Los planes contra Siria comenzaron a girar, desde fines del 2015, en una dirección que actualmente es favorable al Gobierno encabezado por Bashar al Assad y desconciertan a quienes pretendieron volar en pedazos la estabilidad de una nación.
La resistencia de las Fuerzas Armadas sirias, junto al respaldo solicitado y aplicado por Rusia, entre otros, cambió y es ahora una muestra de recuperación de la iniciativa tanto en el campo de batalla como en las posiciones políticas internacionales.
Adecuados análisis sobre la situación permiten coincidir de algún modo con valoraciones de diarios como The New York Times, el cual señala en reciente artículo que cuando el presidente Barack Obama autorizó a la CIA en 2013 a entrenar y armar la oposición en Siria, estaba consciente de que tenía un socio listo para financiar esa operación secreta.
Ese socio, sin dudas era Arabia Saudita, cuyo régimen financió con miles de millones de dólares dicho plan de Washington llamado Sycamore Wood (Madera de Sicomoro), una denominación ciertamente "optimista" porque ese tipo de árbol es resistente y perdurable en el tiempo.
El presente, desde el punto de vista puramente militar, se define en los terrenos de combate y a partir de la combinación del respaldo aéreo ruso con una ofensiva, por primera vez en cinco años de guerra, de las Fuerzas Armadas sirias en 10 frentes y en un arco geográfico que comprende desde el sur hasta las provincias del norte y el este fronterizas con Turquía e Iraq.
Esta vez, la realidad es contrastante, pues los efectivos del Estado Islámico uno de los grupos terroristas más organizados y con preparación táctica y logísticas indudables, ha perdido terreno y confía cada vez más en un respaldo exterior para los suministros en hombres y equipos.
El llamado Califato establecido por esa agrupación en Raqqa, ciudad capital de la provincia del mismo nombre a unos 450 kilómetros al norte de Damasco, comienza a ser aislado de sus líneas de abastecimiento y recurre, de manera dramática a implantar el terror sistemático contra la población civil.
Estimados recogidos por diversas fuentes, apuntan que sus integrantes mayoritarios -como el de casi de los otros grupos terroristas- son mercenarios procedentes de naciones como Túnez, Chechenia, Arabia Saudita, entre otros.
A esta realidad que demuestra las tácticas de una guerra impuesta a Siria desde el exterior, se unen hechos como el petróleo que roban y que según el Financial Times, equivale a unos 17 mil barriles diarios que Turquía comercializa a través de contrabandistas,
La inflexión de la situación, ahora favorable a Siria, implica a su vez, una difícil negociación en pro de la paz propuesta para este 29 de enero por Naciones Unidas en Ginebra, Suiza.
Resulta evidente que a los responsables de lo que sucede en Siria, no les conviene una salida decorosa que convierte planes como Madera de Sicomoro en algo susceptible de ser aniquilados como ejemplo de intromisión destructiva.
Fuente: PL