Lun 17 de mayo de 2021 Conocer Más

El Debate Decimonónico en América Latina: Civilización versus Barbarie

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José Gil Fortoul retrata con mucha claridad la posición política e ideológica de la generación nacida en la década de los sesenta del siglo XIX. Se trata de un grupo de jóvenes que se opuso al continuismo político del liberalismo amarillo y reaccionó en contra de la cultura política instaurada por los caudillos, pero lo hicieron basados en las ciencias sociales y naturales, con el fin de consolidar un Estado moderno.

 

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El Debate Decimonónico en América Latina: Civilización versus Barbarie

José Gil Fortoul, en el prólogo escrito a las obras póstumas de Luís López Méndez, caracterizó la posición política e ideológica de la generación nacida en los años sesenta del diecinueve venezolano. Este nuevo grupo de pensadores reaccionó en contra de la cultura política instaurada por los caudillos y macheteros sobre la base de las ciencias sociales y naturales, con la pretensión de consolidar un Estado moderno. Al respecto, subrayó:

“El autor preparaba, para publicarla precisamente en el mes en que escribo estas líneas, una obra que debía titularse Nocturnos, y de la cual formarían parte La Balada de los muertos y el Último Sueño (…) Bien que escrita en Bruselas a principios de 1891, la Balada fue ideada en Caracas, en la época de incertidumbre, temores y esperanzas que inmediatamente precedió a la reacción contra la Dictadura (…) Nobles cóleras e impaciencias, en todo caso, puesto que sus compañeros las sintieron también en sus pechos (…) en vez de colmar el corazón con el veneno del odio, agitan los labios con el himno de la esperanza.”[1]

En la cita precedente, el autor dejó en claro la reacción de aquella juventud opuesta al continuismo político del liberalismo amarillo, sea cual fuere la fracción política que aspiró el poder: el “crespismo, fonsequismo, muñoztebarismo, matismo, abreuismo y araujismo”[2]; en última instancia, trató de la misma cultura política personalista. Es decir, la racionalidad del pacto político entre jefes, expreso o tácito, continuaba dominando la vida sociopolítica y económica nacional, subestimando así las alternativas políticas sugeridas por este nuevo sector universitario:

“(…) Sus amigos no eran únicamente aquellos que estrechaban su mano, sino cuanto de doce años acá piensan, escriben y hablan a favor de la revolución intelectual que tiene por principales propósitos el triunfo de la filosofía científica en los cerebros y el triunfo de nuevos sistemas en las relaciones sociales y políticas.”[3]

Justamente, esta generación ilustrada, sobre nuevas bases espirituales, luchó por transformar las viejas relaciones de poder instauradas por generales y politicastros desde la fundación de la República en 1830: “trabajemos, pues, los que todavía quedamos de pie, en estrechar los lazos de nuestra familia intelectual”.[4] “Familia intelectual” que intentó derrocar visiones políticas de corte militarista, a favor de planteamientos liberales, progresistas y civilistas.

Nótese la lucha política y filosófica emprendida por esta generación desde el campo de las ideas, suplantando la lógica de la guerra por la de las ciencias sociales. Por ejemplo, en el caso de Gonzalo Picón Febres, nacido en Mérida (Venezuela), en 1860, compartió el ideal de estos jóvenes caraqueños contrarios a las prácticas políticas y militares legitimadas por caciques y montoneros. El fin consistió en consolidar la cultura ciudadana en un país “palúdico” y “preñado” de ignorancia, nación “invertebrada” por los intereses económicos y políticos partidistas de una casta militar y civil.

La directiva del quincenario El Cojo Ilustrado, avaló tales propuestas a propósito de una nota biográfica referente al joven intelectual merideño en cuestión:

“(…) es hombre que se permite el lujo de creer, como verdad incuestionable, en la teoría científica de la evolución (…) le tiene mala intención a los curas y macheteros, porque son obstáculos para el progreso, y opina que la política de la tierruca será siempre intolerable, aunque gobiernen en el país los principistas de raja macana (…) en su tierra no lo quieren por más de un motivo poderoso: por liberal (pero no de los amarillos de la guerra brava), por enemigo de los balandranes, por progresista, y porque le hace la guerra a ciertas celebridades de alfeñique, que se levantan de la noche a la mañana con mucho viento en la barriga, sin que nadie logre explicarse porque gozan de fama en la República.”[5]

Es de suma importancia destacar que el programa liberal de esta generación fue también de corte nacionalista, reconociendo el genio de Simón Bolívar como condición ideológica fundamental para la consolidación de un Estado democrático y de derecho; verbigracia, a decir de la dirección y administración del referido periódico bimensual:

“Bolívar lo fue todo. Recorrió en su carrera los espacios de las grandes virtudes, hasta coronar su vida con el martirio, debido a la ingratitud de aquellos que, cegados por ambiciones personales, lejos de bendecir el pecho que siempre latió a favor de la dicha ajena, se cebaron en aquel corazón para desgarrarle, cobardes y villanos, con los asquerosos dientes de la calumnia. Conducta que será siempre baldón para sus autores, pues nunca valieron grandes hechos para borrar graves faltas, como esa comedia contra quien, si alguna vez pecó, fue delincuente a lo divino, por fallo inapelable. Y toca a las generaciones que heredaron el pecado, trabajar sin descanso por borrar su nefanda memoria; luchando a brazo partido, y ayudados de verdadera contrición, por merecer la conquista de todos los bienes políticos y sociales que realizó para nosotros el Padre de la Patria.”[6]

En resumidas cuentas, esta nueva generación propuso reivindicar el pensamiento americanista del Libertador en detrimento del grande hombre creador del Decreto de Guerra a Muerte y del dictador nombrado por los bolivarianos durante la Convención de Ocaña, ante la inminente disolución de la República de Colombia, al reconocer sus “conquistas sociales y políticas”; además de reparar la memoria del héroe humillado por los sucesos políticos de 1826[7] y 1829.[8]

Con lo referido, queda de manifiesto que los hechos acaecidos durante La Convención de Ocaña[9], celebrada en la ciudad colombiana de ese mismo nombre, entre el 9 de abril y 10 de junio de 1828, asimismo el movimiento político llamado La Cosiata, celebrado en la ciudad venezolana de Valencia, en 1826, traicionaron el ideario bolivariano al justificar la cultura política de la oligarquía más rancia y conservadora. Justamente, y como consecuencia, esta generación luchó por “desterrar” de la memoria del venezolano esta práctica política legalizada por la nueva Constitución de 1830.

En suma, los jóvenes de finales del siglo XIX intentaron deslindarse del descrito escenario político y militar al preconizar un liberalismo político racional y científico: las ciencias sociales y humanas, las artes y las ciencias naturales normalizaron sus discursos a objeto de consolidar estructuras administrativas y políticas objetivas, bases de la nacionalidad y del nacionalismo. Acerca de lo tratado, Eloy Guillermo González, joven periodista cojedeño, de igual manera apuntó para El Cojo Ilustrado:

“Necesitamos vida propia, vida nacional; carácter esencialmente venezolano, americano siquiera, a cada una de las manifestaciones de nuestra actividad: utilizar todas las influencias que en el orden intelectual se ejerzan sobre nosotros y consolidar y consagrar como nuestras las resultantes de esas influencias”.[10]

 


[1]El Cojo Ilustrado. 15 de enero de 1892, Año I, nº 2, 18. (Reimpresión).

[2] Ramón J. Velásquez. La Caída del Liberalismo Amarillo. 6ª edición facsímil, Fondo Editorial Nacional, Caracas, 1999, 96.

 

[3] El Cojo Ilustrado. 15 de enero de 1892, Año I, nº 2, 18. (Reimpresión).

[4] Ibídem.

[5]Ibídem.

[6] El Cojo Ilustrado. 24 de julio de 1892, Año I, nº 14, 212. (Reimpresión).

[7] La Cosiata. Movimiento político llevado a cabo por el General José Antonio Páez en 1826, celebrado en la ciudad venezolana de Valencia, con la finalidad de separar a Venezuela deLa Gran Colombia.

[8] El General José Antonio Páez, lideró la separación definitiva de Venezuela deLa Gran Colombia.

[9] Asamblea Constituyente efectuada en Colombia a fin de reformar la Constitución deCúcuta, conocida como la Constitución de laGran Colombiao Constitución de 1821.

[10] El Cojo Ilustrado. 15 de marzo de 1895, Año IV, nº 78, 169.

La profesora Alexandra Mulino es socióloga, editora, escritora e investigadora. A través de su ELUCIDARIO AMERICANO nos invita a releer la riqueza ontológico social nuestroamericana, a contracorriente del canon occidental, con la pretensión última de legitimar otra mirada de carácter descolonizadora de los procesos históricos sociales y culturales que han consolidado hitos en torno de la nacionalidad y americanidad. 

 

 

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