Vie 19 de noviembre de 2021 Conocer Más

La experiencia de una musulmana de Argentina

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Desde mi nacimiento la “sangre árabe” me llamaba, no debe ser casualidad que mis padres eligieran llamarme Yasmin Mariam y si bien crecí cerca de su cultura y sus tradiciones. Recién, a los 28 años, tomo contacto verdaderamente con lo que es su mundo y cultura. Es algo así como entenderlo y saber que está ahí, pero no vivirlo. El primer encuentro fue especial, como todas las primeras veces.

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La experiencia de una musulmana de Argentina

Llegué rodeada de preguntas, ansiedades y misterios. En Bogotá 3449 se encuentra la Asociación Árabe Argentina Islámica, pleno barrio de Flores, aquel barrio donde conviven diferentes culturas y religiones que van desde los musulmanes, judíos, coreanos y bolivianos que se entremezclan en el día a día para formar un multiculturalismo que no buscaban, simplemente sucedió.

Allí me esperaban Adalberto Asaad, presidente de la Asociación; Carlos Diab, administrador; Carlos Sleme, secretario general y Rolando Ale Pro, tesorero. Mi intriga era simple: ¿qué es el islam y qué es ser árabe? Por bastante tiempo pensé que eran lo mismo producto, quizás, del uso de una jerga donde muchas veces utilizamos palabras como sinónimos cuando en realidad significan cosas distintas.

Assad hizo docencia y respondió a mi primera inquietud: “Profesar el islam y ser árabe no es lo mismo, vos podés ser árabe católico y protestante o musulmán y no árabe. El árabe sería una cultura de donde se proviene y la religión es otra cosa. Por ejemplo, hay países donde no se es árabe, pero se es musulmán. Solo el 18% de los musulmanes son árabes. Es una de las religiones que más ha crecido”.

Argentina es el país de América Latina con mayor número de musulmanes, según las últimas cifras oficiales del 2010 –que ya quedan viejas-. En el país viven unos 400.000 musulmanes con distintas asociaciones a lo largo del territorio. Una de ellas es la que visité en Flores.

Assad me explicaba, quien ha estado en varios programas de televisión hablando sobre estos temas, que uno de sus roles es “tratar de virtuar la desinformación que tiene la sociedad sobre el islam porque hay grupos terroristas que dicen representarnos y no es así”. La asociación que preside cumplirá 50 años el año que viene; allí mismo funciona la primera escuela primaria musulmana de Latinoamérica y que desde el 2000 cuenta con una secundaria. “Desde que nosotros empezamos abrimos la institución a toda la comunidad, no solo a los musulmanes, sino también a todos los del barrio para demostrar que nosotros podemos convivir con – por ejemplo- docentes que son católicos y fue así como se hizo una familia. Siempre priorizando los principios”, agregó.

Respecto a lo que buscan dejar como mensaje en la sociedad argentina, afirmó: “Tratamos de que inculcar el precepto islámico que para nosotros es un precepto generalizado de todas las religiones. Nosotros aplicamos la legislación islámica en todo lo que podamos. No nos olvidamos que somos un grupo minoritario en un país con mayoría de católicos, y toda oportunidad de que tenemos de mostrar la verdadera cara del islam la aprovechamos porque es importante difundirlo”.

¡Casi de manera natural surge una dicotomía: “no dejamos de ser argentinos” me repetían y es verdad, lo son y lo seguirán siendo. Pero aquella Argentina que se formó hace ya más de 200 años se hizo bajo los cimientos de una cultura, mayoritariamente, española e italiana, que inevitablemente choca contra las costumbres del día a día de un musulmán que habita este país. “Nosotros no tenemos ningún problema en dar explicación cuando hay que hacerlo, pero tampoco hemos tenido problemas desde acá con personas de otras religiones”, explicaban.

Entre los presentes que se reunieron para explicarme qué había detrás de esta asociación estaba Salma, secretaria de Adalberto, a quien le pregunté por su experiencia y la de otras mujeres argentinas musulmanas y la mirada que la sociedad les devuelve. La respuesta, tristemente, no me sorprendió: “En los últimos años se hizo un poco más difícil; antes era otra la relación con otras colectividades, pero hace un tiempo empezamos a sufrir ciertas persecuciones, estigmatizaciones hacia las chicas que usan el hiyab (el velo) a pesar de ser argentinas”.

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