 

Por su parte, algunos líderes de países musulmanes, que ven esta oportunidad para sumar unos puntos de popularidad a su siempre discutible liderazgo, han adherido a lo dicho por Erdoğan. Más después que las caricaturas afrentosas de Charlie Hebdo, burlándose de un ser casi divino para el islam como es el profeta Mahoma, fueron proyectadas en las fachadas de algunos edificios gubernamentales de Toulouse y Montpellier. Marruecos, un país con una intensa relación con Francia, en un comunicado oficial, expresó que consideraba que Francia no era libre de expresar opiniones que ofendieran a los musulmanes. Mientras que el primer ministro pakistaní, Imran Khan, le pidió a la red social Facebook que prohibiera las publicaciones islamófobas y aseguró que los dichos de Macron “conducirían a una mayor polarización y marginación de los musulmanes en Francia”, al tiempo que recordó que la comunidad islámica a lo largo de la historia ha sufrido pogroms como los vividos por la comunidad judía en su momento.

 

Las repercusiones de los dichos de Macron, se extendieron a lo largo del mundo musulmán, no solo en la prensa sino en importantes manifestaciones en varias capitales En la portada del diario iraní de línea dura, se refiere al presidente francés como el “Demonio de París”. La universidad cairota de al-Azhar, el centro intelectual más importante del islam, en un comunicado tachó de “racistas” los comentarios del presidente franceses. En Dhaka, la capital de Bangladesh, miles de personas salieron a las calles para expresar su malestar y acusó a Macron de “adorar a Satán”. En las puertas de la embajada francesa de Bagdad (Irak) se quemaron imágenes de Emmanuel Macron y banderas de Francia. También miles de personas expresaron su disgusto en Amán (Jordania) y en diferentes ciudades de Afganistán, Pakistán, Siria. A lo largo de los días, a medida que se iban conociendo las palabras de Macron y las respuestas de Erdoğan, se comenzaron a reproducir las mismas imágenes que se captaron en Dhaka, Bagdad o Aman, y se anunciaba el boicot a los productos franceses, lo que podría generar una reacción económica que agrave la ya crítica situación económica francesa por la pandemia, cuya segunda ola está nuevamente golpeando con fiereza en las principales ciudades. Lo que París ya ha salido a reclamar es que se revea la medida, mientras que en diferentes ciudades del Golfo Pérsico ya fueron retirados de la venta productos franceses de uso diario como leches y quesos; al tiempo que en Kuwait más de 400 agencias de viajes y turismo suspendieron vuelos y sus reservas para Francia.

 

El cambio de opiniones entre el neoliberal francés y el déspota turco recuerda a otro cruce que Macron tuvo con el celebérrimo fascista Jair Bolsonaro, quien en esa oportunidad el irrespetado fue Macron, cuando el presidente de Brasil se refirió, de manera nada elegante, a la mujer del presidente francés.

 

Un entredicho marítimo

 

El intercambio de artillería verbal entre Erdoğan y Macron pone al descubierto una situación todavía mucho más crítica y peligrosa, por las diferencias que mantienen estas dos naciones en el Mediterráneo Oriental, donde hace apenas un par de meses fuerzas navales de ambos países estuvieron al borde de iniciar un conflicto tan inesperado como delicado.

 

El pasado lunes 10 de agosto, cuando el buque turco Oruç Reis diseñado para el estudio del fondo marino en busca de gas o petróleo, se dirigía al sur de la isla griega de Kastelórizo, acompañado de cinco naves de guerra, precipitó la denuncia del gobierno griego a lo que Erdoğan contestó con un lacónico mensaje: “De ninguna manera permitiremos que nos encierren en nuestras costas”, refiriéndose al acuerdo firmado entre el Cairo y Atenas unas semanas antes en el que se definen las zonas económicas exclusivas (ZEE), que se inician después de las aguas territoriales (340 kilómetros) en las que cada país tiene derecho exclusivo de explotación de cualquier recurso.

 

Las aguas que Grecia asume como propias también son reclamadas por Turquía, tras un diferendo que viene desde comienzos del siglo XX y aún no se ha resuelto. Frente a dicha intimidación turca, el presidente francés Emmanuel Macron dijo que hará respetar el derecho internacional y envió dos aviones de guerra Rafale, junto a dos buques.

 

El diferendo entre Ankara y París se inició en 2018, cuando ambas naciones se interesaron por los yacimientos gasíferos y petroleros ubicados en las proximidades de la isla de Chipre. Cabe indicar que la italiana de energía ENI, ya estaba realizando estudios en Chipre, en acuerdo con el gobierno de la parte griega de la isla, al tiempo que se conoce que el tratamiento del gas será llevado a cabo por empresas egipcias. Proyecto al que la francesa Total, también se quiso sumar, para llevar el gas a Europa a través del mar, sin tener en cuenta a Turquía, para lo que creó el Fórum de Gas del Mediterráneo Oriental, con sede en El Cairo, en la que participan Grecia, Chipre, Israel, Egipto, Jordania e Italia, y al que aspiran a entrar Francia y los Estados Unidos, pero no tiene cabida Turquía, que tiene cerca de mil kilómetros de costa en ese sector.

 

Por ello, Turquía inició sus investigaciones en solitario, aunque en noviembre de 2019, acordó delimitar sus ZEE con el Gobierno de Trípoli, una de las partes del conflicto libio, de hecho, su único aliado en el Mediterráneo. El acuerdo daba derecho exclusivo a Ankara sobre las aguas del sur de las islas griegas de Rodas y Creta, además de las que rodean la pequeña isla de Kastelórizo, casi un peñón, a cientos de kilómetros de Grecia, pero a solo dos de Turquía.

 

La crisis entre Atenas y Ankara, ambos países miembros de la OTAN, no tardó en estallar, y en julio alcanzó su máximo nivel, teniendo de manera inmediata a Francia del lado griego, aunque rápidamente fueron contenidas por la intervención diplomática de España y Alemania.

 

Por su parte Francia le ha otorgado a Turquía el pasado día 25 un plazo de dos meses para que detenga sus explotaciones petroleras en el Mediterráneo oriental, por lo que si Erdoğan no cumple con lo pedido, “enfrentará medidas”.

 

Más allá de la muerte de un profesor fanático a manos de un fundamentalista, la disputa entre Francia y Turquía se libra por otro tipo de fanatismos, más vinculados a los fundamentalistas del interés.

 

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

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