La imagen del inocente niño Aylan Kurdi conmovió a gran parte del mundo. Aquella foto del pequeño sirio ahogado en la costa turca retrató la dramática situación que padecen día a día aquellos que escapan la guerra, y tratan de llegar a un sitio mejor donde puedan rehacer sus vidas en paz o comenzarla, recuperar su libertad, sus sueños, su felicidad. Una felicidad robada por los amos de la guerra, de la crueldad. Individuos cuyo objetivo es enriquecerse aún más, a como dé lugar. Así sea destruyendo naciones enteras, masacrando poblaciones que se opongan a sus macabros planes. Cuesta entender el por qué tanta maldad. Cuesta comprender el vacío en sus corazones. Lo que sucedió con la criatura Aylan parecía despertar la conciencia de las grandes masas. Se esperaba que la situación de los refugiados mejorara rotundamente. Que las puertas del mundo fueran abiertas, y sean abrazados y contenidos como merecen. Eso no sucedió. Miles siguen quedando en el camino. El mar Mediterráneo se convirtió en una enorme fosa común. Miles de vidas se esparcen por ahí. Mientras tanto, otros continúan su feroz ofensiva. Otra imagen acaba de sacudir a un mundo en silencio. La imagen de otro niño sirio, la de Omran Daqneesh, de apenas 5 años. Él, cubierto de polvo de los escombros que conformaban su casa y de sangre derramada por su rostro. En silencio, sin llantos, sin moverse, pero cuya mirada es conmovedora. En ella se puede apreciar la resignación. Un niño que nació en medio de la violencia, y que su infancia fue robada. ¿Que pasará por su cabeza? ¿Cómo explicarle el por qué no puede estar jugando libremente como cualquiera de su edad debe hacer? Los medios hegemónicos muestran el horror de la guerra a través de estas fotos. Éstas se vuelven simbólicas. Sin embargo, poco hacen para detenerla. Lo que hacen es alimentarla, justificarla. Le mienten a la sociedad sobre lo que en verdad ocurre en Siria. ¿Por qué éstos además de horrorizarse al ver estas fotos no denuncian a los culpables? Simple, porque estos últimos los controlan. El tiempo pasará y estos niños serán olvidados. Millones sufren como ellos. Y lamentablemente continuarán haciéndolo. Desde nuestro lugar podemos ayudar, en primera instancia informándonos, buscando fuentes fidedignas, no la que nos ofrece la televisión. Luego difundiendo y condenando el nefasto accionar de los monstruosos imperialistas, destructores de la humanidad. Que no nos sean indiferentes las injusticias producidas en cualquier rincón del planeta. Vivimos en un sistema de desigualdad, miseria y explotación que debe ser erradicado cuanto antes.
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