El islam establece una estructura social integral en la cual las personas interactúan a través de las relaciones, de los derechos y las obligaciones, en forma tal que los acerque a una coexistencia pacífica. Los hijos reconocen los derechos de sus padres, mientras que los padres reconocen los derechos de sus hijos. Los esposos y las esposas trabajan en conjunto y en armonía, no como competidores sino como compañeros, cooperando para construir un hogar pacífico. Según la perspectiva islámica, Dios señala que esta relación es un signo de su bonanza, de su misericordia y de su amor. Es por ello, que resulta vital proteger y fomentar la unión y la comunicación en el hogar, porque la familia es el fundamento de la sociedad. Si no hay paz y convivencia dentro del hogar, difícilmente uno pueda esperar que sus integrantes se conviertan en miembros beneficiosos para una sociedad. El islam también aborda la ética del comportamiento, la conducta, y provee una guía detallada sobre la forma más correcta en que deben actuar los miembros de una sociedad. Se insiste en el respeto mutuo, para que cada uno sea consciente de que es parte de una unión mayor, que implica derechos y obligaciones, lo que deriva en una sociedad pacífica, donde cada individuo toma en consideración el bienestar y las necesidades de los demás. ¿Es la diversidad de credos y etnias un impedimento para ésto? ¡Todo lo contrario! De hecho, el islam fomenta la unión en la diversidad, el enriquecimiento espiritual a través de las experiencias de personas de distintas partes del mundo. Tal vez, seamos diferentes porque necesitamos conocernos, escucharnos, saber acerca de las necesidades y objetivos que cada persona tiene. Muchas veces, cuando la fe es puesta en práctica, las personas encuentran paz exterior e interior y a través de la sociedad entera. La paz del mundo sólo puede lograrse cuando hay justicia. La justicia, en muchos casos, suele ser un eslogan para causar enfrentamientos, pero no puede haber verdadera paz ni justicia hasta que las personas dejen de lado sus intereses espurios, sean económicos o políticos. Hay gente que cree que puede hacer la guerra a otras naciones sólo por intereses económicos, como por ejemplo, usurpar y aprovecharse de los recursos naturales de un país extranjero. Tal vez, la verdadera justicia sólo pueda darse cuando las personas abran sus corazones y obren en pos del bien general. Para ello, resulta importante dejar de lado el egoísmo, el orgullo y el capricho de las decisiones y en la forma de actuar a diario. La paz no es una quimera inaccesible. Es un objetivo que debemos tener en mente todos los días. Y tal vez, el comienzo, sea comenzar a preguntarnos cómo es posible llegar a ella. Uassalamu Alaicum. La paz sea con todos. Fuente: http://bit.ly/2pG14ur
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