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Maniobra mediática: Denuncian fabricación de falso consenso en EE.UU. para justificar agresión a Cuba

Cuba no representa una amenaza, ni tiene planes o intenciones agresivas contra ningún país. No los tiene contra EE. UU, ni los ha tenido nunca, lo que conoce bien el Gobierno de esa nación, en especial sus agencias de defensa y seguridad nacional.
Annur TV · Viernes 22 de mayo de 2026 10:04
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Maniobra mediática: Denuncian fabricación de falso consenso en EE.UU. para justificar agresión a Cuba

Cuba no es una amenaza para Estados Unidos. Esto lo saben perfectamente todos los servicios norteamericanos de seguridad. Sin embargo, la agenda mediática se empeña en presentar a la isla precisamente como un grave peligro para la seguridad nacional. Estamos asistiendo a un ejercicio de manufactura del consenso en tiempo real.

El objetivo es crear la suficiente alarma o el suficiente ruido, de modo que aletargue o frene directamente cualquier reacción al interior de la sociedad norteamericana respecto a una agresión a la isla. Los medios siguen la vieja premisa atribuida al magnate de los medios William Randolph Hearst durante los días de la guerra hispano-cubana de 1895-1898: ellos ponen las noticias, el aparato militar y los intereses que representa ponen la guerra.

En este caso, como en muchos anteriores, la guerra es completamente de elección. Cuba ni ataca, ni ha amenazado con atacar, ni tiene planes de atacar a los Estados Unidos. Así lo demuestra su impecable historial en materia de lucha contra el terrorismo y su amplia y probada voluntad de colaboración con los Estados Unidos y otros países de la región en estos y otros temas.

Yendo incluso un paso más allá, no hay ninguna ganancia para Cuba en atentar contra la seguridad nacional de Estados Unidos. Estando tan cerca del territorio norteamericano y siendo tan evidentes las asimetrías en materia de poderío, sería un paso descabellado emprender ninguna acción lesiva contra la seguridad del gigante vecino norteño. Esto no solo va contra los principios del proyecto cubano, sino que implicaría un riesgo demasiado alto desde el punto de vista militar.

Pero la falta de pruebas veraces jamás ha detenido a los servicios de "inteligencia", las estructuras gubernamentales y los medios corporativos a la hora de crear un estado de opinión favorable a la invasión. Desde las "armas de destrucción masiva" en Iraq, pasando por el "Cartel de los Soles" en Venezuela hasta llegar a los "300 drones" en Cuba, excusas nunca han faltado ni faltarán para poner en marcha la macabra maquinaria de la muerte.

El fondo de la cuestión guarda más relación con la politiquería interna de Estados Unidos que con el hecho de que Cuba sea una verdadera amenaza. Las aspiraciones presidenciales de Rubio y los compromisos del actual presidente con el poderoso lobby cubanoamericano de la Florida son los resortes fundamentales que impulsan esta agenda agresiva.

Ellos son los que han promovidos históricamente el cerco contra la isla y los principales impulsores de las tenazas que se han ido cerrando sobre la sociedad y la economía cubanas desde la anterior administración de Trump, pero que han alcanzado un nuevo nivel en este 2026 con las Órdenes Ejecutivas del 29 de enero y el 1ro de mayo.

Este asedio moderno contra Cuba es cruel por muchas razones. El agresor, a un muy bajo costo material y sin lanzar, aún, ninguna bomba, estrangula la economía cubana y aumenta exponencialmente el sufrimiento y la muerte del pueblo cubano. Al mismo tiempo, poderosos aparatos mediáticos y de manipulación de la conciencia arrecian la escalada, culpando exclusivamente al gobierno cubano por la situación. El objetivo es poner al gobierno en una posición donde resistir la agresión del imperialismo se convierta en una opción inaceptable. Si se niega a ceder soberanía, es culpable por el continuado sufrimiento del pueblo; si se prepara para la defensa, es culpable de querer agredir a los Estados Unidos.

El estado deseado es un país que ceda su soberanía, un ejército que no se defienda y un pueblo que aplauda a los invasores como héroes. La problemática raíz antiimperialista del pueblo cubano es uno de los grandes obstáculos para la materialización de este sueño floridano.

La parte de los cubanos que apoya una posible agresión de Estados Unidos, hace tiempo dejaron de ser patriotas. Por odio al proyecto político de la Revolución o por anhelos de ser el estado 51 de la Unión Americana, están dispuestos a aceptar la pérdida de soberanía total de su país. Algunos incluso se alegran del costo humano que tendrá una invasión. Al deshumanizar a los cubanos que piensan diferente, pueden hallar regocijo en algo tan brutal como una guerra.

Al final, si alguna realidad ha mostrado la historia regional, es que una vez que las garras del imperio norteamericano se clavan firmemente en el suelo de alguna de nuestras sufridas repúblicas americanas, cuesta décadas o siglos volver a recuperar la plena soberanía, si alguna vez se recupera.

La respuesta de Cuba ha sido clara y firme.  Este 18 de mayo el presidente Díaz-Canel ha salido a la red social X con una declaración de principios:

"Ya la amenaza constituye un crimen internacional. De materializarse, provocará un baño de sangre de consecuencias incalculables, más el impacto destructivo para la paz y la estabilidad regional.

Cuba no representa una amenaza, ni tiene planes o intenciones agresivas contra ningún país. No los tiene contra EE. UU, ni los ha tenido nunca, lo que conoce bien el Gobierno de esa nación, en especial sus agencias de defensa y seguridad nacional.

Cuba, que ya sufre una agresión multidimensional de EE. UU, sí tiene el derecho absoluto y legítimo a defenderse de una arremetida bélica, lo que no puede esgrimirse lógica ni honestamente como excusa para imponer una guerra contra el noble pueblo cubano."

El derecho a la legítima defensa está reconocido en el Artículo 71 de la Carta de la ONU. Al ejercerlo, Cuba no hace otra cosa que cumplir con el derecho internacional, el mismo que violan los Estados Unidos al someter al país a un sistema unilateral de sanciones que ha sido repetidamente condenado por la comunidad internacional y cuya extraterritorialidad lo convierte en una violación de todos los tratados y convenios internacionales en materia comercial.

Las autoridades cubanas han repetido hasta el cansancio los riesgos de una agresión militar y ha enviado todas las señales sobre su disposición a dialogar. No se puede acusar a la isla de haber mantenido una actitud irracional, ni obcecada. La única línea roja en este proceso ha sido no hacer concesiones de principios ni negociar en torno al sistema político.

El problema fundamental es que justo esos dos temas son el único interés de Estados Unidos. Washington no quiere realmente negociar. Quiere imponer condiciones y que estas sean aceptadas, como requisito previo a cualquier alivio a el inhumano castigo. Es la estrategia de máxima presión aplicada para quebrar a un país sencillamente porque no les gusta.

No es nuevo. No es la primera vez que vemos algo así. No es la primera vez que la comunidad internacional se queda cruzada de brazos mientras destrozan un país. Pero el proceso cubano, al ser hijo de una Revolución ganada por las armas, está dispuesto a defenderse por las armas si fuera necesario.

Cuba no es una amenaza para Estados Unidos. Pero no está indefensa. Y una vez inicie la agresión, que ojalá nunca inicie, nos defenderemos con todos los recursos a nuestro alcance. Si algo enseñan Vietnam, Líbano, Yemen o Irán es que ningún enemigo es invencible frente a un pueblo dispuesto a defender su Patria.

Fuente: Al Mayadeen