El giro que nadie creyó: El pasado que delata el "Malvinerismo" de Milei
En sus dos discursos anteriores ante la ONU apenas mencionó Malvinas al pasar, sin exigir negociaciones ni denunciar la presencia militar británica. Este año le dedicó cuatro minutos al tema.
Analistas han denunciado que este “giro” de Milei no fue más que una maniobra oportunista ideada por de su asesor estrella, Santiago Caputo, para desviar la atención y mostrar a Milei como algo que no es: patriota.
Los cuatro minutos que Javier Milei le dedicó al tema Malvinas durante su discurso en la 81° Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) contradicen y distan de las menciones al pasar que hizo sobre ese mismo tema en sus dos participaciones anteriores ante ese foro.
El otrora fanático de Margaret Thatcher, paladín de la autodeterminación de la comunidad británica en las islas y defensor de la libertad de empresa de quienes explotan el archipiélago argentino, hizo evidente su impostado su giro malvinero. Su propia historia reciente lo delata.
En 2024, durante su primer discurso ante la 79° Asamblea, el Presidente ni siquiera hizo un reclamo explícito de soberanía, no exigió que Gran Bretaña se siente a negociar tal como lo establece la requisitoria de la ONU de hace 61 años, no habló de sanciones a empresas que explotan el archipiélago (cuando la ley vigente en la Argentina de entonces ya lo establecía), y no agradeció el apoyo al reclamo argentino expresado por otros países.
La palabra “Malvinas” apenas fue mencionada una sola vez y al pasar. En ese año, Milei se paró en el estrado y lanzó una larga perorata llena de críticas a la ONU. La calificó de “impotente”, desacreditó sus “políticas colectivistas”, rechazó la denominada Agenda 2030 y sostuvo que la defensa de los derechos sexuales y reproductivos “desploman la tasa de natalidad”.
Fue en ese denuesto generalizado cuando mencionó el tema Malvinas. Dijo textual: “Tampoco la organización ha cumplido satisfactoriamente su misión de defender la soberanía territorial de sus integrantes, como sabemos los argentinos de primera mano, en la relación con las Islas Malvinas”.
Diez segundos, apenas. Nada más. No profundizó en el historial de reclamos, no abogó por los derechos legítimos de la Argentina, no denunció la presencia militar británica y ni mencionó la explotación de los recursos naturales que Gran Bretaña había autorizado por entonces y que fue denunciada por los gobierno anteriores.
Es entendible, cuando dio su primer discurso en la ONU todavía era un ferviente y explícito defensor de Thatcher y del supuesto derecho de autodeterminación de la población británica implantada en el archipiélago argentino.
Una vez de regreso al país, Milei fue duramente criticado por la oposición, centros de excombatientes y hasta por algunos aliados. Recogió el guante y procuró no olvidarlo al año siguiente.
Sin embargo, en 2025, en su segundo discurso ante la ONU, la palabra “Malvinas” y “soberanía” fueron mencionadas una sola vez y al pasar, en el tramo final de la alocución ante la 80° Asamblea y como parte de los temas pendientes.
Hizo un reclamo más puntual: “Quiero reiterar nuestro reclamo legítimo e irrenunciable sobre la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes que permanecen ocupados ilegalmente”.
“Situaciones coloniales como estas siguen sin ser resueltas. Por lo que invitamos al Reino Unido a reanudar las negociaciones bilaterales”, dijo y mencionó la Resolución 2065 (dictada por la ONU en 1965 sobre la disputa de soberanía entre Argentina y Gran Bretaña) y a “todas las resoluciones posteriores que la acompañan”.
No mencionó la larga lista de la normativa internacional que el Reino Unido incumple. Sólo las aludió genéricamente. Hasta el año pasado, Milei hizo menos que los mandatarios que lo precedieron en materia de reclamo por el archipiélago ocupado hace casi 200 años.