No existe base científica seria que apoye la recomendación general o para todo el mundo sobre el presunto beneficio de beber ocho vasos o dos litros de agua al día.
De hecho hay una cierta evidencia, aunque nunca como para llegar a probar el asunto, de que NO debemos beber tanta agua como ocho vasos o dos litros al día, según un artículo de Juan Revenga Frauca, publicado este martes en El País. Esa recomendación puede resultar excesiva para un adulto medio, sano, en un clima templado y con una vida sedentaria. En este contexto, dicho perfil sería el de aquella persona que realiza un trabajo de oficina durante la mayor parte del día, y que puede (o no) hacer un ejercicio moderado sin demasiada sudoración. No solo no hay evidencia de que no se deba recomendar beber tanto, si no que dicha recomendación podría ser más perjudicial que beneficiosa si se tiene en cuenta el riesgo de una eventual hiponatremia (bajos niveles de sodio en sangre) potencialmente peligrosa. También hay ciertas situaciones en las que se deberían recomendar mayores cantidades de líquido que la mencionada. Ejemplos habituales serían las personas con cálculos renales y aquellas que realizan un esfuerzo físico extremo, en especial en ambientes cálidos. No es casualidad que a día de hoy la iniciativa de este consejo venga de esa industria que parece tener asalariados a ciertos colectivos sanitarios. Tampoco parece que sea casualidad que una buena parte de los estudios que afirman que vivimos deshidratados por falta de consumo de agua estén subvencionados por los mismos actores, como por ejemplo Nestlé Waters o alguna filial de dicha multinacional. Lo cierto es que no hay un consenso de dónde o cuándo procede exactamente el mito. En cualquier caso, de lo que sí podemos estar casi seguros es de que se trata de un mito exportado desde Estados Unidos. ¿Entonces qué hacemos, cuánto bebemos al día? Respondiendo a la gallega, otra pregunta de semejante índole sería? ¿cuánto hemos de parpadear para mantener una adecuada salud ocular? La respuesta a ambas preguntas, tanto la de la cantidad de agua al día como la relativa a la frecuencia de parpadeo no puede ser más sencilla y elocuente: lo que te dé la gana o la que, literalmente, te pida el cuerpo. En condiciones normales es tu sed, la sed de cada uno, la que ha de movernos hacia el agua para aplacarla. "Para una persona sana la sed es una guía adecuada para tomar agua". Fuente: http://htv.mx/Psk
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