"Ola de violencia", "ataque terrorista", son algunos de los títulos que se pueden observar en los medios de (des)información, en la mayoría de los casos financiados y dirigidos por el propio sionismo internacional, cuando el palestino oprimido toma represalias por los infinitos argumentos que tiene contra el tirano. Israel califica de "ataque terrorista" al atropello de militares en la ciudad vieja de Jerusalén. La cuestión es: ¿Cómo califica Israel a sus bombardeos indiscriminados sobre la población civil en Gaza? o ¿Cómo considera dicho régimen al aprisionamiento sistemático de niños? ¿Cómo llamaría la entidad sionista a la demolición de casas palestinas, y al saqueo de sus pertenencias? ¿Como llama Israel a la limpieza étnica cometida contra el pueblo palestino? Hoy en la era de la tecnología, en la que nos hacen creer que podemos saber todo, pero en realidad, continuamos siendo víctimas de falacias y tergiversaciones en manos de los poderosos, al genocidio lo llaman "conflicto" para así limitar la salvajez, la crueldad y la bestialidad del ocupante para con los dueños del lugar, y ponerlos en un lugar de igualdad. Para que se comprenda, no se está justificando lo que ha ocurrido. Sino de entender que la violencia permanente, el asedio de todos los días a un pueblo con derechos legítimos, y la opresión que ya lleva generaciones, genera, (oh, sorpresa), más violencia. La balanza está totalmente desproporcionada y de lo que fue esa Palestina histórica sólo quedan pequeños vestigios que paulatinamente van desvaneciéndose. A esos "ataques terroristas" con otra mirada se los vería como medios de resistencia contra un régimen que viola los derechos humanos, las leyes internacionales y la soberanía de sus vecinos. Hoy, a la resistencia contra la opresión y la ocupación, se la denomina terrorismo, y darle voz a los que no tienen, es ser políticamente incorrecto, término creado como mordaza para intentar silenciar lo que las potencias, y gobiernos despóticos cometen contra los pueblos. La solidaridad con Palestina y su pueblo, no es más que una cuestión humana, de sentir empatía con quien le han arrebatado su historia, su vida, la de sus antepasados e incluso la de los que están por venir. Nadir Moussa. Periodista y analista internacional.
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